ARTÍCULO: Piedras, lienzos de nuestros ancestros

Por Mirtea E. Acuña Cepeda y Rafael Platas Ruiz *

Parte I

En Colima, el término de piedra mapa ha estado referido y ligado desde antes de la presencia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), un tema por demás interesante y sobre el cual hablaremos en dos momentos, el primero relativo a los petrograbados, aquellos lienzos pétreos de nuestros antepasados, y el segundo, como es que entre piedras tropezamos con nuestro pasado; motivados por el hallazgo del “mapa en piedra” que fue descubierto el pasado mes de junio en las inmediaciones de Cofradía de Suchitlán, Colima.

Un antecedente al respecto, en la región colimense, es el de las personas dedicadas al saqueo; a través de datos etnográficos sabemos que estas personas buscaban petrograbados en los potreros y luego, guiados por los diseños principalmente de oquedades y líneas plasmadas sobre la superficie del monolito deducían el significando y les servían como referencias de tumbas y las conexiones entre un recinto mortuorio u otro, que se hallaban en el lugar donde estaba la piedra.

En otras palabras, para adquirir su botín, saqueando una tumba prehispánica, tomaban en consideración la forma y el relieve que se observara en la roca, ya que ésta guardaba una notable relación con el paisaje circundante, algunas protuberancias, líneas o cualquier otro rasgo lo interpretaban y relacionaban con montículos, un arroyo u otro elemento les daba referencia sobre la ubicación del área de enterramiento centenario o milenario.

El desarrollo de los grupos humanos que habitaron el escenario que comprende el actual territorio colimense durante la época prehispánica, se remonta a un periodo de por lo menos tres milenios aproximadamente, (1500 a. C. a 1500 d. C.) tiempo que dio pie al surgimiento de diversas expresiones culturales que han llegado a nuestros días y que nos permiten, a partir de la naturaleza en que fueron plasmadas, entender algunos aspectos sobre la forma en que estas sociedades buscaron dejar registro sobre la manera en que percibían su entorno natural y cosmogónico.

Los antiguos habitantes de estas tierras dejaron testimonio a través del grafismo de expresiones relacionadas con la forma de ver la geografía, dioses, seres humanos, animales y plantas, elementos que veremos plasmados en estas piedras; lo cual se intentará demostrar en otro artículo, mediante el análisis descriptivo de los petrograbados, bajo un punto de vista arqueológico e histórico, con el propósito de traer a la mesa del debate académico, sobre esta forma de expresarse por parte los grupos de esta región, en aras de que se retome su discusión y surjan nuevas líneas de investigación.

En una zona dominada por el eje Neovolcánico trasversal y la subprovincia de la Sierra Madre del sur es común que la región presente un escenario accidentado, donde uno de los materiales más característicos que se encuentran son las rocas basálticas, sedimentarias, y metamórficas que fueron, no solo un recurso para crear herramientas o en la construcción de viviendas y templos ceremoniales, sino que también, los materiales pétreos se convirtieron en un medio donde los grupos pudieron materializar sus ideas y una forma de permanecía física en el tiempo.

Algunos autores señalan que el simbolismo que se ve inmerso en los petrograbados expresan contenidos de conciencia social del grupo al que pertenecía el o los individuos que elaboraron el grafismo. Podemos decir, que es una expresión cultural que permite como referente arqueológico, comprender y llegar a un conocimiento de su forma de entender el entorno natural y socio cultural.

La gráfica ha sido una manifestación necesaria como parte de la necesidad de expresarse del ser humano a largo de los siglos. André Leroi-Gourhan ha definido la existencia de valores comunes entre los seres humanos, por lo que en la gráfica rupestre es posible seguir patrones comunes y formas parecidas para expresar la realidad. Desde la abstracción hasta el realismo, y desde la aparición del hombre hasta nuestros días, las formas de expresión se basan en un sistema de creencias básicas.

Cuando se comenzaron las investigaciones y exploraciones sistemáticas por parte del INAH en el estado, se fueron registrando diversos contextos funerarios de diferentes etapas culturales, la incursión en estos trabajos surgidos bajo una dinámica ligada a la protección del patrimonio mediante Rescates y Salvamentos arqueológicos, además de recorridos de áreas para la identificación de sitios.

A partir del año 2004 se ha tenido la oportunidad de ir observando y documentando que las piedras con diseños, son una constante en el paisaje accidentado de Colima, resaltando con mayor representatividad aquellas que muestran propiamente los desgastes en forma de oquedades circulares y líneas que se unen entre sí, sin embargo, a diferencia de la idea que se tenía de estos elementos, no hemos encontrado una relación directa entre la distribución de los panteones prehispánicos explorados, con los diseños que presentan las piedras cuando convergen en un mismo espacio independientemente de su temporalidad.

Por otra parte, no podemos decir lo mismo de la forma o el relieve que exhiben, el análisis y la observación del paisaje, en relación con los diseños, lo cual nos lleva a suponer que en ciertos casos, como son las oquedades circulares y líneas, estarían representando rasgos geográficos específicos en áreas mayores; los círculos, según su tamaño y densidad, pueden definir patrones de distribución de caseríos o aldeas; y las líneas, en algunos casos, simbolizar caminos, marcas de límites territoriales, corrientes hidrológicas o accidentes topográficos.

Estas hipótesis, pueden encontrar sustento en la densidad poblacional que muestran los registros arqueológicos desde el preclásico medio 400 a.C. donde el derecho y reconocimiento de la propiedad debió ser un problema que tuvo que ser redimido con acuerdos y señales visibles de que perdurarán de una generación a otra evitando con ello conflictos; por lo que nos atrevemos -a suponer, que estos petrograbados, son las enormes piedras que utilizaron como lienzos para elaborar sus mapas.

Fuentes y bibliografía:
– INEGI/IGN. Cartografía histórica del encuentro de dos mundos. México/España. 1992.
– Leroi-Gourhan André. “El lenguaje de las formas”, en Ma. del Pilar Casado (compiladora). El arte rupestre en México. Antologías, Serie Arqueología. INAH, México, 1990.
– Martínez de la Rosa Julio Ignacio, director del INAH, Colima; entrevista telefónica.
– Meighan Clement. “Análisis del arte rupestre en Baja California”, en Ma. del Pilar Casado (compiladora). Op, cit., 1990.

* M.H. Mirtea Acuña Cepeda M.E, Universidad de Colima; Arqlgo. Rafael Platas Ruiz, Instituto Nacional de
Antropología e Historia. Centro INAH, Colima.

(mirtea@ucol.mx, rafael.pruiz@hotmail.com)

Fotografía del arqueólogo Rafael Platas Ruiz. Tomada de la página www.inah.gob.mx

Print Friendly, PDF & Email
Etiquetas
Sin Comentarios

Deje su Comentarios