ARTÍCULO: La muerte, una situación límite

Por Ruth Holtz

Ahora que estamos presenciando enfermedad y muerte a nuestro alrededor se vuelve urgente encontrar un sentido a todo esto. De por si la muerte nos abre al misterio, a la vulnerabilidad, a dolor, pero sobre todo nos cimbra acerca de qué sentido tiene la existencia y para qué estamos aquí. También puede hacer que nuestras convicciones caigan en mil pedazos, pues podríamos quizá cuestionar a Dios, ¿Por qué esta persona tenía que morir? ¿A dónde se fue? ¿Hay vida después de la muerte? Sea como sea nuestra realidad cotidiana es cimbrada, si es una persona cercana nuestra vida puede ser obligada a cambiar. Además del dolor de la pérdida y la vivencia del duelo que puede movernos muy profundamente por dentro.

En la psicoterapia puedes encontrar un espacio para desahogarte, para vivir adecuadamente tu duelo, pero también para tomar esta vivencia como una oportunidad de poner en perspectiva tu vida. Y es que solemos vivir “como si” fuéramos eternos: dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy, no valoramos a nuestros seres queridos y los disfrutamos mientras ellos y nosotros también, tengamos vida. Y es que vivimos ignorando ese límite tanto porque es incierto cuándo nos toque y no podemos estar viviendo angustiados de si nos toca en una hora, en un mes, en un año o en cincuenta. De todos modos siempre estamos lo suficientemente viejos y lo suficientemente jóvenes para que nos toque o no nos toque. No hay garantías. Y menos ahora cuando se pasea la enfermedad y la muerte frente a nuestras narices. Y entonces eso ha puesto en otra situación a muchos, que cambiaron su forma de ver la vida. Pero puede ser para bien o para mal o requerir apoyo psicoterapéutico por las pérdidas vividas o por el miedo que se puede acrecentar desmedidamente. Se vuelve una situación límite, es decir, que resulta crítica, nos deja en el borde final como si ya después de eso sólo hay un vacío, la incertidumbre, la nada, lo desconocido.

La muerte es, de hecho, “la” situación límite, la que pone límite a nuestra vida, a nuestros planes y a todo aquello que fuimos dejando para mañana y nunca hicimos. Vivir, reconociéndonos mortales nos concientiza acerca de lo valioso que es cada instante, de que el tiempo no regresa y que si bien el tiempo se extiende hasta el infinito, no así nuestra vida, que sí se acaba, al menos como la conocemos. Hay personas que viven como si tuvieran toda la vida del mundo y dejan de hacer cosas o de tener actitudes que si supiera que van a morir las harían y cambiarían. Es en vida que debemos demostrarle a nuestros seres queridos que los amamos. Es hoy y no mañana cuando debemos darnos el espacio para disfrutar de lo que ahora tenemos y no dejarnos proyectar al futuro incierto: “cuando tenga estas cosas o consiga aquello, entonces ya voy a…” y quizá la muerte nos alcance antes.

Las personas que acuden a psicoterapia tienen en muchas ocasiones problemas para “estar aquí y ahora” plenamente entregados al momento actual. “Se fugan” a otros tiempos. Hay quienes viven torturándose con lo que pasó, que sea como sea de terrible o de amable, ya pasó y no hay vuelta atrás para cambiarlo, para reclamar lo que “debió ser”. A veces no se puede ni reparar el daño, sino sólo renovarse, soltar, perdonar y resignarse.  Otros se proyectan al futuro: lo que mañana van a ser, a disfrutar, cuando ya adelgacen, cuando ya consigan ese empleo, cuando terminen de estudiar, cuando ya tengan pareja. Y hay cosas que podemos planear e incluso proponernos conquistar, pero otras no. Y de todos modos, sea como sea, será cuando sea y hoy podemos volverlo gris, lleno de restricciones, esperando disfrutar hasta que tenga con quién compartir, hasta que adelgace, hasta que tenga ese empleo. ¿Y si la muerte nos alcanzara antes?

Cuando en la psicoterapia trabajamos con el tema de la muerte, nos imaginamos nuestro funeral, nuestra lápida y lo que diría, el discurso o ceremonia religiosa que predicarían cuando nos entierren. Se trata de darnos cuenta antes de morir de todos esos “hubiera”. El hubiera es un tiempo inexistente, no se da en ninguna época, es sólo un juicio acerca de nuestras frustraciones, impotencias, errores, pendientes. No coleccionemos “hubieras” porque ese es un tiempo paradójico, que sólo sirve “parajodas”, es decir y perdonando la expresión, para jodernos la existencia. Reflejan lo que “hoy”, mientras exista el ahora, podemos todavía hacer. Le “hubiera” dicho a mi mamá que la amaba, hazlo hoy. “Hubiera” disfrutado más de esa época de la escuela, disfruta hoy. “Hubiera” dedicado más tiempo al trabajo, a los amigos, al estudio (depende de la situación de cada quien), hazlo hoy.

Pensar en que la muerte puede ocurrir en cualquier momento nos puede obligar a ser como las personas que se les dice: ¿qué harías si hoy fuera tu último día de vida? ¿O qué harías si te dijeran que tienes pocos días de vida porque tienes una enfermedad incurable? Ahora bien, ¿por qué no lo hacemos de cualquier modo, por qué necesitamos situaciones límite para comenzar a vivir intensamente, dar todo de nosotros, disfrutar al máximo, hacer todo lo mejor posible, decir “te amo” todas las veces que es preciso y más aún, etc. Cada uno de nosotros sabe qué es lo que elude hacer, esperándolo hacer quién sabe cuándo, como si tuviera toda la eternidad para decidirse y hacerlo. Muchas personas viven con arrepentimiento y culpa por no haber disfrutado de sus seres queridos que ya murieron o que llegan a una edad mayor o se enferman drásticamente y se arrepienten de lo que no hicieron y sienten culpa. El saber que la vida tiene un límite, al menos como la conocemos, nos obliga a apreciar los momentos y las oportunidades para vivirlas al máximo.

En la psicoterapia también tratamos el asunto de la muerte pues así salen a flote los “asuntos pendientes”: a quienes no hemos perdonado o pedido perdón, a quienes no pudimos despedir porque la muerte se los llevó repentinamente, etc. Si todavía podemos hacer algo debemos llevar a cabo esos asuntos y ya no dejarlos “pendientes”.

Estos días algunas personas estarán recordando a la muerte. Quizá estén enojados por los seres queridos que se fueron. Quizá lo eludan, para no entrar en contacto con el dolor y con los límites de nuestra existencia y lo frágil que es. Pero quizá algunos quieran tomar las cosas con más conciencia, entregarse más, vivir más intensamente y no dejar pasar lo que tienen que hacer ya. No dejen para mañana el tratamiento psicoterapéutico que necesitan hoy, no sea que mañana sea demasiado tarde. “Ya ahogado el niño, para qué tapar el pozo”.

 

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