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Aíslan ministros de la OSCE a Rusia pero no logran un acuerdo contra Moscú

La Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa (OSCE) concluyó este viernes en Lodz (Polonia) una reunión en la que no consiguió una declaración o acuerdo que reflejara la condena a Rusia por la invasión de Ucrania, que recibió el apoyo de sus representantes diplomáticos.

A pesar de la condena generalizada a Rusia por haber comenzado la guerra en Ucrania, los representantes de los 56 países que forman la OSCE han sido incapaces de alcanzar el consenso en ningún punto, más allá de coincidir en que esta organización se halla ante una crisis sin precedentes.

Las 2 únicas propuestas lanzadas en este foro, la petición ucraniana de expulsar a Rusia de la OSCE para desbloquear la toma de decisiones por consenso, y la creación de un tribunal especial para juzgar los crímenes de guerra en Ucrania, no han podido ser ratificadas.

En el primer caso, el estatuto de la OSCE simplemente no contempla la posibilidad de expulsar a ninguno de sus miembros, pues en el espíritu de esta organización está el mantener una línea de diálogo internacional en cualquier situación.

En cuanto a la creación de un tribunal especial que se ocupe de documentar, perseguir y castigar los crímenes de guerra en Ucrania, se trata de una propuesta que, como admitió el alto representante de relaciones exteriores y seguridad de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, el jueves, necesitará ser debatida en el seno de la UE, primero, y de las Naciones Unidas, después.

El ministro macedonio de Exteriores, Bujar Osmani, cuyo país tomará el relevo de Polonia en la presidencia rotatoria de la OSCE, reconoció que “no hay base legal para excluir a ningún miembro y haría falta un consenso para cambiar la regla que exige consenso”.

El ministro polaco, Zbigniew Rau, subrayó que, aunque “la mayoría de los miembros (de la OSCE) está a favor de sentar en el banquillo a los perpetradores de crímenes”, es necesario “encontrar una solución legal”, sobre la que se mostró “optimista” y está por definirse.

La mayoría de los participantes coincidió en el “desafío sin precedentes” que afronta la OSCE, una organización que fue creada en el contexto de la Guerra Fría con el objetivo de sentar a la mesa a países que llegaron a estar al borde de la guerra.

Precisamente uno de los hechos más resaltados por los interlocutoresde la cumbre ha sido constatar la agresión de uno de los miembros de la OSCE a otro, lo que, recordó el ministro polaco, ha terminado por provocar el bloqueo de cualquier decisión importante en el seno de la organización e incluso la aprobación de sus presupuestos.

Su secretaria general, Helga Maria Schmid, calificó de “éxito” la reunión, pues en su opinión se constató “un compromiso general para apoyar a Ucrania y para defender los acuerdos de Helsinki”, en referencia al acuerdo que en su día favoreció la llamada “distensión” entre el bloque comunista y el occidental.

Michael Carpenter, representante de Estados Unidos, dijo que “el aparente desprecio de Moscú por (el riesgo de) una posible catástrofe nuclear debería servir como un claro recordatorio para todos nosotros de que nadie es inmune a las consecuencias de la desastrosa guerra de (Vladímir) Putin”.

La representante francesa, Christine Fages, confirmó que su país apoyará la creación del tribunal especial contra los crímenes de guerra rusos, que de ser constituido podría acusar e incluso juzgar en ausencia al presidente ruso, a su ministro de Exteriores, Sergéi Lavrov, y al ministro de Defensa de Rusia, Serguéi Shoigu.

Ya el jueves, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, rechazó esa posibilidad y aseguró que tal tribunal no tendría legitimidad alguna y sus conclusiones no serían aceptadas por Rusia.

En Lodz, el embajador ruso ante la OSCE, Aleksander Lukashevich, aseguró que “Occidente devalúa la diplomacia y busca la confrontación” y aplica “una lógica inaceptable, según la cual la guerra en Ucrania es la única razón” de todos sus problemas.

Lukasevich afirmó que Europa ha renunciado a la creación de “una arquitectura de seguridad” sin la dependencia de Estados Unidos, país al que acusó de “socavar la autoridad de la OSCE”, y dijo que Washington “fue culpable de bombardear salvajemente durante 78 días” durante la guerra de Yugoslavia.

Al margen de la reunión se celebraron foros y encuentros bilaterales sobre cambio climático y la lucha contra el tráfico de personas.

Asimismo, y bajo los auspicios de la UE y Estados Unidos, se ha intentado acercar posturas entre los Gobiernos de Azeirbaiyán y Armenia para poner fin al conflicto que les enfrenta y tanto Borrell como Carpenter coincidieron en señalar la “oportunidad histórica” que representó esta cumbre para alcanzar ese objetivo.

La semana pasada, el presidente de Azeirbaiyán, Ilham Aliyev, canceló el encuentro que tenía previsto celebrar el 7 de diciembre en Bruselas con el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinián.

La decisión de Aliyev se produjo al saber que Pashinián reclamó la presencia en esa entrevista del presidente francés, Emmanuel Macron, un interlocutor que Azeirbaiyán considera hostil a sus intereses.

Con información e imagen de EFE

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