ARTÍCULO: El humano anhelo de comunicarse  

Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda 

En un tiempo, borroso por la densa neblina de los milenios, les seres  humanes lograron expresar su pensamiento, y compartirlo con sus congéneres, es decir, comunicarse; ahí empezó la oralidad, concretando el anhelo de compartir un pensar, con un empeño y voluntad cada vez más reflexivo; sin embargo,  “en cuanto se pronuncia una palabra o se hace un gesto, desaparece y no es posible renovarlo más que mediante su repetición” (Gleb, 1987:20).  

Entonces, a los humanos ancestrales se les hizo necesario encontrar un medio de preservar la expresión de las ideas y sentimientos, una forma que no estuviese limitada por el tiempo o el espacio,  sobre todo, imaginaron una forma de perpetuar y trasmitir los conocimientos que iban adquiriendo.  Retomamos el término incluyente que propuso Mosertín, “humanes”,  que incluye ambos sexos¸ las y los humanos,  en singular, “humán […] es el ser humano, sea hombre o mujer” (Mosterín, 2002: 14), sin A que feminiza u O masculiniza.

En el principio era el Verbo, el Logos y el Logos era  Dios, esencia, espíritu y naturaleza y dijo: “Sea la luz; y fue la luz” (Génesis 1.3). Indiscutiblemente, el verbo permite enunciar el pensamiento creativo, es el Logos, de argumento y  razón, que guia el estudio o la ciencia; por ende, quién conoce las lenguas del pasado,  guarda la llave del presente y del futuro, dice  Samuel López Alcalá (2001); al conocerlas, puede rescatarse la información acopiada desde hace milenios y descifrar los mensajes “las palabras” que nos dejaron como herencia nuestros ancestros, les humanes que vivieron en tiempos pasados.

Comunicar es trasmitir información, casi es una perogrullada, ya que los seres vivos nos comunicamos, sea a través de gestos, posturas, sonidos o hasta micciones; de modo tal, que los códigos de comunicación pueden ser naturales o convencionales, les humanes empleamos los segundos. Ahora, sabiendo que la comunicación va más allá de la trasmisión de información, que puede tener  distintas intenciones, pragmática, práctica, descriptiva o valorativa, es preciso estudiar las diferentes formas de comunicación, que conllevan diversos grados de dificultad.  

En ese terreno, la revolución comunicativa más impactante es la escritura, una herramienta que se considera una segunda memoria, la primera es biológica, en nuestro finito cerebro (López, 2001). La oralidad es  temporal,  a la voz se la lleva el aire, pero al plasmarlos de alguna forma, al escribir o dibujar el comunicado adquiere una cierta permanencia y además, posibilitaron  la administración de las estructuras sociales, acumular información y trasmitirla, de ahí que vinculen el origen de la escritura y la civilización. 

Vale decir que hay distintos tipos o sistemas de escritura, ideogramas, jeroglíficos, pictogramas, símbolos mnemónicos -relativos a la memoria u hoy,  al lenguaje informático-, etcétera, dependiendo del tiempo, el lugar y la cultura, en general surgen al comienzo de la Edad de Bronce, precedidos por la proto-escritura.  La escritura demarca la división entre Prehistoria e Historia, durante la primera se fue desarrollando la conciencia fonémica, que demanda la escritura, por ser la habilidad de escuchar, identificar y manipular los fonemas (unidades de sonidos) que se combinan para formar palabras, que según la lengua son más o menos fonémicas en relación con su ortografía, lo cual facilita o dificulta su lectura, en español es bastante sencilla  a diferencia de otras, como inglés o francés.

Saliendo un poco del tema,  la ortografía presenta algunas dificultades, subsanadas en Chiapas, por los frailes franciscanos, que enseñaron a escribir sin importar la grafía, en aquellos sonidos que ofrecían confusión, como los de C, S y Z.  Al respecto, Mosterín  (1981) plantea que la lengua es el único código independiente de la comunicación capaz de expresar el pensamiento y que la escritura es un código derivado y por tanto, la ortografía debe basarse en sus fonemas, por lo tanto, éstos deben corresponderse perfectamente con sus grafías. 

Retomando el tema, se dio una secuencia comunicativa, pues los fonemas resultan de la evolución de representaciones iconográficas; ya que, las imágenes prehistóricas reflejan escenas más o menos complejas, pero sin expresión concreta y carente del vínculo fónico.  La cuestión se comprende a partir de la semasiografía, que estudia los sistemas de comunicación que expresan ideas directamente; el semáforo trasmite mensajes visibles en colores y otros son auditivos, como  los códigos de toques de silbato o trompeta.

