¿Por qué en México es tan caro comer?
Por Renato Francisco González Sánchez*
Cada vez más escucho la misma queja entre amigos y conocidos: “Todo está bien caro” o “Necesito buscar otro trabajo para completar para el gasto”. Esto resulta contradictorio con las noticias de la “macroeconomía” que los gobiernos en turno les gusta presumir. En días recientes la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que las familias mexicanas tienen más altos ingresos y que la inflación cada vez es menor. Entonces, ¿quién tiene la razón?
A manera de explicación, el presidente de las tiendas departamentales y supermercados en México, Diego Cosío, dijo que los precios de los alimentos en nuestro país siguen aumentando a un ritmo más alto que los precios de otras mercancías. Si además consideramos que el 60% de las familias mexicanas gastan el 60% de su ingreso en alimentos, entonces se entiende la queja de mis amigos, y lo que dice la presidenta. Debe agregarse que, aunque en los últimos 8 años se ha incrementado el salario mínimo, este se dirigió a los trabajadores de manufactura; pero ningún otro trabajador se benefició.
Pero queda la duda: ¿por qué es tan cara la comida (y bebida) en México en estos días? De hecho, desde 2014 los precios de alimentos en el Mundo bajaron considerablemente, y aunque subieron como resultado de la invasión de Rusia a Ucrania en 2022, si se comparan con nuestro país, ¡los precios de los alimentos son más baratos fuera de México que al interior de nuestro país!
Se atribuye a Porfirio Diaz la frase: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Quizá lo dijo porque en esos años, los Estados Unidos había intervenido en algunos países en América Latina, en particular en su guerra con España (1898), donde le arrancaron posesiones territoriales que ahora llamamos Puerto Rico y las Filipinas. Sin embargo, en términos de producción y comercio de alimentos, que bueno que México está cerca, geográficamente, de los Estados Unidos. Pues esto ha sido una palanca para que México tenga acceso a alimentos baratos. Esto debe explicarse un poco más.
Desde 1970 la producción agrícola del campo mexicano no puede alimentar a los mexicanos. Aunque hubo muchos intentos de “estimular” a la producción con subsidios, esto no impidió que volúmenes crecientes de alimentos (granos, lácteos y cárnicos) se importaran para alimentar a la creciente población urbana de México. Estimados lectores, nunca se han preguntado cuando van a algún restaurante y piden “chamorro al horno” o “lengua en salsa verde”, ¿cuántos cerdos tendrían que producirse en México y sacrificarse para satisfacer ese gusto que tenemos por ciertas partes del cerdo? O, cuando van al “súper” y encuentran tanto “sustituto de crema” y “producto lácteo” como sustituto de la leche, ¿de dónde sale tanta producción de leche si ya casi no hay tantas vacas como antes? La respuesta: de la importación. Aproximadamente el 80% de nuestras importaciones de alimentos vienen de la unión americana. ¿Entonces, los alimentos importados de los Estados Unidos son caros?
Todo lo contrario, el Gobierno de esa nación subsidia la producción y subsidia la venta. Además, el transporte interno de granos se mueve en el río Mississippi, que lo hace barato para llegar al puerto de Veracruz. Entonces, si importamos barato y en grandes volúmenes, ¿qué está pasando? La respuesta es interna. En México es caro producir alimentos. Los campesinos con poca tierra deben emplearse en otras actividades y también tienen que comprar alimentos en las ciudades. Pocos empresarios agrícolas producen lo que comemos los mexicanos, y en su lugar producen y exportan frutas (aguacate, limón, fresas, etcétera) y hortalizas (jitomate, ajo, apio, etcétera) que les deja más ganancias. Una parte de los empresarios agrícolas importan volúmenes inmensos de trigo, maíz y soya, para producir aceites, azúcares, alimentos para las mascotas y para el ganado, pan y tortillas. Si comparas el pan de Bimbo, es 3 o 4 veces más caro que un pan de la panadería de la esquina.
El otro culpable de los alimentos caros en México es el costo de transporte. La gasolina y diésel son más caro en México que en el país vecino (de donde lo importamos también) y la diferencia es el impuesto que cobra el Gobierno. Llevar los granos o la carne importada por las carreteras mexicanas es además una actividad riesgosa. Si vemos las noticias, e incluso las redes sociales, encontramos asaltos, accidentes que paralizan la circulación, y no menos importante, la corrupción de las policías (recuerdas estimado lector la palabra “mordida”). Si además le sumamos que en los últimos años la inversión en nuevas carreteras (libramientos, puentes, etcétera) o la reparación de las existentes se ha casi detenido, esto nos explica lo caro de mover alimentos de los puertos de importación o las zonas de producción a las ciudades y a los consumidores.
Aún hay muchas cosas por explicar, pero eso lo dejamos para próximas colaboraciones.
*Profesor de la Maestría en Gestión del Desarrollo de la Facultad de Economía de la Universidad de Colima.
Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

