ARTÍCULO: Altas y bajas de energía, ¿en qué inviertes tu vitalidad?

Por Ruth Holtz 

Nuestra vitalidad, nuestra energía biológica, el fuego de vida que nos mantiene vivos, puede fluctuar y llegar a manifestar altas o bajas dependiendo, entre otras cosas de factores emocionales.  Muchas personas empiezan por sentirse cansadas, sin fuerzas o sin ganas de hacer cosas por trastornos en sus estados de ánimo, que son al mismo tiempo trastornos de su estado energético.

La energía que cada quien tiene es en un inicio un factor hereditario. El que nazcamos con más o menos “chispa” es resultado de muchos factores presentes en nuestro padre y nuestra madre y de las circunstancias en las que fuimos engendrados y el modo en el que se desenvuelve el proceso del embarazo. Pero una vez que aparecemos en el mundo, tenemos un monto de energía único e incambiable. Sin embargo ese monto de energía puede bien utilizarse y proyectarse hacia la materialización de manera notable o de manera mediocre. El que sea de un modo o de otro, depende de la forma en que se desenvuelva nuestra vida y las oportunidades o dificultades que esta nos presente. Hay personas que muy pronto aprenden a ser berrinchudas, a gastar mucha vitalidad en explosiones de ira y enojos. Otras pueden tener padres melancólicos, propensos a la depresión y pueden aprender de ellos a fijarse en los detalles y a dolerse de cualquier cosa. También así desgastan su vitalidad en llorar y lamentarse o representar el papel de víctimas. Algunas otras personas pueden vivir exigencias muy grandes que pueden derrotarlos u obligarlos a sacar de sí mismos hasta el último gramo de vitalidad, y ello puede ser positivo si las hazañas son cosas o situaciones que conquistadas traen más beneficios. Y entonces hablamos de una inversión conveniente de la energía o pueden traer desventajas y  situaciones negativas, ser desgastantes y representen una pérdida de energía vital.

Nuestra vitalidad, nuestra energía es como el dinero. Nacemos con un 100%, de calidad variable dependiendo de la individualidad de cada uno. Sin embargo es nuestra decisión, y en un principio de nuestros padres y otras personas que nos cuiden, el cómo la usemos y si la invertimos en cosas que nos redunden en un beneficio a corto o a largo plazo.

En la terapia psicocorporal el asunto de nuestra energía vital, de nuestra bioenergía es sumamente importante para determinar el estado emocional de una persona y si ésta no está fluyendo en su vida de la manera más adecuada, acorde con su proyecto de vida o a sus metas y objetivos, y respetando los límites impuestos por su propia capacidad vital.

El estado emocional de una persona está determinado por cómo usa una persona su vitalidad, en qué ha invertido su energía. En el nivel emocional la energía puede usarse para mantener cierto tipo de emociones controladas o reprimidas y manifestar especialmente otras, como si eso fuera controlable. El cuerpo y las expresiones de su energía surgen espontáneamente. Pero con la socialización y las presiones impuestas por una cultura, por un grupo social o familiar esta espontaneidad es bloqueada y canalizada de otro modo. Así, inevitablemente vamos “acorazándonos”. Es decir, conformando una coraza muscular y caracterológica. Una armadura con tensiones musculares para evitar que ciertas emociones se expresen en nuestro cuerpo y sean visibles o sentidas por otros, y una armadura de pensamientos rígidos e ideas muy solidificadas, a veces sin una razón realmente válida sino conservadas por amor o por miedo, para justificar nuestra forma de sentir y de pensar. Estas armaduras, estas corazas con las que nos protegemos gastan una gran parte de esta energía vital. Y en algunas personas este gasto es tan elevado, tiene que controlarse tanto o se desgastan tanto con ciertas emociones o pensamientos reiterativos, que les queda poco para hacer de su vida algo sobresaliente. Sólo viven doliéndose de su situación o atrapados en fanatismos religiosos, sociales o culturales que como toman de manera adictiva, pueden cerrarlos a toda otra percepción de la realidad y obligarlos a construir creencias y formas de pensar que los justifiquen. Todo esto tiene consecuencias no sólo emocionales, sino de gasto de energía vital que si no resulta en algo que devuelva más vitalidad o mejore el estado emocional o mental de la persona pues puede llevar no sólo a que no sobresalga, sino a su decadencia.

El estado energético de nuestro cuerpo, el que nuestra energía fluya libre y espontáneamente, el que encontremos formas cada vez más libres pero socialmente adecuadas para expresar nuestras emociones, el que evitemos aferrarnos a ideas y creencias de una manera irracional, por miedo, por amor mal entendido o por furia vengativa o autodestructiva es indispensable para evitar las altas y bajas de energía vital con sus consecuencias, una de ellas es la inestabilidad emocional, otra, las enfermedades que afectan la salud no sólo ya de la mente o de las emociones sino la de nuestro cuerpo.

Una psicoterapia holística,  es decir, que contempla la totalidad del ser humano, que toma en cuenta todos sus ámbitos: lo físico, lo emocional, lo mental, lo espiritual y lo energético puede darnos más herramientas para el mejor uso, para la mejor inversión de nuestra energía vital. Y también para aprender no sólo a gastar y a invertir, sino a ahorrar y a generar más energía. La vitalidad no se compra, se desgasta con los años. Y podemos vivir una vida en que no la gastemos en “infiernitos” con nuestros semejantes, sin ganar nada más que ir echando las entrañas fuera hasta perecer. Por eso es una obligación para con nosotros mismos aprender a manejar nuestras emociones, a ser conscientes de nuestros pensamientos y creencias y buscar siempre cuestionarlos y abrirnos a nuevas perspectivas, a otras formas de pensar para no anquilosarnos, a estar siempre dispuestos a vivir nuevas experiencias que nos enriquezcan nuestra forma de sentir, de pensar y de actuar. Y abrirnos así a inusitadas formas de ser y de sobresalir. De hacer que nuestra energía produzca fruto y no haya sido gastada inútilmente. Que valga la pena que hayamos nacido y que estemos vivos. Este es compromiso de quien quiere crecer y ser mejor humano cada día. La psicoterapia es un camino, entre otros miles, en el que podemos encontrar las experiencias, el conocimiento de uno mismo, la apertura a nuestro pasado doloroso y nuestra herencia familiar para mejorar. Y sobre todo para liberarnos de esa armadura que nos impide ser espontáneos, llenos de vitalidad como los niños, pero con la experiencia y la madurez mental de un adulto libre y abierto de corazón a la vida y a sus desafíos.

Teléfonos:  330 72 54 / 312 154 1940     

Correo electrónico: biopsico@yahoo.com.mx

 

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