El Comentario - Universidad de Colima

ARTÍCULO: Educación, influencia alemana en Colima

Por Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda

Las actividades de los alemanes en Colima fueron industriales, comerciales y agrícolas, instalaron fábricas de hilados y tejidos, de aceite de coco, de almidón, de producción de energía eléctrica y otras, de lo cual se deduce la posible la influencia en el renglón educativo. La “pregunta histórica” ronda en torno a la idea que alguna huella debió dejar en Colima, una comunidad extranjera no muy numerosa, pero si importante; tomando en cuenta que la población del estado ascendía a los 48,649 habitantes en 1869 y 77,704 en 1910, la mayoría asentados en la ciudad de Colima, que contaba 30,404 habitantes en 1869 y 45,238 en 1910.

La escasa población moraba en una región «dramáticamente esculpida por un escenario montañoso, dominado   por el activo, y por lo regular, siempre humeante Volcán de Colima” y que durante siglos «se había constituido en una unidad socioeconómica distinta, y su carácter fue determinado por el tipo de geografía y por el clima que imperaba», lo cual obligaba a que las personas «vivieran dentro de un espléndido y abundante aislamiento…» (Floey,1988: 45,46).  Del aislamiento geográfico, la reducida población y la llegada de un acreditado grupo de extranjeros, se infiere la influencia alemana en la educación colimense del siglo XIX; así como, en cierta medida, de una transculturación de ida y vuelta, de colimenses a alemanes y viceversa.  

Cultura y Educación constituyen un binomio inseparable. dado que la educación es un proceso de transmisión de la cultura, de los conocimientos, experiencias y rasgos culturales heredados de generación en generación y que cada individuo adquiere durante el transcurso de su ciclo vital; sin descuidar variables como son la posición social y los distintos tipos de educación: formal, no formal e informal. La educación no puede reducirse a la instrucción escolar; de hacerlo así, se descontextualizaría su integralidad, que comprende la trasmitida en todas las instituciones educadoras y aprendida en el medio familiar, social, cultural, potico y económico que rodea a las personas. 

Se comprende la influencia alemana y de gente de otra nacionalidad, como francesa e italiana en la educación colimense; porque sabemos que va más allá del sistema escolar y en el día a día, en la convivencia social, laboral y otras se produce un fenómeno de transculturación que penetra en la vida cotidiana y que incluso, va modificando las costumbres y tradiciones o instaurando nuevas.

Los comerciantes alemanes influían en las costumbres mediante el transporte de mercancías, que arribaban al Puerto de Manzanillo y transitaban por el territorio de Colima rumbo al interior del país vía Guadalajara:  «Los muelles se veían atestados de bultos de todas formas, al lado de cajas de ropa o ferretería, las enormes cajas de los pianos o los barriles de vino o de cerveza» (Torres Q., s/f: 19).  Hacia 1847, cuando naves estadunidenses bloquearon los puertos mexicanos, no así Manzanillo que era de cabotaje, arribaron naves mercantes alemanas, de comerciantes atraídos a las costas de Colima, para introducir sus mercancías al interior del país. Luego, los alemanes se asentaron en Colima, se asimilaron al medio y muchos contrajeron matrimonio con mujeres de la tierra; Gregorio Torres Quintero escribió: «En aquellos tiempos, el comercio de Colima estaba en manos de alemanes…  Fuera del cónsul americano y del cónsul español, no conocíamos más extranjeros que alemanes» (Torres Q., s/f: 191). 

Un viajero narra: los alemanes son «propietarios de casas construidas con buen gusto, con cuartos aireados y verandas sombreadas […] Cercas bien firmes resguardan jardines, bodegas y establos» y, desde la casa de un alemán, ubicada al norte de la plaza, donde se hospedó, se escuchaba música   «ejecutada    cada tercer día cerca de la fuente central del jardín principal” (Lewis, 1873: 1805 – 206 y 210). Foosey escribió: «luego que algunos negociantes de Hamburgo se establecieron allí [en Colima] y tomaron parte de las reuniones, en las diversiones [... ] las  costumbres  se modificaron y los modales  se pulieron”; agrega, “El honor de este afortunado cambio se debe principalmente a las damas colimenses, cuya  inteligencia,  buena voluntad  y amabilidad   les han dado un rango distinguido» (Fossey1857: 51). 

