El Comentario - Universidad de Colima

ARTÍCULO: Dioses prehispánicos en “Historia y leyenda de Coyoacán”, de Salvador Novo

Por Víctor Gil Castañeda

Salvador Novo nació en la Ciudad de México el 30 de julio de 1904 y murió el 14 de enero de 1974. En 1965 fue nombrado por el entonces Presidente de la República como cronista oficial de la Ciudad de México. Cursó la Licenciatura en Derecho por la UNAM. Posteriormente, en la Facultad de Filosofía y Letras hizo sus estudios de Maestro en Lengua Italiana. Fue profesor en el Departamento de Idiomas Extranjeros, por su dominio del francés y el inglés. Escribió poesía, teatro, crónica, narrativa, periodismo cultural y literario. Fue jefe del Departamento Editorial de la Secretaría de Educación Pública. En 1928 emprendió la edición de la Revista Contemporáneos, que aglutinó a la famosa generación poética del mismo nombre, de la que formarían parte autores como: Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia, Gilberto Owen, Carlos Pellicer, Bernardo Ortiz de Montellano, Elías Nandino y José Gorostiza.

En 1928 fundó el “Teatro de Ulises”, a lado de Xavier Villaurrutia. Dio clases en el Conservatorio Nacional y en la Escuela de Arte Dramático del INBA. En 1953 fundó su propio recinto teatral llamado “La Capilla”, con capacidad para 98 espectadores. Organizó festivales internacionales de teatro en el Palacio de Bellas Artes. Ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua en 1952. En 1966 ganó el Premio “Juan Ruiz de Alarcón”, por su obra teatral “La guerra de las gordas”. En 1967 recibió el Premio Nacional de Literatura.

Toda esta experiencia intelectual se ve reflejada en la obra Historia y leyenda de Coyoacán, impresa en su primera edición en 1995 por tres empresas capitalinas: Editorial Diana, el Estudio Salvador Novo y la Delegación de Coyoacán. Se compone de 238 páginas, con cuarenta y cinco temáticas diferentes, entre las que destacan rasgos artísticos y científicos del mundo prehispánico; mitos de la peregrinación azteca; la fundación de México-Tenochtitlán y sus primeros gobernantes; las guerras y los conflictos militares entre los diversos grupos indígenas; los sacrificios humanos y sus rituales religiosos; el calendario solar y el calendario lunar; los nahuales, brujos y hechiceros en el mundo mesoamericano; biografías de personajes ilustres del México antiguo (Tezozómoc, Nezahualcóyotl, Moctezuma Iluhicamina, Axayácatl, Moctezuma Xocoyotzin, La Malinche, Huémac); orígenes de Coyoacán y primeros gobernantes; riquezas biológicas, agrícolas, pecuarias y arqueológicas de Coyoacán; las epidemias, pestes y pandemias durante la Nueva España; biografías de conquistadores (Hernán Cortés, Gonzalo de Sandoval); dioses y divinidades prehispánicas adoradas en la región de Coyoacán.

El texto es un ilustrativo recorrido por los orígenes de Coyoacán, desde la época prehispánica hasta el siglo XX. Pasan por sus páginas anécdotas, leyendas, relatos, narraciones religiosas, milagros, los primeros frailes llegados de Europa y sus conflictos con los conquistadores, la distribución de la tierra para la agricultura, la construcción de viviendas, las representaciones escénicas y sus aportaciones gastronómicas al mundo moderno.

Salvador Novo explica que Coyoacán empezó a existir como individualidad jurídica “a partir de la dolorosa caída de Tenochtitlán, sobre todo cuando Hernán Cortés la elige por residencia y Cuartel General mientras hace furiosamente destruir a México”. Dice que el conquistador la considera SU VILLA, pues desde la derrota militar contra los aztecas en la conocida Noche Triste, vio en Coyoacán un sitio estratégico para recuperarse y lanzar el ataque marítimo con sus bergantines. Consumada la conquista en 1521, le ordenó a su capitán Cristóbal de Olid que se apoderase del pequeño reino de Coyoacán. En una de sus Cartas de Relación, escrita en Coyoacán en 15 de mayo de 1522, Hernán Cortés describe el nacimiento de las encomiendas de indios, su esclavitud y su reparto entre los conquistadores con el deber de mantener a sus amos. Allí también sienta las bases de una política hacendaria, la ley de ingresos, el impuesto sobre la renta o cédula personal (páginas;101-103).

Como capitán general y gobernador de la Nueva España, Hernán Cortés crea el primer ayuntamiento y La Audiencia. Luego vienen los numerosos virreyes o administradores de México-Tenochtitlán y Coyoacán. Entre ellos; Don Antonio de Mendoza (1535-1550), Don Luis de Velasco (1550-1556), Don Gastón de Peralta Marqués de Falces (1566-1568), etc.

En cuanto a los dioses y divinidades del mundo prehispánico, que fueron adorados en Coyoacán, el autor menciona a varios. Veamos algunos:

MALINAXÓCHITL: El poeta y cronista, Salvador Novo, citando a Durán y el Códice Ramírez, dice que los aztecas abandonaron en Michoacán, allá en Pátzcuaro, a Malinaxóchitl, la hermana hechicera y nociva de Huitzilopochtli. Una mujer que después se fue a establecer en Malinalco. De la abandonada mujer nació Copil (“Corona o Diadema Real”). Su madre lo adiestró para la venganza y Cópil, acompañado por la joven Xicomohualli (“La del Cráter”), fue a buscar a los aztecas a Chapultepec, con la resolución de matar a su tío Huitzilopochtli. Pero los aztecas velaban. El Tenoch Tlenamácac (“El Incensador”) advirtió al Teomama (“Cargador de la Deidad”) Cuauhtlequetzqui (“Águila Ensangrentada”) que Cópil se acercaba con malas intenciones. Tenoch le contestó que como era muy macho, apenas lo viera, agarraría a Cópil aunque tuviera que estar de vigía en Chapultepec.

