Antonio Vivaldi, el gran maestro de la música clásica

Nacido en Venecia un 4 de marzo de 1678, Antonio Lucio Vivaldi, mejor conocido simplemente como Antonio Vivaldi, fue un compositor y violinista italiano considerado como uno de los grandes maestros de la música clásica de la historia; su abundante obra como concertística ayudó a que la música de cámara y la sinfonía se afianzarán como género musical.

Su talento musical lo llevó a convertirse en todo un prodigio que incursionó no solo en el género concertante, sino también en la música de cámara, vocal y operística.

Sus obras más icónicas son sin duda sus cuatro conciertos para violín y orquesta, los cuales se reúnen bajo el título de “Las cuatro estaciones”, melodías cuya fama ha sido tal que incluso han eclipsado a otras de sus obras igual, si no es que más valiosas.

Por todas sus contribuciones Vivaldi es considerado uno de los más grandes compositores del período barroco, impulsor de la llamada Escuela veneciana, misma academia a la que pertenecieron otras grandes figuras como los hermanos Benedetto y Alessandro Marcello, quienes son equiparables, con sus contemporáneos Bach y Haendel.

“Las cuatro estaciones” de Vivaldi

Si bien la música clásica no suele ser de las predilectas entre los escuchas de hoy en día en gran medida porque se cree que sólo era para expertos, conocedores o un sector muy elitista.

La realidad, sin embargo, es otra, pues en la época en que estas obras se crearon, no fueron hechas para el sector de intelectuales o grupos de poder, sino que fueron concebidas para el público en general sin importar su estatus, condición o raza.

Quizás no lo notemos de inmediato, al ser un estilo de música relegado por las grandes productoras internacionales que manejan el negocio de la música, pero la importancia de este estilo musical va más allá de lo comercial pues al escuchar una pieza clásica es posible ir más allá solo escuchar pues muchas veces estas piezas logran trascender y ser capaces de transmitir emociones y sentimientos.

Este es el caso de “Las cuatro estaciones” de Antonio Vivaldi, pues incluso en el estreno de esta pieza iba acompañada de diversos poemas perfectamente sincronizados con lo que ocurría con la melodía, dotando así de un hilo argumental a la pieza.

 

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