Opinión

ARTÍCULO: Canción de cuna

Por Marcial Aviña Iglesias

No hay nada como dormir bien, acostarse en la noche como ave que se acurruca al alba, más, de pronto esa dominadora necesidad de ir al baño gracias al casi medio litro de agua que me empiné antes de ir a la cama, sumado a los más de cincuenta años que tengo, eso se vuelve habitual, una vez satisfecha esa prioridad, regreso a la cama; un rito para mi es voltear la almohada e intentar conciliar un pacto con Morfeo, pero esta vez la tiznada metamorfosis del silencio a ruido no lo permitió, de pronto escuché música lejana, no era reggaeton molesto ni canciones gruperas lelas, sí, de esas letras masoquistas que hacen a quien las escucha querer cortarse las venas con una oblea y lanzar berridos, de hecho, únicamente se oían grititos como si cantaran, no era nada grave, pero mi imaginación traidora comenzó a hacerme la jodida ilusión de quedarme dormido en algún momento… tic, tac… y nada.

Cerraba los ojos, y cuando los abría, en el ojete reloj ya habían pasado treinta minutos, otra vez, una hora más pasaba, era como si me quedará dormido sin descansar, es más, ya no se escuchaba ningún ruido de los de la fiesta, en medio del silencio descubro el sonido de los ventiladores de mis vecinos, se me hacen molestísimos, ¿cómo tiznados pueden ellos dormir con esos aparatos tan estrepitosos? Le echo una mirada al reloj, ¡no manches, diez minutos para las cinco de la mañana, y yo sin pegar ojo! Lo más seguro es que dentro de unas cuantas horas estaré de godín cabeceando frente al monitor de la computadora, después de llegarle a los tacos de adobada llegará El Mal del Puerco y ahí voy de nuevo a dormitar, pinche Morfeo, viene cuando ni se requiere su presencia él muy manchado.

Por la tarde cuando regreso a casa, me doy cuenta de que me puse los calcetines al revés, no apagué la luz del baño y olvide destapar la jaula de los periquitos, quienes de seguro me la habrán refrescado todas esas horas de encierro, son las 3:45 de la tarde, veo la cama, así como diciendo ¡ven, date un acostón! Pero también veo la ropa que vestía en la mañana, pos me gana la higiene, y como me superzurran esas personas que para justificar su pendejez le reparten la culpa a todo mundo, mejor opto por autohipnotizarme con algunas rolas de Juan García Esquivel y así esperar a que caiga la noche para emparejar la desvelada.

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

Print Friendly, PDF & Email
Mira también
Cerrar
Botón volver arriba