ARTÍCULO: La influenza española de 1918 en las páginas de “El Informador”, de Guadalajara

Por Francisco Javier Delgado Aguilar
Centro Universitario de Investigaciones Sociales de la Universidad de Colima 

“La historia es, en esencia, una ciencia del cambio”.
Marc Bloch, La extraña derrota. Testimonio escrito en 1940
Crítica, Barcelona, 2009, p. 122

En 1940, Marc Bloch (uno de los historiadores franceses más importantes del siglo XX) recurrió a la historia para comprender la aplastante derrota de Francia ante Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Bloch sabía que el estudio crítico de la historia era primordial para encarar uno de los momentos más dramáticos, violentos y obscuros de Europa. No miraba al pasado con nostalgia y tampoco buscaba una guía para evitar los errores de sus antecesores, pues sabía que los hechos y fenómenos históricos no se repiten nunca de forma idéntica. Bloch entendía la historia como una ciencia del cambio y acudió a ella para explicar, comparar y contrastar las causas y efectos de los procesos sociales, identificar similitudes y diferencias y por esa vía, comprender el presente y proyectar el futuro.

Esta forma de concebir la historia es pertinente sobre todo durante crisis y catástrofes como la que vivimos en la actualidad a raíz de la pandemia que ocasionó la propagación del virus conocido como Covid-19. Esta no es la primera gran pandemia que ha sufrido la humanidad y tampoco será la última. Cada una ha sido particular en sus características, causas y consecuencias y es imprescindible estudiarlas históricamente para otorgar sentido y significado al momento que vivimos y saber cómo podemos construir un futuro mejor y diferente.

La pandemia de influenza conocida como “gripe española”, que asoló el mundo en 1918 es uno de los referentes históricos más cercanos y parecidos a la pandemia de Covid- 19. El impacto y las características de la “gripe española” se han estudiado en múltiples regiones del planeta y México no ha sido la excepción, aunque todavía se desconocen muchos de los rasgos particulares que la pandemia tuvo en nuestro país. Sabemos que la enfermedad entró por las ciudades del norte y los principales puertos comerciales, siguió la ruta de los ferrocarriles y se propagó gracias al constante movimiento de ejércitos revolucionarios. Es importante recordar que en aquel momento todavía se resentían los estragos de la revolución mexicana de 1910: hambre, bandolerismo, crisis económica e inestabilidad política, impedían que el gobierno actuará eficazmente en la contención de la epidemia y aumentaban la vulnerabilidad de la población a la enfermedad. El momento álgido de la epidemia se presentó entre octubre y noviembre de 1918. Se sabe que en la Ciudad de México fallecieron alrededor 7 mil personas y en todo el país cerca de 300 mil.

Mucho de lo que sabemos sobre el comportamiento de la “gripe española” en México se consignó en los periódicos de la época, que dieron seguimiento puntual al desarrollo de la enfermedad, las medidas de contención del gobierno y la respuesta de la sociedad ante el avance de la epidemia. Un ejemplo notable es el del periódico El Informador, que se publica en Guadalajara, Jalisco, y que contiene multitud de noticias sobre la “gripe española” y su impacto en la ciudad y el estado. Además de permitirnos conocer la forma particular en que la “gripe española” se manifestó en la región de Occidente, esta publicación abre una ventana a fenómenos que se presentaron tanto en 1918 como en el 2020 con la propagación de la pandemia de Covid- 19: circulación de rumores y noticias falsas; divulgación de medicamentos milagrosos que (supuestamente) curan la enfermedad y política errática de los gobiernos locales al momento de aplicar medidas de contención de la epidemia.

El Informador comenzó a publicar noticias relacionadas con la gripe española en los primeros días de octubre de 1918, cuando reportó brotes de la enfermedad en ciudades como Laredo, Matamoros y Piedras Negras. Conforme avanzaba octubre e iniciaba noviembre, en medio de rumores y noticias contradictorias, el periódico consignó la llegada del virus a ciudades como Puebla, Aguascalientes, Guanajuato, Zamora y la capital del país. Finalmente, el 15 de noviembre se informó de casos en Ocotlán y el 16 se anunció que la epidemia había llegado a Lagos de Moreno. Desde este momento, la atención del periódico se centró en Guadalajara y los pueblos y municipios de Jalisco. Pronto comenzaron a reportarse casos dramáticos, como el ocurrido en Ixtlahuacán, donde los doce integrantes de una familia fallecieron a causa de la influenza.

Curiosamente, cuando se trataba de Guadalajara, el periódico disminuía la presencia e impacto de la epidemia. Así, aunque las defunciones aumentaron notablemente en los primeros días de noviembre (con un total de 272 fallecidos), se aseguraba que desde agosto, del total de 1,445 muertos, sólo 4 habían sido contagiados por la influenza y el resto por bronco-neumonía y neumonía.

El Informador también difundió algunas acciones de las autoridades para enfrentar la epidemia: limpieza de lugares públicos como calles, plaza, mercados y jardines y envío de médicos, pasantes y estudiantes de medicina a los pueblos de Jalisco para “combatir la influenza”. Sabemos que en esta tarea, José Luis Vázquez se contagió y debió permanecer en el pueblo de Jesús María. Por su parte, el pasante Manuel Fernando visitó Zapopan, Estipac, Jocotán, Zoquipán, Atemajac y Huentitán, lugares en los que la influenza “hacía grandes estragos”.

