El Comentario - Universidad de Colima

ARTÍCULO: La educación colimense en el siglo XIX

Por Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda  

El proceso educativo en Colima al inicio del siglo XIX, se enfrenta al problema de la escasa sistematización de la información en materia de instrucción pública. La situación se agrava cuando se trata de la instrucción privada y adquiere proporciones enormes en relación con el concepto de educación en toda su amplitud, que se define como integral.  Educación es un proceso intencional y también espontáneo, que se concreta en la intercomunicación realizándose mediante la socialización; la educación forma la inteligencia, desarrolla capacidades y habilidades mentales y físicas.

Dediquemos unas líneas a dos verbos que actúan recíprocamente en el acto educativo: Educare: acción realizada por quienes nutren, cuidan y acompañan al educando; Educere, el sujeto es el actuante de la acción; De lo anterior se deduce que es un proceso de Enseñanza / Aprendizaje, que en sentido pedagógico se concreta en la transmisión y adquisición de conocimientos, conductas y comportamientos. Ya que el Aprendizaje, de aprehendere -coger, atrapar algo para que no se escape- le corresponde al educando, con toda la ayuda posible del educador, para saber Conocer, Ser, Hacer y Convivir, los cuatro pilares de la enseñanza (Jacques Delors, informe ante la UNESCO, 1991).  La educación debe estar dirigida al desarrollo integral de la persona en su esencia, ya que forma su eidos: forma o aspecto del espíritu, inteligencia, valores, cultura, en fin, su esencia filosófica y de vida; sin embargo, surgen interrogantes al respecto, de cómo, en qué grado y más, relativas a la educación.

Dejemos por ahora ese tema y retomamos el que nos ocupa, no sin recalcar que eidos conceptualiza la forma, los aspectos del medio en que se vive, al que se pertenece, en lo sensible e intangible y que aprehendemos esa realidad mediante la acción intelectual y física que denominados educación. Retomemos la educación colimense en el siglo XIX, la escolarizada por ahora; en 1830, había dos escuelas gratuitas en la ciudad de Colima, una pública con fondos municipales, y una privada a cargo de la parroquia. En opinión de los colimenses, la educación pública necesitaba más atención, se encontraba «mal servida» y «atendida por hombres ineptos» (León, 1995; 34, 35). Pasa el tiempo y en 1852, se contaban seis escuelas públicas, tres para niños y tres para niñas (León, 1995; 86) y en 1869 Evans (1971: 153) escribe:  «visité las escuelas públicas en Colima [ … ] las encontré muy concurridas, y a los alumnos,  de muy buen comportamiento e inteligentes.  Las escuelas son gratuitas para todos y parecen estar bien valoradas».

En 1900, el número de escuelas para niñas supera ligeramente las de niños, gracias a varios factores, que suponemos, iniciaron con el proyecto de educación diseñado para la mujer, de Ramón R. de la Vega, quien, durante su mandato funda la Normal para mujeres y el Liceo de Varones (Aguayo, 1973). Podemos pensar que para de la Vega, “educación doméstica” consistía   en que la mujer adquiriera conocimientos útiles e indispensables para su desempeño en la vida como ama de casa y en sociedad, de ahí los tres rubros de su proyecto, conservador y progresista a la vez, de educación: moral, física y económica, con el cual se lograría formar mujeres ilustradas y piadosas, apta para «cumplir su santa misión de hacer feliz el hogar, gobernar la casa y educar a sus hijos»
(Castañeda, 1988: 167).

La educación privada estaba en manos de la iglesia católica, La Caridad era una escuela para niños y niñas pobres y el Colegio de la Purísima, dedicado a la enseñanza elemental de niños y niñas que, por sus posibilidades económicas, podrían continuar sus estudios en el Seminario, en la Escuela Normal o trasladarse a las ciudades de México o Guadalajara, para finalizar su formación en el nivel superior.

En 1906, se agrega a esta lista el Colegio del Sagrado Corazón, luego La Paz, nombre que se le da en 1916, en ocasión de la visita de Venustiano Carranza en Colima; el objetivo era formar profesoras católicas y niñas en la escuela anexa del nivel elemental. Esta escuela estuvo dirigida por profesoras normalistas que llegaron a Colima entre 1907 y 1916, Ma. Guadalupe Melenche y María Gertrudis Carriedo Méndez, egresadas de la Escuela Normal de Guadalajara y la de México, respectivamente (ICC, 1976: Reseña; LVC, no. 6, 1955: 8). Al iniciar la guerra cristera, en 1926, La Paz se ve obligada a cerrar la Normal para profesoras, en tanto que la de niñas continua en la clandestinidad.