En lo más oscuro de la noche llegó el astrólogo Cópil, acompañado con Xicomohualli. Se dio una pelea mortal entre el brujo o nahual de Cópil y el Teomama. Se pelearon en Topetzinco. El Teomama lo tumbó y ahí mismo le dio muerte. Lo sacrificó y le arrancó el corazón con un cuchillo de pedernal. Le dio el corazón a Tenoch Tlenamácac. Le pidió que fuera a enterrarlo en los tulares y carrizales. Lugar donde ahora se encuentra la Iglesia Mayor. Un sitio llamado ahora Acopilco. La joven Xicomohualli fue tomada como mujer por Cuauhtlequetzqui.

Éste le dijo a Tenoch Tlenamácac que ofrendaran el corazón al Dios Huitzilopochtli. Le advirtió que al sembrar el corazón de este mago Cópil, pusiera atención en cuanto brotara de él un tenochtli (“Nopal de Tuna Colorada”), sobre el cual se posaría un águila, apretando con sus garras una serpiente, con la intención de devorarla mientras la serpiente lanzaría silbidos y resoplos: “Esa águila seré yo –advirtió Cuauhtlequetzqui–, con los labios ensangrentados por lo que devoro, porque eso soy yo, Águila Ensangrentada. Se realizará entonces el agüero que significa que nadie en el mundo podrá destruir jamás, ni borrar la gloria, la honra, la fama, de México-Tenochtitlan”.

Agrega Salvador Novo, citando La Séptima Relación de Chimalpahin, que fueron nueve jefes aztecas los que se sucedieron a lo largo de sus 267 años que duró la peregrinación. Uno de ellos fue Huitzilton que los guió 53 años. Cuauhtlequetzqui los guió 38 años. Acácitl lo hizo por 15 años. Citlallitzin por 16 años. Tzimpan por 2 años. Tlazotzin por 5 años. Tozquecuechtli por 40 años. Huitzilihuitl El Viejo lo hizo por 73 años. Tenuchtzin o Tenoch lo hará por 25 años y los llevará al islote final de la laguna (NOVO, Salvador. Historia y leyenda de Coyoacán. ps. 5-8).

CÓLTIC: Es mencionado como un Dios Guerrero, cuyo nombre significa “El Corcovado”. Los tepanecas y atzcapotzalcas le hicieron ofrendas y ceremonias de rogativas en los años 1425-1428, para que los ayudara porque estaban siendo vencidos por los mexicas (NOVO, Salvador. Historia y leyenda de Coyoacán. p. 20).

XÓCOTL: Su nombre significa “Fruto” y era Dios de Coyoacán. Una deidad tepaneca celebrada del 11 al 30 de agosto. Una fiesta de las dieciocho principales del año solar. Citando a la etnóloga Soustelle, Salvador Novo indica que ella nombraba a la fiesta como Xocotl Huetzi, “Caída de los Frutos”, aunque también era dedicada al Dios del Fuego. Había sacrificios de prisioneros a Xiuhtecutli o Huehuetéotl, donde los mancebos trepaban a un alto poste coronado por una efigie de pasta de huautli de la que se disputaban los pedazos. Citando al historiador Valliant, Salvador Novo agrega que esta deidad también se escribía como Xocotlhuetzi y simbolizaba el calor por la madurez, ya que se homenajeaba a Xiutecuhtli. Había sacrificio del fuego, así como competencias entre jóvenes por subir a un alto poste para ganar insignias especiales colocadas en lo cimero.

Citando al Cronista de Indias, Durán, en su Capítulo XC, Salvador Novo transcribe una descripción de esta fiesta: “Llamaban a este ídolo Xócotl, es el nombre de un pájaro a quien representaban y en cuya figura le adoraban; el cual pájaro se debía llamar así porque el día de su fiesta, hacían un pájaro de simiente de bledos que hemos llamado Tzoali, la cual masa perpetuamente sirvió a éstos para efigie de ídolos y carne y huesos de los dioses suyos, para después comerse aquella masa en nombre de la carne del dios, y así componían este ídolo de esta masa que era de esta manera: tomaban aquella masa, un gran pedazo de ella y metíanla en una red. Luego de la misma masa fabricaban una cabeza de pájaro con su pico muy dorado, y poníanle muy galanas plumas verdes por alas y cola, y poníanlo que no parecía pájaro muy galano. Luego hacían de otros cuatro trozos de masa, cuatro piñas muy pintadas, las cuales le ponían a los pies, que le servían como de ramas o rosas en las que él estaba posado…” (NOVO, Salvador. Historia y leyenda de Coyoacán. ps. 24-25).

YACATECUHTLI, CHICONQUIAHUITL, CUAHUTLAXAYAUH, COITLINAHUAL y CHACHALMECACIHUATL: Eran otras cinco deidades veneradas en las fiestas de los tepanecas y de Coyoacán. Además de adorar al Dios Xócotl, entre el 11 y el 30 de agosto, eran sacrificados muchos cautivos en nombre de aquella deidad. Los esclavos eran bañados, arreglados y vestidos a semejanzas de dichos dioses. Echaban a los esclavos al fuego, y cuando estaban a medio quemar, los sacaban antes de que muriesen, y los sacrificaban cortándoles el pecho. Se dice que el nombre de Yacatecuhtli significaba “El Señor de la Nariz”, el que olfatea, el que orienta. Era una deidad de los embajadores, agentes comerciales y espías (NOVO, Salvador. Historia y leyenda de Coyoacán. ps. 26, 27 y 61).

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