El Comentario - Universidad de Colima

ARTÍCULO: Cuando la ansiedad se vuelve angustiosa

Por Ruth Holtz

Segunda parte

Los síntomas de la ansiedad cuando se vuelve angustiosa, es decir, deja de ser manifestación de nuestra vitalidad y reacción emocional, y comienza a hacernos sufrir son los típicos del estrés. Es decir, excesiva sudoración, temblor en manos y piernas, respiración entrecortada con sensación de no poder respirar, opresión en el pecho y un miedo exagerado a morir o a estar viviendo los síntomas de una enfermedad terrible y mortal. En realidad están experimentando un ataque de pánico. Algunas personas han encontrado la manera de “controlar” o de “encubrir” esta ansiedad a través de las somatizaciones o tensiones en el cuerpo debido al intento de ocultar las sensaciones de angustia. La persona cree que está muy enferma y acude a urgencias, incrementando su ansiedad. Hay quienes expresan esta energía descontrolada al preocuparse sin motivo, reiterada y exageradamente, al grado que la persona está continuamente pensando cierto tipo de cosas absurdas que no lo dejan en paz y que no parecen tener ningún sentido. Algunos individuos desarrollan cierto tipo de inquietud motora, es decir, no pueden estarse tranquilos, se les mueven las piernas o brazos, deben tener algo que hacer con las manos o estimularse la boca con bebidas o comida, comerse las uñas o incluso tener tics nerviosos. Hay gente que realiza acciones repetitivas e inútiles de manera compulsiva y en ello entretienen su ansiedad exacerbada. Los miedos exagerados e inmovilizantes que ya se han estructurado como fobias, definidas hacia una objeto o situación que se trata de evitar a toda costa como el supuesto causante de la ansiedad, es otra manifestación del intento de la persona por controlar su ansiedad angustiosa. Y por supuesto, los traumas que nos han marcado de manera decisiva y que luego, cuando cualquier detalle presente en nuestro entorno nos recuerda dicho trauma se dispara sin control una gran cantidad de ansiedad que se denomina angustia o estrés postraumático.

¿Qué hacer? Bueno, es importante primero examinar la modalidad por la que hemos canalizado nuestra ansiedad y sus posibles causas. De allí cambiar lo que se pueda cambiar de nuestro entorno dentro de lo razonable. Y por el otro lado, trabajar sobre las causas internas que nos llevaron a ese estado de ansiedad. También es necesario evaluar nuestro nivel de energía y en qué la empleamos. Muchas veces la falta de actividad, el no tener trabajo, no hacer deporte o alguna actividad placentera que nos permita emplear nuestra energía puede ser gran parte del problema. Sentirnos bien y realizados con lo que hacemos a diario y para nosotros mismos, tener planes que conquistar y proyectos que llevar a cabo es otra forma de emplear nuestra ansiedad. Una vida insatisfactoria, sin sexo, sin relaciones, sin placeres, sin ejercicio, sin satisfacciones personales de cualquier tipo: espirituales, materiales, morales, físicas nos lleva a la ansiedad angustiosa.

Para quienes han tenido una vida difícil, con situaciones traumáticas, es necesario trabajar en ellas, asimilarlas y borrar lo más posible los mensajes de alarma que nos activan la ansiedad angustiosa.

En todos los casos, restablecer nuestra función normal del estrés, liberar las tensiones que ello nos ha dejado en nuestro cuerpo, desahogar las emociones y evaluar razonablemente los motivos de nuestro miedo es absolutamente necesario. La bioenergética como técnica psicocorporal nos auxilia en este paso hacia la recuperación de los mecanismos normales de reacción y nos confronta con nuestras vivencias traumáticas, si las hubo o con nuestras necesidades insatisfechas que le han negado placer a nuestra vida. Por supuesto que ello implica una exploración de nuestro inconsciente y una revisión de nuestra historia en busca de áreas con conflictos sin resolver o heridas que no han sanado. Todo ello es necesario para restaurar el equilibrio psíquico y emocional perdido con la ansiedad angustiosa.

 

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