Respecto a la educación femenina en Colima, en el siglo XIX existe una diferencia entre la educación de las mujeres en las distintas clases sociales; hasta donde hemos investigado, las de clase económicamente alta no asistían a escuelas públicas, la mayoría recibía clases privadas; la instrucción de Matilde, hija del cónsul alemán Christian Flor, estuvo a cargo de una institutriz y un seminarista acogido por mi abuela, Stephanía»  (González,  2004). Estas mujeres recibían una educación esmerada desde la concepción de su formación de esposas, madres y amas de casa; estudiaban música, aprendiendo a tocar el piano u otro instrumento musical, pintura, bordados, tejidos de dos agujas, gancho y lanzadera o frivolita. Ese bagaje de instrucción que se contempla como labores femeninas que permitirían  a la mujer  llevar el  mayor  lucimiento  y mejor  organización  de sus  hogares (Macedo, 2004).

Hasta bien avanzado el siglo XX, las mujeres en general, ingresaba a las escuelas elementales y de secundaria o comercio -introducción a la contabilidad y taquimecanografía-; los datos indican que en muchas se consideraban cursos específicos para mujeres u hombres, bajo los estereotipos de género, los femeninos incluían costura, cocina, etcétera. En la escuela La Paz, bajo el nombre de J. Jesús Ursúa, actualmente Instituto Cultural Colimense, la Formación familiar era «… una de las más interesantes, y sobre todo la más deseada por todas”, posiblemente gracias a que la disciplina se relajaba, dando lugar al esparcimiento (LVC, No. 2, 1955: 4).

Otra fue la educación de la clase obrera, mano de obra en las industrias en Colima, notemos la percepción de Chavero (1904; 91­92), en 1864,  acerca   de ellas en Colima:   «las jóvenes obreras   […] limpias, elegantes, coquetuelas, trabajan y sonríen […],   se han hecho superiores  a su sexo bastándose  a sí mismas” Evans  (1871:151,152) anota que «un  número  de estas niñas  fueron recientemente  a California a mejorar su condición” y  que muchas otras mujeres desean “seguir sus pasos”,  una ambición legitima de formarse y adquirir conocimientos y cabe el subrayado de Chavero, en Colima la mujer no lleva vida de reclusa»  (1904; 94­96).

Del panorama que contemplamos de mediados del siglo XIX al inició de la rebelión Cristera, se desprende un avance educativo para el trabajo en las industrias, por lo que cabe preguntar cuál fue la causa del estancamiento de ese proceso educativo, que apuntaba hacia la superación de la mujer colimense y que vemos reanudarse con la fundación de la Universidad de Colima.

Fuentes y bibliografía 
– Aguayo. Figueroa Ismael (1973) Colima en la historia de México: La Reforma. Talleres gráficos de México.
– Castañeda, Campos Carmen Silvia (1988). “Intelecto Débil y corazón piadoso: educación femenina según Ramón R.  de la Vega”, en: Romero de Solís J.M. (dir.).  Los años de crisis de hace cien años.  Colima.  1880-1889. Universidad de Colima/ Ayuntamiento de Colima.
– Chavero Alfredo (1904).  “El Manzanillo, el Colima”, en: Ortoll Servando, compilador (1987). Por tierras de cocos y palmeras. Apuntes de viajeros a Colima, siglos XVIII a XX.  Instituto Mora. CEO­ SA. México.
– Evans S. Alberto (1871). “Una visita de gala a Manzanillo y Colima”, en: Ortoll ( 1987).
– González Flor Jorge (2004). Nieto de Christian Flor y Stephania Meillón (96 años), entrevista grabada en Colima.
– ICC, Archivo del Instituto Cultural de Colima.
– León Morales Ramón (1995).  La instauración de la Educación Pública en Colima, pugnas y conflictos (1830-1876).  Tesis Maestría en Historia.   U.de C. Colima, México.
– Macedo Gregorio (2004), entrevista grabada en Colima.
– LVC – La Voz de mi Colegio, 1955, época 1, año 11. Órgano mensual de las ex alumnas del Colegio J.  Jesús Ursúa Aldama 232. Colima.  México.

mirtea@ucol.mx

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