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El hábito de leer

Autor: Rogelio Guedea
Lugar: Colima
Publicado: 2017-02-17
Hora: 22:46:31

Ayer di una conferencia sobre el hábito de leer a estudiantes del Tecnológico de Colima, específicamente de la carrera de Gestoría Empresarial...

Ayer di una conferencia sobre el hábito de leer a estudiantes del Tecnológico de Colima, específicamente de la carrera de Gestoría Empresarial. Eran cerca de 300 estudiantes. Lo primero que pensé fue: ¿qué les puedo yo decir sobre la lectura a estudiantes de una carrera poco afín a mis actuales intereses lectivos? Todo o nada, en realidad, porque leer es una actividad que no tiene que ver con condición social, profesional, color de piel o raza. Es algo que nos atañe a todos. Con este principio como base inicié mi conferencia ante un público que, en un principio, me pareció un poco abstraído. ¿Qué fue entonces lo que les dije? Les dije básicamente que había dos tipos de sociedades: las sociedad bárbaras y las sociedades civilizadas, y que, curiosamente, éstas eran definidas por la lectura. La lectura era, sin duda, quien marcaba el rumbo de la sociedad, hacia una sociedad bárbara o hacia una civilizada. A mayor lectura, más cercanos estábamos de la sociedad civilizada, esto es, de la sociedad sensible, compasiva, tolerante, respetuosa de los otros y de uno mismo, virtuosa, y que a menor lectura, entonces estábamos en el lugar opuesto, esto es, en una sociedad intolerante, viciosa, corrupta, donde imperaba la violencia, insensible y sin conciencia. Puse ejemplos de una sociedad y de otra e incluso basé mis argumentos en hechos que estaban a la vista de todos y para los cuales sólo bastaba con salir a la calle. Utilicé, es cierto, mi experiencia en Nueva Zelanda para darles los ejemplos de la sociedad civilizada, esto es lectora, y también con ejemplos les mostré la diferencia. Un punto crucial de la conferencia fue cuando expuse el programa de lectura para fomento del hábito que se desarrolla en Nueva Zelanda a nivel primaria y secundaria y la efectividad que tiene el mismo en un alto porcentaje de los alumnos, pues es obvio que no todos van a mostrar una sólida predisposición para leer, aunque sí las suficientes como para lograr una madurez lectora que se note en su conducta humana y cívica. En contraste con eso, les explicaba, no existe un efectivo programa de fomento de la lectura en el nivel básico mexicano y esto ha creado un círculo vicioso que luego tiene consecuencias sociales lamentables, como las que hoy vivimos en nuestra entidad y país. Los estudiantes, para entonces, empezaron a mostrar un poco de más interés en lo que yo estaba diciendo, aun cuando no estaba diciendo nada que nadie no supiera, pero lo cierto es que se han banalizado tanto los programas, planes y proyectos para fomentar el hábito de la lectura en nuestro país, que ahora cualquier cosa que se diga sobre la importancia que tiene leer para la conversión de las sociedades (de bárbaras a civilizadas) que ya nadie lo cree, ni lo asume, ni mucho menos lo siente en el fondo. Yo, ante aquel enorme número de estudiantes, me mostré convencido de la necesidad de hacer realmente algo (de fondo) en cuando a este mal apreciado bien que contiene todo libro entre sus páginas, y de la urgencia de penetrar la tierna infancia con un plan de lectura ambicioso como eficaz para no perder la esperanza de que, en algún momento de la cadena evolutiva, esa generación de verdaderos lectores logre un cambio cualitativo en nuestra forma de ser tanto con nosotros mismos como con los otros. No he visto, hasta ahora, que nadie se interese en ello, ni siquiera la llamada Reforma Educativa, que fue absorbida por las condiciones puramente laborales del magisterio, pero no por las torales de todos aquellos a quienes estos enseñan.

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