El arte ha sido un excelente medio de transculturación, en la música recordamos al maestro José Levy, fundador de la orquesta La Lira Colimense, originario de Alsacia, región cercana a Alemania; así como el regalo del barón Othon  de Brackel­Welda a Christian Flor y a su esposa Stephanie Meillón, en ocasión de su matrimonio. Christian Flor era cónsul de la Confederación Germánica ante el gobierno de Colima y el presente era un álbum “germánico­mexicano”, con un poema y una obra musical “Die  tochter des Kunstreiters» -la hija del cirquero-, compuesta por  Femardine  Freiin von Brackel, guardados en una hermosa  caja diseñada  por el barón. 

Continuando con el arte, del teatro conviene señalar, que en el siglo XIX la gente disfrutaba en Colima de funciones dos veces por semana, en «el edificio más raro de su especie [por] lo tosco de su construcción y techo de lona”, describe Lewis 1873); aquel teatro rudimentario dio cabida a importantes compañías que se trasladaban por vía marítima de Centro y Sudamérica, desembarcaban en Manzanillo y proseguía viaje por territorio colimense hacia el centro de la República o EE.UU., para luego retornar. Las más exclusivas compañías se presentaban ante un público formado por «una increíble mezcolanza de trajes abigarrados y figuras pintorescas»; en Colima se podían tener las mismas oportunidades que las ciudades más importantes y de estar en contacto con las últimas novedades artísticas; los artistas recibían el aplauso de «indios de pantalones blancos sentados al borde de las tablas…  mujeres en cuclillas… palcos llenos de damas elegantes o vestidas con los colores más chillones… hombres vestidos de charro, o con el traje más discreto de Europa» (Lewis,1873: 215).

En lo laboral, un renglón significativo es la educación de la clase obrera, mano de obra en las industrias extranjeras, un viajero en 1864, registra que «las jóvenes obreras forman   una deliciosa colmena; allí limpias, elegantes, coquetuelas, trabajan y sonríen […] Estas niñas, tal vez condenadas a la miseria y con la miseria a una vida de perdición, son felices, se han hecho superiores a su sexo bastándose a sí mismas [ …] El trabajo las ha redimido de la esclavitud  del  hombre, y del vicio» (Chavero, 1904: 91­92);  en  “La Atrevida” laboraban 80 empleados, la mayoría mujeres y un “buen número de estas niñas fueron recientemente a California a mejorar su condición, y que sus cartas desde San Francisco, dirigidas a sus amigos de Colima han creado un deseo general entre sus hermanas operarias de seguir sus pasos» (Evans,1887:  151, 152).

La dimensión de la transculturación y del cambio en las conductas y costumbres en la población de Colima es un tema de estudio interesante y por lo mismo, antes de cerrar este artículo, escuchemos a un viajero al que asombraron las conductas de las colimenses; Chavero observó que eran  más libres que otras de su época en otros lares:  “Cualquier dama puede dirigirse  en la calle a cualquier caballero y llamarlo compadre, aunque no lo conozca  y sea la  primera  vez que le ve»; el viajero se refiere a la costumbre colimote  de pedir  «mis perones padrino/madrina o compadre/ comadre» y recibir una fruta el  primero que  lo  dice.  Más adelante señala: «Día a día se ve a las bellezas de Colima paseando del brazo de sus adoradores, mientras que las mamás quedan en casa; y no por eso hay más desafueros en esta buena ciudad que en otras que dan a la mujer vida de reclusa» (Chavero, 1904: 94­96); Chavero, como otros visitantes, ofrece una visión de la libertad e independencia que gozaban las mujeres en Colima a fines del siglo XIX y principios del siglo XX.  Esto es un esbozo, del cual pueden surgir más interrogantes, que dejamos abiertas, en relación con la influencia alemana en la educación en Colima.

Bibliografía 

–   Chavero Alfredo (1904).»El Manzanillo, el Colima», en: Ortoll Servando (1987), Compilador.  Por tierras de cocos y palmeras. Apuntes de viajeros a Colima, siglos XVIII a XX.  Instituto Mora. CEO­ SA. México.
–  Evans, S. Alberto (1871). “Una visita de gala a Manzanillo y Colima”, en:  Ortoll (1987), op.  cit.
–  Floey John Adrián (1988) «Geografía, economía y sociedad», en:  Ortoll S. (1988), Coordinador.  Colima, una historia compartida.   SEP ­ Instituto Mora. México. 
–  León Morales Ramón (1995).  La instauración de la Educación Pública en Colima, pugnas y conflictos (1830-1876).  Tesis de maestría en Historia. FCPyS,  U. de C. Colima, México.  
–  Lewis G. John (1874). «De Manzanillo a Colima, 100 años atrás», en: Ortoll (1987), op. cit.
–  Torres, Quintero Gregorio (s/f) Cuentos colimotes. Ed. Matilde Górnez Cárdenas, México.

mirtea@ucol.mx

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