ARTÍCULO: Gestión de la vida emocional

Por Mtra. Ruth Holtz* 

Se ha vuelto popular el concepto de “inteligencia emocional” desde que Daniel Golemann publicara su libro. Para la psicoterapia de la vida emocional que trabajamos esta enseñanza es complementaria a la visión reichiana de la unidad de las emociones con nuestro cuerpo y su bioenergía. Es fundamental recordar sobre estos temas de los que ya hemos escrito tanto que nuestra vida emocional y nuestra salud van de la mano. Y que si queremos una vida estable, armónica y de realización requerimos saber manejar nuestras emociones, que son un instrumentos tanto de conocimiento de uno mismo como de nuestro entorno. Las emociones nos dicen “cómo estamos y qué queremos” y nos dicen “cómo está nuestro entorno y cómo se siente”. Es decir, nuestras emociones son un instrumento de percepción, que captan mensajes internos y externos, aún más rápida y eficientemente que el raciocinio. También somos expresivos y en ese sentido las emociones son conexiones con los demás. Afectan la manera en la que nos relacionamos con otros.

La máxima preocupación de las personas es esta última cualidad de nuestras emociones: que afectan nuestras relaciones. Pero no es la única ni la más importante, sino el ser un órgano de percepción que “sabiendo qué hacer” con la información que nos proveen podemos “gestionar” una mejor y más sabia manera de expresarlas. Esto ya es un arte que hay que cultivar. Tiene ciertos requisitos a cubrir antes de poder decidir expresar con habilidad y estrategia nuestras emociones para lograr ciertos objetivos concretos. Se trata de generar hábitos proactivos, en vez de ser reactivos. Se trata de saber “escuchar nuestras emociones” y tramitar las necesidades expresadas de la manera más inteligente. Ignorar nuestras emociones enferma. Expresarlas es necesario, a veces sólo basta con expresarlas hacia nosotros mismos, pues no siempre se puede hacerlo hacia los demás. Y como cuando escuchamos a alguien, debemos hacer algo al respecto. Ignorar nuestra vida emocional nos puede desequilibrar. Pero si mantenemos nuestra conexión y sabemos también compartir nuestras emociones con los demás, no necesariamente es disruptivo.

Con mucha frecuencia nuestras emociones nos revelan verdades sobre nosotros o sobre los demás que no es fácil de enfrentar. Pero al fin y al cabo como todo en la vida, debemos decidir qué hacer. Cuando evitamos la decisión de “desconectarnos” de lo que sentimos y preferimos seguir un camino que no respeta lo que nos pasa o lo que percibimos ni lo toma en cuenta, empezamos a generar estrés, descontento, vacío, frustración y con el tiempo eso puede volverse una bomba que explote como enfermedad, como trastornos de índole psicológica o nos lleve a generar conflictos en nuestras relaciones o a evitar solucionarlos.

La gestión de la vida emocional es la habilidad para tomar las decisiones adecuadas, poder manejar el conocimiento adquirido por nuestra percepción emocional para generar situaciones, crear las posibilidades para conseguir lo que queremos cuando es genuinamente una necesidad interna o un objetivo consciente que mejorará nuestra vida y nuestras relaciones.

Muchas veces eludimos los conflictos, cuando en muchas ocasiones podríamos lograr acuerdos, generar opciones de entendimiento mutuo y satisfacer nuestros deseos. Nuestras emociones siempre pueden ser un instrumento eficaz para lograr nuestros objetivos de una manera más efectiva.

En la psicoterapia vamos de reconocer nuestras emociones, sanar nuestras heridas, desahogar lo que nos prohibimos sentir y experimentar y finalmente, es necesario crear una vida en que las emociones puedan compartirse, los deseos realizarse y los conflictos resolverse. Y nuestras emociones son nuestras aliadas para hacerlo mejor si sabemos manejarlas. Para ello consulta a la psicoterapeuta.

* Tels. 3 30 72 54/044312 154 19 40            Correo: biopsico@yahoo.com.mx

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