El Comentario - Universidad de Colima

ARTÍCULO: La “güija”

Por Marcial Aviña Iglesias

Dedicado a Homero Ortega

Me han estado insistiendo por redes sociales que les narre la anécdota de la Ouija durante la infancia. De entrada, les comentó que el tablero no era mío, ni de nadie de mi familia, le pertenecía a la tía de Homero, es más, yo la descubro una tarde de aburrimiento en el verano de 1982, cuando al ocurrente de Homero le llegó la inquietud de jugar con ella. Como recordarán, por aquellas épocas las vacaciones eran larguísimas, tanto que ya habíamos agotado las historias de acción con los muñecos de Kid Acero, los vaqueros Exin Boys habían fumado la pipa de la paz con los apaches y las caricaturas de “Los Pitufos” en el programa del Tío Gamboín las estaban repitiendo, entonces decidimos charlar con los espíritus y no nos tocó ningún chocarrero, fue nada más y nada menos que el pachuco de oro, sí, el mismísimo Germán Genaro Cipriano Gómez Valdés y Castillo, mejor conocido por la raza como Tin Tan, a quien le preguntábamos un titipuchal de cosas, como quién sería campeón en el Mundial España 82, cuál sería la suerte de Hugo Sánchez en el Atlético de Madrid, si nos tocaría ir a vivir de grandes en la Estación Espacial MIR, o las chamacas con la que nos casaron a huevo en la kermés del jardín de San Pancho serían nuestras esposas de verdad; si Luis Miguel y Timbiriche se convertirían en estrellas de la canción, si nuestros padres nos darían permiso de ir al Cine Princesa a ver “ET, el extraterrestre”, entre otros asuntos infantiles de suma importancia para nuestra edad.

La güija era conocida en sus inicios como “El tablero parlante”, su invención -sí, fue creada por el ser humano, no apareció por obra del chamuco ni de “La mano peluda”- se le atribuye a la Kennard Novelty Company, pero según la Wikipedia -lugar donde se resume la gran sabiduría del Siglo XXI-, existe una patente registrada el 10 de mayo de 1880 declarando al estadounidense Elijah Jefferson Bond como su inventor y a Theresa Maupin y Charles W. Kennard como titulares, quienes probablemente retomaron las planchettes que utilizaban los espiritistas para hablar al más allá. Se cree que el nombre tiene su origen de una palabra egipcia que significa “buena suerte” o proviene de unir dos frases del francés y el alemán cuyo significado es “si”.

Durante los noventas, ya lo bastante peludotes y movidos por el morbo de series televisivas como “Misterio en su casa” y “La Hora Marcada” en casa de Lichis, la volvimos a jugar, esta vez para contactar a Freddie Mercury, quien nunca se pudo comunicar con nosotros, o sea, en el ámbito de las almas cada quien habla su idioma, es por es que solo un soldado de la época cristera que siempre se encabronaba y hacía que el puntero en forma de corazón como el de la baraja inglesa, rechinará sobre la madera del tablero tan ojete que hasta nos daba ñáñaras y nos mandaba a la tiznada quedándose fijo; tiempo después el celuloide con sus películas de terror le creó una oscura fama, de donde se desprenden todos esos miedos hacia el rectángulo de madera con el alfabeto y los números que supuestamente enlazan a los vivos con los muertos.

 

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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