ARTÍCULO: La lealtad

Por Marcial Aviña Iglesias

Escribir sobre la lealtad, en tiempos donde hay quienes hasta venden a su jefecita por un teléfono celular Samsung Galaxy, ¡Weeey, ahora imagínense qué pedirán por las hermanas!, ¿a poco no te agüita que tus cuates queden ir a una hora y llegan hasta veinte minutos más tarde?, ¡bueno, si es que llegan! Dice el diccionario, sí, ese libro extra que siempre lo llevabas durante toditita la primaria, para que la maestra -también, esa que siempre esperaste a que te diera un beso por hacer los palitos parejitos, y nunca te lo dio, pero sí te puso un garabato colorado, ¡pinche Chabelo embustero! -, matará el tiempo poniéndote a buscar palabras extrañas, mientras ella se leía la Cosmopolitan, ah, pero eso sí, la chaviza estaba enriqueciendo su vocabulario. ¡No marches, de qué me sirvió, si escribo de esta forma!

En ese libro de cuya editorial no quiero recordar, se definía a la lealtad como un sentimiento de respeto y fidelidad a los propios principios morales, a los compromisos establecidos o hacia alguien, es decir, cumplir con ciertos acuerdos entre dos o más personas ¿neta? Entonces cuando llevas tu pantalla Smart TV al técnico, que te sale con el choro de que está bien enguasado, que el jueves de la semana que entra te la va a dejar bien al tiro, y la verdad es que, en la fecha señalada, pos no, quesque no le llegaron las piezas, además, las pantallas son desechables, como todo en la actualidad, sí, igual que su trabajo ruco huevón, ¡grrrrrrrr! Y así como este, existen un titipuchal de individuos que no cumplen con su palabra, es más, hasta quien firma lo que escribe, en más de una ocasión le he fallado a alguien. Motivos, justificaciones, pretextos hay muchísimos, inventados o reales, pero el hecho es que no cumplieron con su palabra, es fácil prometer algo, pero cumplirlo, a veces no.

Mis respetos para esos que te piden prestada una feria y te la pagan en la fecha que ellos acordaron, es más, hasta se agradece, pues en la actualidad uno es muy idiota si presta dinero, pues al final con los adictos, sí, esos que tienen un titipuchal de drogas en tiendas departamentales, changarros de la esquina y anexas, hasta acabamos peleados y de pinche ojete no te bajan a pesar del favor que les hiciste. También es respetable a quien le confiaste un secreto –que de entrada ya lo comprometiste al contárselo– y no lo da a conocer. Queridos lectores, eso para mí es la lealtad y no los estúpidos dobles cara que te saludan por delante y te patean por detrás.

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

 

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