Mar. Mar 10th, 2026

COLUMNA: Pedagogía en voz alta

Por Redacción Feb16,2026

Innovar desde el juego: coeducación y transformación en la escuela primaria

Por Rosa Brizuela Padilla

En el discurso educativo contemporáneo, la palabra innovación suele aparecer asociada a pantallas, plataformas digitales y recursos tecnológicos que prometen modernizar la escuela. Sin embargo, esta visión reducida ha generado una confusión persistente: asumir que innovar equivale a digitalizar, cuando en realidad la innovación educativa más profunda ocurre al modificarse las relaciones, las prácticas y los sentidos que se construyen en el aula.

En educación primaria, una de las innovaciones más urgentes no tiene que ver con dispositivos, sino con la manera en que niñas y niños aprenden a convivir en igualdad, con el fin de prevenir prácticas excluyentes y evitar la reproducción de estereotipos y desigualdades.

En la escuela primaria, la desigualdad de género rara vez se manifiesta de forma explícita. No suele aparecer en los libros de texto ni en los discursos oficiales, pero se hace evidente en los recreos, en los juegos colectivos y en la distribución del liderazgo. ¿Quién decide a qué se juega?, ¿quién ocupa los espacios centrales?, ¿quién es excluido o ridiculizado por participar “fuera de su rol”? Estas dinámicas, aparentemente inocentes, reproducen estereotipos que limitan el desarrollo pleno del estudiantado y normalizan la desigualdad desde edades tempranas.

Frente a este panorama, la coeducación emerge como una apuesta pedagógica innovadora. No se trata de añadir un contenido más al currículo, sino de revisar críticamente las prácticas cotidianas que sostienen la vida escolar. Coeducar implica intervenir en lo que se juega, cómo se juega y con quién se juega. Y es aquí donde el juego, lejos de ser un recurso accesorio, se convierte en una herramienta potente de innovación educativa.

Durante mucho tiempo, el juego ha sido visto como una actividad secundaria, reservada para el recreo o como premio después del “trabajo serio”. Esta mirada subestima su enorme potencial formativo. Jugar es una forma de aprender a negociar, cooperar, resolver conflictos y reconocer al otro.

A través del Aprendizaje Basado en Juegos el aula puede transformarse en un espacio donde niñas y niños experimenten, de manera vivencial, valores como la equidad, el respeto y la corresponsabilidad. Innovar, en este sentido, no significa inventar nuevas tecnologías, sino resignificar prácticas existentes para que generen aprendizajes más profundos y humanizantes.

La innovación educativa, cuando se articula con el juego y la coeducación, deja de ser una moda para convertirse en una necesidad. Por ejemplo: diseñar juegos cooperativos, dinámicas de roles compartidos y actividades lúdicas con reglas claras e inclusivas permite cuestionar estereotipos sin recurrir a discursos moralizantes. El cambio ocurre en la experiencia: cuando una niña lidera un equipo, cuando un niño expresa emociones sin ser juzgado, cuando el grupo aprende a resolver un conflicto mediante el diálogo y no la imposición.

Este tipo de innovación exige también un replanteamiento del rol docente. El profesorado deja de ser únicamente transmisor de contenidos para asumirse como líder educativo y mediador. Innovar implica observar, intervenir y reflexionar sobre lo que ocurre en el juego, acompañar a niñas y niños en la toma de decisiones, apoyando a convertir cada conflicto en una oportunidad de aprendizaje: esto no es un camino sencillo ni inmediato, pero sí profundamente transformador.

Además, innovar jugando tiene una dimensión social ineludible. En contextos donde la escuela es uno de los principales espacios de socialización, promover relaciones igualitarias desde la infancia contribuye a la construcción de comunidades más justas y democráticas. La coeducación y el juego no solo impactan en el clima del aula; también forman personas capaces de cuestionar la desigualdad y de relacionarse desde la empatía y el cuidado mutuo.

La pregunta, entonces, no es si el juego puede ser una estrategia innovadora, sino por qué hemos tardado tanto en reconocer su poder pedagógico. En una escuela que aspira a ser inclusiva, innovar significa atreverse a cambiar las reglas del juego, literalmente y en sentido figurado. Porque educar en igualdad no se logra únicamente con discursos, sino con experiencias que se viven, se sienten y se construyen colectivamente.

El juego deja de ser un simple entretenimiento para convertirse en un espacio donde se piensa, se decide y se aprende a convivir. Por eso, coeducar jugando no es una estrategia alternativa, sino una innovación educativa urgente y necesaria, capaz de abrir caminos hacia la justicia, la igualdad y la transformación social.

* “Pedagogía en voz alta” es una columna de la Facultad de Pedagogía para la libre expresión de su comunidad académica. La autora de esta colaboración es estudiante de la Maestría en Innovación Educativa.

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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