Sin embargo, la epidemia no cedía, sobre todo en la capital, lo que llevó al Consejo Superior de Salubridad a contemplar el cierre temporal de “todos los lugares de reunión como cines, teatros y escuelas […] con objeto de impedir la propagación de la influenza española que amaga esta ciudad”. Al final, tal y como informó el periódico, el Consejo canceló el acuerdo después de reunirse con el gobernador, el secretario de gobierno y el presidente municipal de Guadalajara. Según El Informador, la resolución fue “muy prudente […] pues propiamente, en Guadalajara, hasta hoy, no existe una epidemia de carácter eminentemente contagioso”. Esto era así porque el número de defunciones no era “alarmante ni permanente” y la mayoría de los fallecidos “proviene de bronco-neumonías y contadísimos casos de la llamada influenza española”. En todo caso -continuaba el periódico— las autoridades debían ser prudentes con la aplicación de dicha “medida extrema porque son muchos los perjuicios que vienen a la ciudad con estas anormalidades que arruinan el comercio y matan la vida de la urbe”.

El Informador también divulgó información sobre “medidas preventivas y curativas para combatir la actual epidemia llamada influenza, gripa, trancazo o influenza española”. Entonces como ahora, se recomendaba a la población evitar lugares concurridos, aislar a los enfermos y redoblar las medidas de higiene en las viviendas. El tratamiento, publicado por el Ayuntamiento de Guadalajara y la Cámara de Comercio, contaba con la aprobación del Consejo Superior de Salubridad y de “varios honorables Médicos y farmacéuticos de esta ciudad”.

Establecimientos farmacéuticos y médicos particulares también ayudaron en el combate a la epidemia. Un médico de apellido Ayala, por ejemplo, instaló un “puesto de socorro” para atender y “dar gratuitamente algunas medicinas” a los “enfermos pobres” y “menesterosos en los momentos en los momentos en que se desarrolla la epidemia de la Gripa”. Con mayor sentido comercial, la farmacia “Moderna” aprovechó el momento para ofrecer a médicos y enfermos que vivían alejados del centro de la ciudad, el envío a domicilio de medicinas. Para este servicio, contaban con “cuatro empleados dotados de sus respectivas bicicletas y un automóvil listo para cualquier envío urgente de medicamentos que se solicite, durante las horas hábiles del día”.

¿Qué medicamentos ofrecían las farmacias y boticas de la época? Los que se anunciaban en el periódico iban desde las cápsulas y jarabes hasta los polvos, jabones y lavativas. Algunos se anunciaban como útiles para prevenir la enfermedad y disminuir el riesgo de contagio, otros prometían aliviar los síntomas de la enfermedad y no faltaba incluso el que garantizara curar la “gripe española”. En la droguería “Continental”, por ejemplo, se vendía el sapoformol de Carlo Erba, de Milán, “poderoso desinfectante” que “no tiene mal olor ni causa trastornos”. Para precaverse de la influenza también  había jabones medicinales “de bicloruro y cianuro de mercurio, ácido fénico y creolina Pearson”. Otra opción eran los llamados “polvos coricifugos, que tiene entre sus componentes los mejores desinfectantes de la mucosa nasal, que como se sabe, es casi siempre la puerta de entrada de la infección”. Si lo que se buscaba era “salvar a los niños de la epidemia” se ofrecía un jarabe hecho con “rábano yodado, extractos fluidos de kola y quina y una pequeña cantidad de arsénico”. Finalmente, si el contagio ya había ocurrido, se podía recurrir al “laxativo contra-influenza, el único que cura la influenza española”. Este remedio también se vendía en la droguería “Continental”, cuyos propietarios, seguros de su eficacia, ofrecían una “gratificación” de 100 pesos si los enfermos que la usaban no se aliviaban en el transcurso de 24 horas.

Aunque este panorama es apenas un atisbo de lo que ocurrió en Jalisco durante los meses más críticos de la “gripe española”, nos permite poner en perspectiva la situación por la que atravesamos en la actualidad y sopesar algunas diferencias y similitudes entre la pandemia de influenza de 1918 y la de Covid- 19 en 2020. Llama la atención, por ejemplo, el peso de los intereses comerciales que impidió la declaración de cuarentena en la ciudad de Guadalajara, así como la tendencia del periódico a restar importancia al impacto de la “gripe española” en la ciudad. Pueden destacarse también las noticias y rumores contradictorios que consignó El Informador, así como la publicidad que se otorgó a medicamentos que prometían curar la enfermedad o evitar el contagio. En fin, tampoco deberían pasar por alto las iniciativas solidarias de médicos que atendieron a los enfermos que no podían pagar un tratamiento o viajaron a poblados lejanos y aislado para tratar de frenar el avance de la pandemia. Restituir este episodio a la memoria colectiva nos permitiría entonces, enfrentar con mejores estrategias los retos del presente y proyectar un futuro viable para nuestra sociedad.

Referencias:

– El periódico El Informador se puede consultar en el sitio de la Hemeroteca Digital Nacional de la UNAM: http://www.hndm.unam.mx/consulta/publicacion/visualizar/558a32a17d1ed64f16881967

Ángel Limón, “Los debates del Congreso y la pandemia de gripe “española” de 1918 en México”. Disponible en: 
https://blogatarraya.wordpress.com/2020/05/03/los-debates-del-congreso-y-la-pandemia-de-gripe-espanola-de-1918-en-mexico/

– Miguel Ángel Ramírez Jahuey, “La influenza española de 1918 en México”. Disponible en:  https://www.inehrm.gob.mx/es/inehrm/La_Infueza_Espanola_de_1918_en_Mexico

Print Friendly, PDF & Email
Etiquetas
Sin Comentarios

Deje su Comentarios