ARTÍCULO: Diego de Landa, la cultura maya (II)

Por Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda  

Diego de Landa contribuyó al conocimiento de la cultura maya, de sus precisos conocimientos en astronomía, que superaban a los europeos y aún asombran a los expertos; inició el desciframiento de la escritura maya y en esa lengua escribió su “Doctrina Cristiana” (1574) con grafías del abecedario latino internacional. Al empezar a descifrar la escritura maya, significa que otros siguieran su camino y hoy sea posible leer el sistema logo-silábico, es decir, los glifos o símbolos de sílabas individuales usados por los antiguos mayas, uno de los mejores y más desarrollados de la América prehispánica.  

Landa tuvo un maestro en Yucatán, el proto-lingüista maya fray Luis de Villalpando (1495-1554), un franciscano que había estudiado esa lengua y definido algunas reglas gramaticales para facilitar su aprendizaje;  Villalpando, autor de un Vocabulario de la lengua maya, llegó a Nueva España y de inmediato es enviado a Yucatán por fray Toribio de Motolinía, en  la península evangelizó en tierras de Mérida y Campeche (1547 – 1554), fue el primero que utilizó la lengua maya en los escritos que dirigía a los indígenas. Fue autor de un Vocabulario de la lengua de Yucatán (Matilla, 1992).  De Landa supera al maestro, añade otras reglas e integra un sistema de normas,  cosa que asombra al cronista Lizana (Martínez, 2009), quien registra que a solo sólo dos meses de su llegada ya domina la lengua maya. 

Poco más de 400 años después Diego de Landa será el maestro guía de Yuri Valentinovich Knorozov (1922-1999), como él mismo lo declararía, ya que su “Relación de las cosas de Yucatán”en la versión encontrada por el abate Charles Etienne Brasseur de Bourbourg en la Real Academia de la Historia de Madrid en 1862, y publicada en una edición bilingüe, español – francés, en París (1864), que fue la base sobre la cual hizo sus deducciones. Como Landa, Knórozov superaría al maestro, pero referirnos a su trabajo requiere un espacio particular, otro día será, valga decir que Knórozov afirmó: “No hay escrituras indescifrables, cualquier sistema de escritura producida por el hombre puede ser leído por el hombre”.

En 1963, Knórozov publica en Moscú, La escritura de los antiguos mayas (Galina, 2013), cuyos signos son logogramas, unos 550 que indican un significado  o palabras completas, y 150 silabogramas o signos fonéticos que simbolizan las  sílabas de las palabras en lugar de sonidos individuales, como nuestro alfabeto; además tenían glifos para representar los nombres de lugares y de los dioses. De hecho, los mayas podían escribir cualquier cosa que se deseara decir.

El Popol Vuh es el documento más conocido de la obra de Landa, aunque la originalidad de su traducción se puso en duda,  entre fines del XIX y mediados del XX, al encontrar lo que semejaban pasajes bíblicos; otros estudios pensaron que estas inserciones fueron obra del relator maya, posiblemente hechas con el propósito de atenuar el matiz pagano del Popol Vuh  y poner a salvo el documento, de futuras destrucciones como la ocurrida en el Auto de fe en Maní (12/07/1562);  sin embargo, se conserva lo esencial del relato (Cortez, 2008).​ No debemos  olvidar, que en general, los escritos de Diego de Landa tienen un matiz hagiográfico, que pudo seguir el transcriptor indígena enlazando ambas religiones, la maya y la cristiana.

En relación con la hagiografía, Landa escribe que, según el Popol Vuh, sabían que había cielo e infierno y un solo Dios en tres personas, un concepto de pluralidad cristiana dentro de la unidad de Jehová o Alá, judía y musulmana, que en la religión maya describe un padre justiciero, un hijo caritativo y en lugar de Espíritu Santo, un hijo menor, dador de salud,  alimento y agua del cielo (Girard, 1952). Esta y otras evidencias nos remiten al sincretismo de creencias en Mesoamérica, los mayas y otros pueblos prehispánicos idearon formas para preservar sus cultos ancestrales, transformados en ritos cristianos, muchas veces propiciadas por los mismos  evangelizadores.

 La quema de aquellos códices, resultado del Juicio de Mani (1562), mortificó a los indígenas mayas y también a españoles,  más a los casados con mayas,  que veían como ardía una cultura, por lo que el obispo Francisco del Toral detuvo el proceso inquisitorial y de Landa debió presentarse a juicio en España; algunos códices se salvaron y la cultura permanecía viva en la memoria maya, recuperada por el mismo Diego de Landa, que transformó su visión sobre los mayas tras una década en España, dedicada a la enseñanza de novicios y a la reflexión sobre lo ocurrido en Yucatán. Durante este tiempo se dedicó a recabar información sobre la historia, el modo de vida y las creencias mayas, escribiendo en 1566, su “Relación de las cosas de Yucatán”, una fuente de información sobre la cultura maya, así como la geografía, la historia, la fauna y la flora de Yucatán. En 1573, a su regreso a Yucatán como obispo de Mérida, proseguiría su labor evangelizadora a la par que la investigadora sobre la cultura maya.

