El Comentario - Universidad de Colima

ARTÍCULO: Didáctica, entre los fijos y afijos

Por Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda

Siguiendo un whatsapeo y disculpen el spanglish o pochismo, vinieron a mi memoria las conversaciones de profesores del bachillerato, entre clase y clase, tomando un café, era frecuente escuchar a un maestro de etimologías grecolatinas, cuando se cursaba esa materia, que gustaba de usar palabras con las que provocaba la confusión de sus colegas; él sabía que ignoraban el significado o cómo el vocablo cambia o adquiere otro sentido, con los afijos que se anteponen al lexema o raíz, el fijo para simplificar, que encontramos al consultar el diccionario; en ese juego, podía llegar al fino albur mexicano, causando la hilaridad, tanto de quienes comprendían como los que no. 

Hablar parece tan natural como respirar, pero el conocimiento de una lengua requiere el esfuerzo de quienes enseñan y aprenden y para ello, la o el docente acude a la didáctica, cuyo propósito es mejorar las prácticas y adecuarlas a las distintas situaciones; dos son clave, porque ocurren durante el inicio de la socialización del individuo, es decir se convierte en persona social, en la del ámbito familiar y la del escolar, a la segunda habría que agregar las y los compañeros. En  ambas son  trascendentes dos variables sociolingüísticas, porque establecen las bases del vocabulario: Capacidad del individuo y Nivel formativo en el ámbito familiar y en social; en el segundo tiene cabida la intervención docente, con la intensión de desarrollar la competencia comunicativa; ya que uno de sus objetivos es compensar  las diferencias sociales, económicas y culturales; porque el ámbito familiar, es la fuente donde se abreva la lengua, adquirida de modo espontaneo e imitativo. 

En consecuencia, la instrucción formal es un factor clave en el aprendizaje de la lengua y por lo mismo, es importante la formación de la o el docente, cuya labor es reforzar y mejorar la aprehensión del idioma, no solo acudiendo a la literatura, sino también a otras disciplinas, pues cada una aporta su propio vocabulario. En cuanto la Didáctica, se define como la parte de la pedagogía que describe, explica y fundamenta los métodos para conducir al estudiante a la progresiva adquisición de hábitos, técnicas, conocimientos, que redunden en su formación integral; en relación con la lengua, su objetivo es ampliar el saber lingüístico de la o el alumno.

La lengua es un conocimiento que se adquiere leyendo, hablando y escribiendo; sin dejar de anotar, que durante la infancia se va desarrollando la capacidad de la abstracción, acorde a la edad y que ésta es indispensable para la comprensión lectora y conocer la versatilidad de una lengua. La capacidad de abstracción está en relación directa con la madurez del individuo y el contexto donde se desenvuelve; al respecto, se considera la edad de 12 años como la idónea para la adquisición de las nociones gramaticales, propiciando la capacidad de generar frases bien estructuradas. 

El lenguaje es el instrumento por excelencia de la interacción humana, un conocimiento sociocognitivo, que ocurre toda la vida, desde la imitación en la familia hasta su ampliación en un entorno social ampliado, sin embargo, el aprendizaje de la lengua se da en un contexto sociocultural específico y es por esto de interés la intervención docente, para adquirir aportaciones lingüísticas y sociolingüísticas a través del conocimiento reflexivo. 

Dicho lo anterior, volvamos con aquel maestro; uno de esos días, comentó sonriendo que era indispensable dar un antiflogístico a ciertos alumnos, de bajo rendimiento escolar, todos rieron, pero no todos comprendieron; veamos si es posible explicar el galimatías.  Unos interpretaron el fijo como sinónimo de flojo, que deriva del griego fluxus -no tensado o sin consistencia- del verbo fluere, o sea fluir, deslizar, manar, cuya raíz indoeuropea bhleu, dificulta comprender la palabra y la intensión de la frase, que dicha por el profesor, llevaba la de confundir las ideas; pues en este vocablo, la raíz viene del griego phlogistos, inflamado, también con el sentido de rebozar o hinchar, y es ahí donde aparece el albur, que no hay mucha necesidad de explicar, si no obviamos que el maestro hablaba en masculino y porque acto seguido, no exento de cierta sorna por subrayar el albur, él aclaraba que un antiflogístico sirve para desinflamar, pues lleva el prefijo anti -en contra y el sufijo –ico, cualidad o relativo.

