ARTÍCULO: Frontera norte: Amerindios y afroamericanos

Por Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda

Todo pueblo tiene raíces, ninguno transita por la tierra sin dejar alguna huella a su paso; unos se asientan en tierras de la cual no son originarios y a donde llegaron como inmigrantes, por voluntad o por fuerza, y contradicen la letra “No soy de aquí, ni soy de allá”, al mantener la conciencia de sus raíces, son de allá y reconocen ser de aquí.

En la región central norte del estado de Coahuila habitan dos grupos: Los Kikapú y los Mascogo, amerindios y afroamericanos. Los Mascogo fueron vendidos como esclavos a los colonos británicos pero en busca de libertad encontraron refugio en Nueva España y en México, después sus “dueños” ignoraban que un ser humano no puede ser propiedad de otro. La oleada migratoria de amerindios y afroamericanos terminó cuando se establecieron al pie de la sierra de Múzquiz, Coahuila; desde el siglo XVII, los Kikapú, Seminol y Mascogo o Bluesmen se aliaron para resistir la expansión inglesa, que penetraba en Nueva España, matando y despojando de sus tierras a los indígenas y esclavizando a los Mascogo.

La diáspora amerindia multiétnica diseminó a los Kikapú y otros grupos por Texas, Oklahoma y Kansas, a ésta se unirían los negros que huían de la esclavitud y en el año de 1693, el rey Carlos II decretó la libertad de los negros que se adentrasen en sus dominios y les concedió posesión de tierras, lo mismo que a los Kikapú y Seminol. Los tres grupos, una vez asentados, se organizaron en una milicia para su propia defensa y la del territorio español; vivían de la agricultura, de la crianza de bovinos y equinos, así como de la caza y la pesca, actualmente, de esas actividades se suma la venta de tejidos del tule y la recolección del chiltepín, una especie de chile silvestre muy picante.

El asentamiento Mascogo es considerado como el primer pueblo negro libre en América, desde 1738, al inicio de 1817, sumaban 800 individuos. Después de la Independencia de México, la frontera norte se contrajo cada vez más al sur y los Mascogo (por hablar muscogee o maskoki, lengua Creek),  así como los amerindios Seminol (Simano-li, de cimarrón -meridional o desertor-  al no tener en sonido erre en su idioma, derivó en cimalón o cimanol) y Kikapú (Kikaapoa: que andan por la tierra), formaron un grupo para soportar los embates de sus perseguidores: traficantes de esclavos, avanzadas de colonizadores y otros enemigos.

A fines del siglo XVII y principios del XVIII muchos esclavos de Carolina del Sur, Georgia y Alabama se refugiaron en la Florida, donde gozaron de libertad y algunos se alistaron como soldados al servicio de la corona española; sin embargo, debido a la cesión de la Florida a los británicos, los Mascogo se dividieron, unos viajaron a Cuba y otros permanecieron en Nueva España, donde fundaron comunidades cimarronas y establecieron alianzas militares y comerciales con los  Seminoles, un grupo de indígenas de composición étnica heterogénea, procedente del territorio Creek.

 

 

Kikapú.

Ante la indefensión de la frontera, entre los años de 1817 a 1818, Estados Unidos emprendió la guerra contra los Seminol y Mascogo, con un doble objetivo: recapturar esclavos y apoderarse de tierras. A estos grupos la Corona les había cedido territorios fértiles bajo condición de que detuvieran el avance de los colonizadores ingleses e irlandeses hacia el territorio hispano en América; pero cuando se perdió esa parte de México, los amerindios y afroamericanos quedaron indefensos ante EUA, por lo que debieron emprender de nuevo la huida; al llegar a Coahuila se les dio posesión de tierras después de jurar fidelidad a la República Mexicana, y prometer apoyar en la defensa de la frontera, por lo que se les proveyó de armas y parque.

Esto permitió al gobierno mexicano tener alrededor de 200 hombres armados que guardaban la zona de la invasión de estadounidenses. Los jefes de los tres grupos formalizaron el “Acuerdo de Colonización del 15 de octubre de 1850”, que firmaron: Gato del Monte, Papikua y Juan Caballo o John Horse, por os Seminol, Kikapú y Mascogo, respectivamente, y por el Gobierno de México el inspector general del Este, coronel Antonio M. Jáuregui, en la base militar San Fernando de Rosas, hoy Zaragoza, muy cerca de la frontera de Eagle Pass.

En 1856 se rompió la alianza Kikapú – Seminol – Mascogo y en 1859, al morir Gato del Monte, los Seminol aceptaran la invitación del gobierno de EUA para retornar a ese país; en tanto, los Kikapú, que desde 1832 tenían la doble ciudadanía y cruzaban libremente la frontera, permanecieron en Coahuila. Ese año de 1856, Maximiliano reconoce a los Kikapú y Mascogo la posesión de tierras en El Nacimiento (7,022 ha), Manuel Arista la mantiene lo mismo que Benito Juárez y en 1899, Porfirio Díaz entrega a los Kikapú los títulos de posesión bajo condición de proteger la conservación del territorio mexicano.

Mascogo.

