ARTÍCULO: Abuso y violencia hacia los hombres

Por Ruth Holtz

Por mucho tiempo se ha enfocado el abuso y la violencia hacia la mujer. El feminismo “nos hizo justicia” en una época de un patriarcado dominante y un machismo recalcitrante. Pero hay dos factores que debemos considerar el día de hoy para no pecar de simplistas. Una, el feminismo ya se fue al otro extremo, más allá de sólo lograr una equidad. Realmente hay una crisis de lo que significa ser hombre o ser mujer en este tiempo. Y más aún con las ideologías de género.

Lo importante es reconocer que en toda relación humana hay una complicidad. No hay víctimas ni verdugos, sino cómplices. No importa qué ideología apoyemos, ni qué pensemos acerca de la relación hombre-mujer, es un hecho incontrovertido de que los conflictos humanos tienen una co-participación de ambas partes. Aún en el caso de que haya un claro abuso, somos cómplices, al menos por no saber poner límites. Hay asuntos más profundos acerca de la co-participación de la víctima que implican un conocimiento más hondo de la persona en cuestión, de su pasado, de sus heridas emocionales y de su situación de vida que muchas veces obran como imán de situaciones de desgracias. No queremos parecer superficiales y no reconocer que en algunos casos la víctima estaba simplemente en una posición imposible de evitar, como cuando del crimen organizado mata mujeres no por machistas, sino para crear presión social y someter a quienes les dan poder a que les concedan sus peticiones. Pero esos casos extremos, así como el de un violador o un delincuente, están fuera de nuestra consideración en esta reflexión. Apuntamos a reconocer el abuso y la violencia en las relaciones de pareja, primordialmente. Sabemos que pueden repetirse en otra relación, pero el modelo de relación siempre será la pareja de un hombre y una mujer, sin agravar, dado que son el origen de un ser humano que ha sido engendrado y su punto de referencia, aún si su padre o su madre lo abandonarán o tuviera padres adoptivos o figuras paternales sustitutas.

Todo conflicto es de dos que co-participan, que por alguna razón están juntos y que pueden tener una alianza previamente adoptada, como un matrimonio, un noviazgo o una amistad. Por lo pronto la conflictiva grupal no la trataremos.

En la relación de pareja, el abuso y la violencia se ha enfocado más hacia la mujer, porque ésta ha tenido que luchar para estar un estadio de equidad con respecto al hombre. Si bien hay lugares que por su ideología social, cultural, política o religiosa no lo han logrado aún, en muchos casos ya vemos que tanto hombre como mujer viven ya en un estado de equidad. Nosotros en este artículo nos enfocamos en relaciones en las que tanto las mujeres como los hombres están voluntariamente en su relación de pareja y ambos se han desarrollado lo suficiente como para ser autosuficientes económicamente hablando. En estos casos vemos con más claridad que hemos rebasado los límites y en los conflictos no hemos obviado que “para que haya pleito debe haber dos” y que la violencia es un algo que se hace entre dos.

La mujer actualmente, al menos en un círculo social y cultural definido, ya tiene una gran emancipación tanto laboral como ideológica y mantiene relaciones en igualdad de condiciones con los hombres. Y se da que, en ese tipo de relaciones, con más frecuencia, el abuso hacia los hombres va en aumento y como socialmente se ha dado más importancia al abuso hacia la mujer, son hombres desatendidos. Ahora bien, un hombre puede reaccionar diferente ante un abuso, ante tanto grito, capricho, insultos e incluso golpes de una mujer. Siendo hombre no puede defenderse y puede tener miedo de ponerse agresivo ante los golpes y dejarse lastimar porque si pega será el que será acusado ante la ley y no habrá nadie que diga si fue después de mucho maltrato, abuso y golpes. Las mujeres también son violentas, también controlan al hombre, lo revisan. Sabemos que así como hay una personalidad específica de mujer, más proclive al maltrato, también hay hombres más inclinados a ser abusados por mujeres. El abuso y la violencia hacia el hombre sí existe. No borra el de otros hombres que sí son violentos con las mujeres, pero no puede ser ignorado bajo la premisa que si es mujer, ella siempre es la víctima. Algo debió hacer ella si es adulta, en posesión de sus facultades, en igualdad o supremacía de su condición económica y/o profesional. No podemos dar por sentado nada y reconocer la forma en que son cómplices de las relaciones destructivas que pueden estar viviendo.

 

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