En el aula, el profesor utilizaba como técnica didáctica el conocimiento de las palabras y la creación de neologismos con los afijos, o sea los prefijos y sufijos que no son palabras y necesitan unirse a una raíz, o base léxica, pero al hacerlo les aportan a las palabras valores significativos. Los afijos son esos morfemas que se usan para formar palabras a partir de las primitivas o darles otro sentido, la mayoría son de origen griego y latino. Al emplear estas técnicas, el profesor lograba que aprendiesen a formar familias léxicas y comprendieran la posibilidad de crear neologismos, siempre respetando las reglas y sin dejar de señalar que, la productividad del lenguaje es una de las particularidades que le aporta una riqueza inagotable y que, si no lo dudaban, bastaba ser traviesos e iniciar un recreo verbal. ¿Vamos, es acaso lo mismo ante_constitucional que anti_constitucional, o hablar de una relación pre_conyugal que de una extra_conyugal? 

Algo similar ocurre con los sufijos, que algunos llaman desinencias, aunque hay diferencia; digamos lluvia, con el sufijo –oso, del latín osus, es abundancia,  en “un día lluvioso”, hay mucha agua; la desinencia indica el género: lluvioso masculino o lluviosa femenino y también el sujeto como  en estas exclamaciones interrogativas ¿¡así nos llevamos!?  ¿¡Así te llevas!?  

Cada lengua tiene la posibilidad de expresar las distintas funciones de una palabra y entonces, una técnica didáctica es desmenuzar las palabras, desde la unidad más pequeña del lenguaje con significado, ejemplo: in – útil- es, se forma por tres unidades o monemas; la raíz y dos morfemas que se anteponen –in o posponen –es. De esa forma se construyen las familias de palabras, digamos puñ, que es el lexema o fijo y adquiere otros significados con los morfemas: puño, puñalada, empuñado, puñetazo; o de la raíz o primitiva mar, del latín mare, masa de agua.   derivan marea, marina, marinero, marear, marinar, marinado, marea, marejada, maremoto, submarino y más.  

¡Cuidado! – Decía el profesor. ¡Poned atención con ciertos afijos!   Y pronunciaba alguna palabra, como Ario, que tan designa un oficio, lugar, actividad, como a un antiguo pueblo indoeuropeo que habitó la India y otras regiones de Asia menor; ario viene del sánscrito arya, noble o alto rango, pero es un término controvertido, por la aplicación nazi, no obstante, que un ario no es precisamente rubio, blanco de ojos claros. El sufijo –ario se encuentra en bibliotecario, boticario, becario, voluntario: sin olvidar la desinencia para cambiar el género, bibliotecaria, boticaria, etcétera.

Atención,  diría de nuevo el profesor, hay prefijos que deben utilizarse con cuidado, como: i, in, im,  ine, del latín, que indica negación o privación, mas puede significar dentro, hacia adentro, en el interior. Por otra parte, la palabra In, en inglés, viene del latín e indica la idea de estar adentro y se usa, por ejemplo, para referirse a lo que está de moda. Decir inflamable no es negación sino, al interior y es la propiedad que tienen algunas sustancias de arder, de encenderse el fuego; In, adentro, está en incipiente, incrustar, inferir, e In, negación, antecede a un adjetivo, inmune, insólito.

Así, jugando con la didáctica, el profesor mostraba la riqueza inagotable de la lengua, que permite formar nuevas palabras a partir de las existentes, como  televisión, que fue bastante debatida,  porque se forma de una raíz griega: tele, lejos y otra latina, visio, visita; el término aparece desde 1907, para referirse a un medio de trasmisión mediante la electricidad; en cambio,  el neologismo teléfono fue muy bien aceptado, pero ambas raíces provienen del griego, la segunda es phoné, que significa sonido, voz, hablar y la etimología nos auxilia para bien hablar. 

Bibliografía

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– Onrubia Goñi Javier. Criterios psicopedagógicos y recursos para atender la diversidad en secundaria. Grao, Barcelona.  2004
–  Piaget Jean. Psicología del niño.  Morata, Madrid. 1978.
–  Romero Oliva Manuel  Fco. Consideraciones didácticas para el dominio y la complejidad sintáctica. Tonos Digital. Revista de estudios filológicos. Nº. 16, España. 2008.                      

(mirtea@ucol.mx)                                                                 

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