ARTÍCULO: Amar es un proceso de crecimiento y maduración

Por Ruth Holtz

Me sorprendió encontrar en Facebook una frase que me invitó a escribir sobre este tema. Decía que “Las personas te quieren como les enseñaron a querer, no como tú quieres que te quieran”. Pues que desaprendan lo que mal aprendieron. Aprender a amar es un proceso que empieza por darte cuenta de qué aceptaste de tus padres y familiares como amor y madurar esa visión, e ir más allá hasta ideales no tangibles e inalcanzables en el que principios éticos elevan el amor por encima del egoísmo, del bienestar propio, del control y de las necesidades. Amar más maduramente depende de una persona con vida rica, plena, que se cuestiona a sí misma y que busca ser mejor por amor a la vida, por amor al amor, por amor a sí mismo, a su prójimo y a Dios. Amar de manera perfecta es un ideal inalcanzable al que apuntamos con todo nuestro corazón.

Siempre se nos ha dicho que para amar hay que amarse a uno mismo, pero es una realidad en correlación continua. Es decir, cuando me amo, amo a otros y cuando amo a otros me amo. La actitud mental más frecuente, que no sólo es un mecanismo de defensa, sino una forma de aprender y de desarrollar empatía, es el proyectar, por identificación, percepciones, formas de ser, reacciones, juicios en las personas. Cuando procuro no lastimar a alguien, es también una manera de expresar cómo no querría ser lastimado. Lo importante es no quedarse en proyectar, sino retornar a uno mismo. Amar es un acto de dar lo que al mismo tiempo estoy dispuesto y deseo recibir.

Todos amamos de acuerdo al nivel de madurez que tenemos y a la forma en que nos relacionamos con los demás. Los demás son nuestro espejo. Cuando toleramos que nos maltraten, estamos recordando haber sido maltratados. Y a su vez maltratamos porque dejamos que el maltratador exista al darle poder sobre nosotros mismos. Cuando somos los que maltratamos estamos manifestando nuestra impotencia ante el maltrato que presenciamos o que padecimos. Y a su vez, nos dejamos maltratar cuando alguien, “actuando de víctima” no nos detiene y nos pone el alto, aunque duela, sino que nos deja que nos embarremos más las manos para incrementar nuestra culpabilidad con sus quejidos. Somos cómplices. Así que amar también es un trabajo en equipo, que puede empezar en cada uno, pero que luego se vuelve una labor comunitaria. Conforme maduramos, dejamos atrás tomar revancha, vernos sólo a nosotros o ver sólo a los demás. Cuando vemos que somos una unidad, que lo que permito que me hagas te afecta tanto como a mí y que cuando hago algo a alguien me afecta también a mí y no sólo a la “víctima” que se abandona sin poner límites.

Amar y ser amado es un interjuego entre personas que son complementarias. Por eso se encontraron. Cada uno viene a reproducir lo que conoce como amor y a vivir las consecuencias. Al repetir maneras que aprendimos podemos decidir reconsiderar si esa es la manera de amar. Y, sobre todo, lo importante es comprometer el corazón y desde el fondo de nosotros mismos escuchar las respuestas y reconocer las necesidades para comenzar a hacer lo correcto, por lo pronto por aquello que brota de nuestro corazón. Si nuestro corazón es egoísta y controlador, berrinchudo y autoritario lo sabremos por el tipo de amor que podremos hacer florecer. Pero no nos amamos solos, lo hacemos coludidos con alguien. Si ese alguien sigue el juego, hace la contraparte también lo sabrá por los frutos que dé. Y no podemos culpar a uno o a otro. Somos cómplices del resultado de nuestra forma de amar. Y mientras no podamos modificarla, no podremos entender que las cosas podrían ser de otro modo si al menos uno cambia, dos será mucho mejor. Cambiar es amar, porque si yo cambio para no ser víctima, si yo cambio para dejar de controlarte, seguro que se dará una crisis que puede ser de crecimiento para ambos. Y no se sabe si será para seguir juntos o bien separarse, todo dependerá de lo que cada quien ponga. No podemos poner más que lo que hemos aprendido, con lo que hemos crecido y con la manera en la que hemos recapitulado nuestra forma de amar primigenia: el amor de nuestros padres. Madurar es dejar de buscar el amor de papá y mamá y simplemente amar de acuerdo a principios éticos: fidelidad, compromiso, honestidad, bondad, cooperación, lealtad, etcétera. Si nuestro amor está atorado en el pasado deja de crecer y madurar, es el centro de nuestro ser. Si estás atorado consulta a la psicoterapeuta.

 

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