ARTÍCULO: ¿Sabes realmente qué quieres?

Por Ruth Holtz

De una u otra forma todos buscamos lograr lo que queremos, podemos luchar, sufrir, sacrificarnos para lograrlo, sin embargo, muchos no saben lo que quieren realmente. Aun los que pelean por ser libres para por fin hacer o ser lo que quieran, después de encontrarse en perfecto estado para realizarlo pierden sus objetivos o son tan efímeros que ya no son un motivo.

Saber lo que realmente quieres te da rumbo, es como una brújula apuntando a tu norte, a la dirección que quieres ir. Saber lo que realmente queremos no es sencillo porque no se trata de deseos de momento ni de objetivos a corto plazo, efímeros o superficiales. Se trata de aquello que movilice tu voluntad, aquello que te permite despertar cada mañana con la firme decisión de acercarte a lo que quieres de verdad.

Hay deseos pequeños y deseos grandes, hay deseos a corto plazo y a largo plazo, hay deseos superficiales y efímeros y los hay profundos y duraderos. ¿Cómo elegir bien? Lo importante es saber que no todo es cumplir uno sus caprichos. Que a algo venimos a este mundo o si no debemos crear ese algo y que eso debe regir todos nuestros deseos. Los deseos que no apuntan a lo que nuestro ser necesita para cumplir su destino pueden ser sólo diversión, demora, obstáculos, graves desvíos o formas de perdernos a nosotros mismos hasta anularnos.

Para saber qué quieres tienes que saber quién eres, para qué estás aquí, conocer tus talentos, lo que te realiza, lo que te hace sentirte pleno/a. También requieres tener herramientas para averiguar lo que de verdad no sólo quieres sino necesitas para lograr tu plenitud. Es probable que adquirir esas herramientas te parezca hacer o ser lo que no quieres, pero sin esas herramientas tampoco sabrás qué quieres.

El mundo es como un gran mercado. Hay mucho lo que se ofrece allí para adquirir. Podemos desear muchísimas cosas, relaciones, modos de vida, lugares, formas de trabajo o de diversión. Hay todo lo imaginable y más. Hay todo lo que cualquier humano haya sido o hecho y todo lo que puedas hacer de nuevo tú. ¿Cómo elegir? Pues si eliges, conforme lo haces se te reducen tus opciones o se te amplían, pero lo cierto es que ya marcan un rumbo en el que ciertas oportunidades no se te presentarán más o ya no en ese momento, del mismo modo ni con las mismas personas. Toda elección es una reducción de tu libertad, es una definición de tu vida que elimina otras opciones. Y si te equivocas no puedes hacer borrón y cuenta nueva, sin haber perdido algo, por lo pronto, tiempo. Cada elección trae consecuencias.

Desde que nacemos queremos ser libres para elegir lo que queramos y cuando ya estás en capacidad te puedes perder en ese mar de opciones. Ahora bien, las personas suelen elegir por diferentes motivos, algo u otra cosa. Se mueven por lealtad a sus seres queridos, por lo que opinen los demás y obtener su reconocimiento, por el placer que obtengan al elegir o por el amor que puedan “conseguir”. A veces los mueve el miedo, el enojo, la tristeza o la firme determinación de “demostrar” a alguien algo. Es decir, no los mueve un plan, necesariamente.

¿Cómo no perdernos y querer lo que nos “conviene” querer? Se trata de adquirir ciertas herramientas para lograrlo. La más importante herramienta es la sabiduría. Si no sabemos suficiente no podemos elegir bien. Saber lo necesario para conseguir lo que queremos y si eso es lo que nos llevará a nuestro destino que es la plenitud. ¿O será otro nuestro destino? Es cuestión de averiguarlo. Tal vez esta herramienta nos dé flojera o lo hagamos a medias. Mientras menos sepamos más fácil seremos engañados por la fascinación de las cosas que se ofrecen a nuestros deseos y de la fuerza de estos. Otra herramienta es forjar un carácter. Esta no es una labor fácil, pero nos dará las cualidades que nos permitirán mantenernos a flote hasta conseguir lo que queremos, aun en medio de dificultades. Ambas deben crear la tercer herramienta: la capacidad de discernimiento. En psicoterapia puedes obtener parte de estas herramientas y despejarte de deseos que no son tuyos.

 

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