Por ese tiempo EUA ofreció a los Mascogo la ciudadanía si se enlistaban en los Indian Scouts (exploradores indios), primero aceptaron 10 hombres, luego el número aumentó, aunque nunca llegó a cien y se sabe que sirvieron valientemente, pues cuatro mascogos recibieron medallas de honor. No obstante, en 1871, el departamento de asuntos indígenas y el ejército estadounidense negaron su responsabilidad ante los Mascogo; el primero no aceptó ubicarlos en una reserva indígena, aduciendo que carecen del derecho de sangre, pues no hubo indígenas negros en América.

El ejército se basó argumentó que como sólo los hombres habían tomado las armas y servido al país, las mujeres, infantes y hombres viejos no tenían derecho válido, por no haber prestado servicio militar; los Mascogo que habían servido en los Indian Scouts se vieron ante la alternativa de abandonar a sus familias o encontrar nueva ubicación. Hacia 1914, la mayoría de Mascogo habían regresado a Coahuila, donde tratan de seguir sus ancestrales costumbres y celebraciones, pero sin la doble ciudadanía como los Kikapú, porque para EUA, los Mascogo no gozan de los derechos de nacimiento que tienen los nativos americanos.

Por acuerdo del 25 de octubre de 1919, Venustiano Carranza cede a los Kikapú los terrenos de El Nacimiento, en propiedad y en 1937, Lázaro Cárdenas les dota con un ejido de 4,800 ha para la cría de ganado, ratificó las 7,022 ha y revalidó su derecho consuetudinario a la cacería del venado. Los Kikapú mantienen los lazos de unión con sus parientes de Kansas, Oklahoma y Texas, así como sus vínculos religiosos, la autonomía en su gobierno y la toma de sus propias decisiones, para los Kikapú sus tierras en Coahuila son sagradas y en invierno reciben a sus hermanos de EUA para celebrar cacerías rituales, misas, ofrendas a sus dioses y danzas.

Vale anotar que los Kikapú no revelan el nombre de su padre, es secreto y se trasmite de padre a hijo, de acuerdo con el jefe Chakooka Anico Manta (Todos contra mí y ganaré), un amable hombre alto, delgado, de facciones como talladas en madera y una larga cabellera, un Kikapú no habla de las ceremonias religiosas y nos advirtió que las mujeres no pueden participar durante el periodo menstrual, porque corren riesgo de morir si lo hacen y que esos días se protegen en las “casas sagradas”, construidas para ese fin con varas de cedro y tule. Chakooka Anico Manta falleció de 83 años en septiembre de 2014, el Congreso de Coahuila guardó un minuto de silencio en su memoria. 

La aldea Mascogo con unas 70 familias se ubica en El Nacimiento, a 32 km de Múzquiz, mantienen una mezcla de tradiciones, que se denomina afromexicana, pero conjuga las de su lugar de origen en África, las de sus dueños anglos, de sus aliados Seminol y Kikapú, así como las del noreste mexicano. Los Mascogo se asumen como mexicanos y festejan dos fechas: 19 de junio, liberación de la esclavitud en EUA y 31 de agosto, por su asentamiento y libertad en México, fiestas que comparten con el visitante, que es bienvenido y recibido con su música, su comida y buen humor.

Las Mascogo se esfuerzan por mantener sus tradiciones, como Gertrudis Vázquez, la mamá grande Geshu, cuyos labios ya dejaron de transmitir la historia oral de su pueblo, de su lucha por la libertad. La mamá grande Geshu narraba, que sus ancestros escaparon de las plantaciones de Carolina del Sur y de Georgia, buscaron refugio en la Florida y “gracias a Dios” llegaron a México; cuenta que su esposo, “hijo de negra y mexicano”, era muy atractivo, porque “los cuarterones son muy guapos”. Se la consideraba la mejor cocinera Mascogo y en 1993, fue invitada a cocinar en la Casa Blanca, ella guardaba celosamente un diploma, constancia de que ese día preparó orejones fritos con pan de maíz.  La matriarca se preciaba de tener línea directa con los primeros Mascogo y que sus padres, Pain y Gore, le contaban de la huida, para “no ser nunca esclavos”. Orgullosa de su origen, afirmó: “Soy negra Mascogo y mexicana: “aquí nací, aquí me crié, aquí quedé huérfana, aquí me casé, enviudé y aquí vivo”, en Múzquiz, Coah.

Las historias Kikapú, Seminol y Mascogo, no son únicamente las de sus luchas por la libertad, sus tradiciones y experiencias migratorias, son también retazos de la historia de nuestro país y de las batallas por el territorio nacional en la frontera norte de México.

Fuentes 
– Martínez Gabriel Izard. “De Florida a Coahuila: El grupo Mascogo y la presencia de una cultura afrocriolla”. Humania del Sur. Año 2, Nº 3. Julio-Dic., 2007: 13-24
– Hancok Ian. The Texas Seminoles and Their Language. Austin: University of Texas Press, 1980. 
– Hancok Ian. Maroon societies and Creole languages. In Maroon Cultures, 1992 Festival of American Folklife. Washington, D.C.: Smithsonian Institution. 1992. 
– Moral Paulina del. De Florida a Coahuila: la historia de los mascogos y Seminole Blacks, en: Carlos M. Valdés, Rodolfo Gutiérrez & Adolfo Falcón Garza (coordinadores), Lectura de Coahuila. SEP. Saltillo, Coah. México 1999: 120-132.  

mirtea@ucol.mx

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