Opinión

ARTÍCULO: Feliz daño nuevo… perdón, año nuevo

Marcial Aviña Iglesias

¡Sí mire, damita, caballero, hoy le venimos ofreciendo la bonita idea de que este 2022, será el mejor año de su vida! ¡Ojo, nunca de bajada! Despídase del letal virus que nos encerró por casi dos años, al fin y al cabo, ¡uste ya está vacunado! Adiós a la pobreza económica y mental, piense señorita, señorito, amo de casa que su capacidad intelectual ha sido educada y programada por todas esas series y películas que durante la aburrida pandemia se chutó a través de las diversas plataformas streaming, tan así que ya está capacitado para enajenar a cualquiera con ese enriquecido lenguaje que le aprendió a los personajes, además del amplio bagaje cultural que adquirió.

Olvídese de las estresantes horas en las que intentó compartir tres tristes palabras: paz, amor y felicidad; como ya se la sabe, de entrada la paz no es posible si siempre nos han educado para defendernos. Aprendemos a comportarnos como animales acorralados, vamos por la vida como los coches con el freno de mano aplicado, por miedo a hacer el ridículo o al pinche temor de que otros nos digan que la regamos, y entonces como esos carros desgastamos nuestro organismo, dejando de existir el amor y la felicidad, pues casi siempre terminamos de la greña por defender estas dos últimas, cuyo reflejo en el espejo de la vida son dinero, envidia y rencor, lo que nos hace ser infelices.

¡Por eso le tenemos una oferta garantizada! No se trata de esa mixtura entre lo religioso y pagano que envuelve cada ritual de fin de año, el sueño guajiro de la esperanza de cambio de vida, de por fin hacer un lado la aburrida monotonía que cada ser humano se inventó como pretexto de olvidar la muerte, ya no encienda veladoras de todos colores, menos se ponga calzones rojos, amarillos o azules con tal de atraer amor, dinero y éxito, nuestras operadoras están disponibles las 24 horas del día por si requiere fumar la pipa de la paz con su conciencia.

Y, sí me agüitó porque durante el enorme banquete de la noche vieja, creiba comer entre familia, y a la mera hora todos estaban absortos en la moderna cajita idiota del celular, sin convivir. Pior aún, para rematarla, la tía Bartola malbarato la idea de que convivio era igual a sacarse la ridícula selfie familiar, en donde todos intentaban por esos escasos segundos demostrar que son una feliz familia con tal de apantallar en sus redes sociales, pónganse abusado, y aproveche esta oferta de lanzamiento del único e irrepetible 2022, ¡sí, el año cuyo número bien pudiera ser el título de una novela de ciencia ficción!

Ya lo vio venir con ese apoteósico recibimiento entre cohetes, gritos, abrazos y una que otra mascota muerta por el ruido, como dice El Nano Joan Manuel Serrat: “con la resaca a cuestas, vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas”. Regresamos a nuestra rutina de siempre, con la satisfacción de que por una noche intentamos olvidarnos de que cada uno era cada cual.

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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