Lectura y Educación.
Por Amado Ceballos Valdovinos*
“Impensable es que el proceso de enseñar y aprender sea ajena a
una acción efectiva y profunda en la tarea de leer.
La historia del lenguaje escrito es una actividad suprema
de la Humanita Sapiens, es la trasmisión
efectiva del conocimiento sistematizado y repensado”
R. Candiani (seudónimo)
La lectura ha sido desde épocas remotas una de las estrategias más importantes en los procesos educativos. Aunque la escritura existía, según Irene Vallejo, desde el c. 3500 a.c. aproximadamente, no fue hasta después de la invención de la imprenta (Gutenberg 1440) que la lectura, lentamente abarcó públicos más amplios (era normal, primero había que aprender a leer y escribir). Y hasta en el siglo XIX y principios del XX se incorporó definitivamente a la educación formal. La alfabetización se tornó en una labor socioeducativa fundamental. A partir de ahí ha sido el instrumento o técnica más importante en esta labor. Al cabo del tiempo la lectoescritura se ha revelado como una de las formas supremas de humanización.
Leer no es (no debe ser) solo la acción de observar y comprender signos y códigos, se trata del hecho de conocer, de saber que existen un sinnúmero de miradas del mundo. Y que la relación que hay entre lectura y educación es tan imprescindible a grado que, por medio del acto de enseñar y aprender se forma (con la lectura del Mundo) el pensamiento, la habilidad de convivir socialmente y se puede propiciar la transformación de la realidad
Hay distintos modos de leer, así como distintos fines. Éstos varían de acuerdo al contexto y circunstancia, se lee con los ojos, con las emociones, con la memoria inclusive. Se lee con el recuerdo, relacionando hechos de antes y de ahora. También se suele leer por obligación, se leen libros de texto para aprender, se dice. Es aquí donde se debe (es el momento clave en la escuela) de insistir de que leer puede ser un acto liberador, incitar a que por medio de ello se adquieren elementos para criticar, cuestionar, pensar otros universos, reír, objetar absolutismos, comprender hechos históricos, dudar y reflexionar, descubrir la lógica, el sentido común y la ética crítica y ciudadana, en fin, conectar con lo impensable, con la geografía, con los cuerpos en movimiento, con los elementos que los conforman, el origen del universo.
Bajo este esquema la educación es una trasmisión, aprensión y comprensión del conocimiento, de saberes, culturas, habilidades y valores, de generación tras generación. Por eso el plan de estudios es un cuerpo de letras que condesa siglos de experiencias, que pretenden, mediante el acto educativo, como proceso intencional desarrollar, incitar al educando (descubrir por sí misma, o mismo) las capacidades fiscas e intelectuales, afectivas, éticas y sociales del ser (de saber ser) humano. Es importante entender que la educación (como experiencia) es una labor regulada mediante distintos modos, fines y objetivos, por medio de tareas, métodos y técnicas.
Hasta aquí algo de lo que se puede hacer con la lectura en educación, Ahora, como bien decía Monsiváis, algunos datos para documentar el optimismo. Instalados en la era digital es pertinente señalar que en México, según datos del INEGI, en el 2024 en México el 69.6% declaró haber leído algún material como libros, revistas, periódicos o páginas web, esa cifra refleja una caída del 14.6% con relación al levantamiento similar del 2015. De lo anterior lo más leído fueron los libros 41.8% (el sector alfabetizado declaro haber leído promedio 1 por año), seguido por el 39.4% que dicen haber leído blogs y páginas web. La lectura del periódico cayó del 49.4% en el 2015 al 17.8% en el 2024. Dos cuestiones limitan el desarrollo lector; la falta de hábito y el acceso desigual a materiales de lectura.
Otro dato, éste del Instituto Educativo Kumon, más del 60% de los alumnos de educación básica tienen dificultades para leer de forma fluida y comprender lo que leen, situación que se repite en la educación secundaria, media superior y superior. Lo anterior se ve reflejado en las dificultades en rendimiento académico y el desarrollo emocional y social.
Algo más, tanto en el 69% que lee, lo hace poco, y no se sabe los contenidos reales consumidos, del 41.8 que leyó al menos un libro, así como del casi el 30% restante de la población alfabetizada que no lee casi nada o nada en el año, se refiere a cualquier persona de los casi 80 millones de habitantes, de ese rango, en el país, ahí están contemplados, maestros, maestras, educandos de todos los niveles y de todas las áreas del saber humano. En este sector es importante revisar a detalle lo que pasó con el fenómeno lectura, al menos los últimos diez años, o aún más después de la pandemia.
Una idea importante es empezar por el principio, ¿Qué y cuánto leen los y las docentes? Si se tiene el hábito de la lectura, es casi seguro que a alguien se le puede trasmitir y emocionar con esa costumbre. La parte primera de este texto nos muestra cuán importante ha sido esta actividad en el camino histórico de la enseñanza. Si la Educación está considerada como un derecho fundamental constitucional (con lo cual no se puede estar más que de acuerdo) lo debe ser también la lectura como herramienta fundamental para lograr aquél propósito.
*Coordinador del Semillero de Formación de Jóvenes en investigación Jurídica.
Esta columna es un espacio de formación y difusión de conocimiento jurídico y de educación generado en el semillero en la Facultad de Derecho de la Universidad de Colima.
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