Opinión

ARTÍCULO: Necesitas expresar tus emociones

Por *Mtra. Ruth Holtz

Muchas personas van por la vida como haciendo una manda de no dejar transparentar lo que sienten. Más aún si son emociones a las que llaman “negativas” como la ira, la tristeza o el miedo. La vida inevitablemente transcurre con sus altas y sus bajas y entonces “van llenando su copita”. Las emociones reprimidas hacen estragos en su salud. Pero no sólo eso, con el tiempo se vuelven impermeables a las emociones de los demás, impenetrables para ellos y poco a poco se van aislando de un contacto real “de corazón a corazón”. Después de todo “la copita” que es nuestro corazón puede anegarse tanto que podemos tener miedo que se desparrame por allí y ya no podamos recobrar el control. Ese puede ser un miedo real. Una persona que se reprime mucho un día explota o enferma.

Expresar nuestras emociones es necesario, pero hay que saber cómo, cuándo, con quién y en dónde. Es cierto que si estoy muy enojada con alguien que se me atravesó en el coche no tengo que perseguirlo e insultarlo, tampoco se trata que me ponga a llorar con quien me agredió o que pierda la compostura en una junta escolar o en el trabajo. Las emociones cuando “se tramitan” adecuadamente no se vuelven incontenibles. Pero contenerlas no quiere decir ignorarlas, ni tampoco hacer nada al respecto. A veces las personas piensan que si se aguantan, al rato se les pasa y ya se sienten bien. Creen que “por arte de magia” desaparecen. El cuerpo se hace cargo de ellas. Si es ocasional, el cuerpo se recupera, pero si se repite continuamente puede enfermar. Además hay temas y circunstancias que no puede uno pasarse aguantando, pretender estar como si nada hubiera pasado. Si recibes maltrato, violencia, si vives infeliz por la vida que llevas, si tienes ciertos problemas que no le ves la salida, si has vivido ciertas pérdidas… debes tener un espacio para desahogarte y un tiempo para pensar cómo ayudarte a ti mismo/a en esa situación que estás pasando.

Una emoción no es sólo una reacción ante lo que pasa afuera, es también un mensaje de nuestro interior pidiendo algo. Si siempre me pongo intolerante en el trabajo quizá no me gusta eso que hago. Quizá si me la paso triste, es que no soy feliz con la vida como la vivo. Tal vez si me enojo tanto ya es hora que hable con la persona con la que tengo una diferencia o un conflicto, y llegar a un acuerdo o a una separación.

Cuando nuestro cuerpo absorbe la emoción que no se expresa produce estrés, tensión y una reacción fisiológica compleja. A esto se le denomina “somatizar”. Cuando alguien somatiza sus emociones es más propenso a enfermar. Parece no sentir nada: “yo nunca me enojo”, “estoy bien”, “ya no puedo llorar”, “tengo opresión en el pecho”, “me falta el aire”, “tengo un nudo en el estómago”, etcétera. Todas estas son maneras en las que el cuerpo expresa la emoción porque por algún lado tenía que salir esa energía, esas hormonas, esa tensión, esa elevación de azúcar y del flujo sanguíneo. No podemos ignorar lo que sentimos. Necesitamos expresar nuestras emociones.

Es frecuente que las personas prefieren una falsa estabilidad, que la intensidad de la vida con sus subidas y bajadas, con sus tristezas y sus alegrías, con sus enojos y sus amores, con sus arranques y sus miedos. Quien tiene la valentía para llorar, reír, sentir miedo, amor y enojo es quien puede disponer del poder de percepción que tienen las emociones. Y es que cuando una emoción fluye libremente, deja de ser de duración interminable, comienza, tiene un clímax y luego un periodo de relajamiento. Y se vuelve una forma de percibir al que llamamos intuición.

Para estar en posibilidad de expresar nuestras emociones de manera armónica y proactiva (no reactiva) es necesario primero sentirlas, conocerlas de manera íntima, en un espacio privado. Si al oír nuestro interior a través de la atención a nuestra expresión emocional, entonces sabremos qué heridas están abiertas, qué situaciones hay que enfrentar o qué decisiones hay que tomar para devolvernos el bienestar, y para construir la vida que nos hace felices vivir.

* Psicoterapeuta. Teléfonos: 312 330 72 54 / 312 154 19 40         

Correo: biopsico@yahoo.com.mx

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