La civilización o cultura maya tuvo una larga duración, más de 20 siglos, si contamos desde el Preclásico (2000 a.C. – 250 d. C.), incluimos el Clásico que concluyó con el abandono de las grandes metrópolis e inicio del Posclásico (900 d. C.), marcado por el fenómeno migratorio que dio lugar a cambios sociales en Mesoamérica entre los siglos VIII y X; así que acordémonos, los mayas que tallaron los glifos habían desaparecido en el siglo IX y los últimos en saber leerlos en el siglo XVIII; asimismo, vale tomar en cuenta que su interpretación es complicada por las variaciones en sus símbolos y las variantes en la lengua maya, y también porque algunas no se encontraban en las inscripciones que perduraron, de modo que todo esto dificulta su comprensión. 

La civilización maya se gestó entre 1,300 y 450 a. C. llegando a su pináculo entre el 300 y 900 d.C,  las enormes pirámides, tumbas y edificios son evidencia de su grandeza; cuando Europa estaba en la Alta Edad Media (siglos V al IX y X), la notable civilización maya se colapsó,  de modo que para el siglo XVI, sus ruinas se ocultaban bajo la selva. Si bien, en los sobrevivientes  se mantenían las evidencias  y  por esto, se afirma que Diego de Landa redescubrió esta gran cultura. 

El códice maya o máyense más antiguo, según la data es del 6 de julio del 292 d.C. y está escrito en  ch’oltí’ clásico (Chol), cuyo endónimo es lakty’añ, diferente del k’iche’ (Quiché), subfamilia de la lengua maya en la que se escribió el Popol Vuh, por esto se supone que los códices destruidos en el Auto de fe (1562) pudieron ser copia de otros más antiguos, por lo que es posible que se recuperaron en parte, de los de otros grupos mayas.  Diego de Landa  (1566) reconocía la capacidad intelectual de los mayas y hace una descripción precisa de la escritura maya, de su calendario y entre otras, da noticias sobre su organización política y social, entre otras: 

“…vivían los naturales juntos en pueblos, con mucha policía, y tenían una tierra muy limpia y desmontada de malas plantas y puestos muy buenos árboles […] en medio del pueblo estaban los templos con hermosas plazas y en torno de los templos estaban las casas de los señores y los sacerdotes y luego la gente más principal, y así iban los más ricos y estimados más cercanos a estas y a los fines del pueblo estaban las casas de la gente más baja”.

Describe a las mujeres mayas: “de mejor disposición que las españolas y más grandes y bien hechas, que no son de tantos riñones [caderas] como las negras […] siendo grandes trabajadoras […]  de ellas cuelgan los mayores y más trabajos de la sustentación de sus casas y educación de sus hijos y paga de sus tributos”.

Landa nos muestra a los mayas del siglo XVI, como gente hospitalaria, amiga de los perfumes y preocupada por la apariencia física, muy respetuosa con sus mayores y solidaria, aunque también señala que eran personas “muy disolutos en beber y emborracharse, de lo cual seguían muchos males….”.  Conocer la obra de Landa es penetrar en el mundo de la cultura maya y en cuanto a la escritura, para muchos investigadores, sus trabajos equivalen a la piedra de Roseta.

Bibliografía

– Cortez Otilia. Intertextualidad y paralelismo entre el Popol Vuh y La Biblia. Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid, 2008.
– Cultura Maya, marzo 16 de 2018. Web: https://culturalmaya.com/escritura-jeroglificos/
– Ershova Galina. Epigrafía maya, introducción al método de Yury Knórosov.  1ª ed. Moscú, 2004. Universidad Rafael Ayau, Universidad estatal de Rusia de Humanidades, CEMYK, Guatemala. 2013. 
– Girard Rafael.  El Popol-Vuh, fuente histórica. Guatemala: Ministerio de Educación Pública, Guatemala. 1952.
– Knorozov Yuri V. La escritura antigua de América Central, en: Soviétskaya Etnografía, Moscú. 1952.
– Landa Calderón Diego de. Relación de las cosas de Yucatán (1566). Monclem Ed. México. 2007.
– Martínez Viana Víctor. Breve historia de fray Diego de Landa. Guadalajara, México. 2009.
– Matilla Tascón A. “Diego de Losada y otros destacados Zamoranos en el Descubrimiento y Colonización de América”, en Jornadas sobre Zamora, su entorno y América, Zamora, IEZ Florián de Ocampo, 1992.

(mirtea@ucol.mx)

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