Desde una perspectiva educativa, pero acerca de la comunicación, es importante el desarrollo en la infancia, de la conciencia fonológica que incluye la fonémica. La conexión entre los sonidos y grafías de una palabra requieren de varias habilidades, que se desarrollan escuchando. El desarrollo de la conciencia fonémica la vivieron les humanes en la prehistoria al irse conformando un lenguaje. La conciencia fonémica reúne dos habilidades: segmentar o dividir la palabra en sonidos individuales y mezclarlos, al dar forma a la palabra y pronunciarla; luego, el paso inicial en el aprendizaje de una lengua es saber escuchar e identificar cada uno de los sonidos que componen una palabra y el   siguiente paso es la habilidad visual, ambas se conjugan en la lecto-escritura.

Durante el larguísimo periodo de la prehistoria  les humanes solo contaban con la memoria biológica falible, limitada y difícilmente trasmisible, un inconveniente que se solucionó mediante la tradición oral, sin embargo, ésta modificaba el mensaje conforme se trasmitía, así que recurrieron a  las representaciones gráficas, que precedieron la escritura, para lograr una comunicación visual.  Quizá sea válido decir que algunos testimonios de nuestra propia cultura informatizada, no tendrán una duración semejante a los testimonios grabados en piedra durante la prehistoria, que han llegado a nuestros días (López, 2001)-

La comunicación visual, representadas por ideas, es estudiada por la semasiografía o Sistema semasiográfico, de las voces griegas σημασíα, semasía-, significación, y  -γραφíα, –graphía, escritura, lo acuño Ignace Gelb (1952), quien estudió diversas formas de comunicación y maneras de expresar el pensamiento. 

Para referirse al sistema semasiográfico, algunos usan el término ideografía, referido a las representaciones de ideas, por ser un sistema de comunicación visual que fue vinculándose  con las lenguas habladas, que emplean signos convencionales; mismos que fueron plasmados en una superficie que pudiese soportar el embate de los fenómenos naturales y trascender a través del tiempo, para expresar mensajes específicos. 

La semasiografía está en la borrosa frontera entre la escritura y las artes visuales y  por esto, proponen la palabra Iconema, que designa la identificación de un mínimo rasgo gráfico carente de significado, pero con el que se pueden construir cadenas significantes para representar algo bastante concreto; en cierta medida, estas formas de comunicación prehistórica se pueden entender como los precedentes del grafema o  grafía, que representan el fonema.

En la prehistoria les humanes se comunicaban y dejaban registros, pues utilizaron símbolos, figuras o signos para “escribir” pensamientos, con el propósito de trasmitir ideas; digamos, un sol simbolizando la salida y ocaso del astro, lo cual nos permite considerarlas como una técnica de comunicación; en ese sentido diríamos que es una lengua, que además, nos habla desde el pasado y continuará hablándole al futuro. No obstante, que esta “lengua” prehistórica no estaba asociada a la fonética y tampoco a las características lingüísticas de una lengua como tal,  en si misma constituyó una forma de comunicación, que obviamente dificultaba expresar las cuestiones abstractas.

En ese sentido, los petroglifos, los pictogramas, las iconografías, figuras, etcétera son formas comunicativas (Wright, 2002), que abren un gran espacio de estudio de las formas de expresión y comunicación en la prehistoria (Mosterin, 2002: 369 y 366), porque siempre hemos manifestado, desde lo más lejano en el tiempo, el íntimo anhelo de comunicarnos, somos una especie gregaria y en la diaria convivencia, deseamos expresar a los demás, lo que pensamos y sentimos. 

Bibliografía

– Gelb Ignace (1953). Study of Writing. University of Chicago Press, Chicago.

– Gelb Ignace (1987). Historia de la escritura. Alianza Universidad, Madrid.

– López  Alcalá Samuel (2001). La historia, la traducción y el control del pasado. 

– Univ Pontifica Comillas. Madrid.

– Mosterín Jesús (1981).  La ortografía fonémica del español.  Alianza Universidad, Madrid. 

– Mosterín J. (2002).‎Teoría de la escritura. Icaria Ed. 1ª ed. 1993.  Barcelona. 

– Wright Carr David Charles (2002). “Los signos glotográficos en el Códice de Huichapan”. Relaciones 132 bis; pp. 33 -73. ColMich. Zamora, Mich. México.

mirtea@ucol.mx

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