El Comentario - Universidad de Colima

ARTÍCULO: Testimonio de vida

Por Ignacia Hernández Hernández

En este pequeño relato quiero platicarles cómo la Organización de Ciegos tuvo mucho que ver para la toma de decisiones importantes en mi vida que han reflejado lo que ahora soy; para ello, comenzaré por compartir con los lectores de este importante medio, algunos datos acerca de los antecedentes y el propósito por el que se constituyó nuestra asociación, el cual busca promover la integración social de las personas con discapacidad visual en los diferentes ámbitos de la sociedad.

En los años que precedieron a la conformación de la asociación, varios de sus elementos  teníamos la necesidad de contar con una vivienda, porque cuando llegamos a esta ciudad no teníamos ningún familiar, debido a que muchos somos originarios de diferentes estados de la República,  por lo que la única posibilidad que teníamos para estudiar en ese momento era la de permanecer en el internado de Obras Sociales de San Felipe de Jesús, cuya institución es el antecedente inmediato de la OCC, debido a que la mayoría de los que la integramos estuvimos ahí en algún momento de nuestra vida.

Sin embargo, después de 17 años de haber vivido en internados, entendí que no siembre iba a permanecer en esta situación, por lo que en el año de 1994 surgió en mí la inquietud de vivir de manera independiente. En ese tiempo estaba por terminar el sexto semestre de la Licenciatura en Pedagogía, y debido a las situaciones complicadas que se me presentaban en ese momento, debía tomar una decisión que no me afectara en el rendimiento de mis estudios, porque para mí lo más importante en ese momento era terminar mi carrera con el mejor promedio posible.

Había un grupo de personas que estaban organizando un evento cultural para Obras Sociales de San Felipe de Jesús en esa época, por lo que consideré oportuno informarles a quienes conformaban ese grupo, que para lograr mi objetivo resultaba necesario salir del internado, por lo que les comenté la situación por la que atravesaba y las complicaciones derivadas de ella, dado que quería darle más importancia a mis estudios.

Claro que esto implicaba conocer el mundo tal como era al exterior de un internado, pues comprendía que no era lo mismo y menos aún para una persona con discapacidad visual, pero yo estaba totalmente resuelta en ese momento a asumir las consecuencias, y a pesar de que no sabía cuáles serían, comprendí que esta decisión iba a tener algunas repercusiones en mí, pero no importaba porque estaba segura que éstas iban a ser positivas, porque tarde o temprano tenía que hacerlo. Ya en ocasiones anteriores había imaginado ser independiente, por lo que para lograrlo tenía que construir mi propia vida y con ella mis propios proyectos, y fue así como una de las maestras que colaboraba en el internado me brindó su apoyo junto con otras personas. La maestra me ofreció su casa mientras yo terminaba de estudiar y debido a que entre todos decidieron apoyarme, en el mes de julio del año 1994 salí del internado y me fui a vivir a su casa para continuar con mis estudios en la Facultad de Pedagogía, donde permanecí hasta 1995.

Mientras tanto, y como resultado del trabajo de un equipo conformado por la maestra, un doctor y el responsable que colaboraba en el internado atendiendo las necesidades educativas de los estudiantes de esa institución. Durante los meses siguientes se realizaron una serie de reuniones en las que participaron algunos compañeros que, al igual que yo, habían salido en las mismas circunstancias, y muchos más interesados en la búsqueda de oportunidades de desarrollo para las personas con discapacidad visual.

De esta manera, luego de diversas reuniones en lugares donde las personas nos permitían reunirnos para llegar a algunos acuerdos, la asociación empezó a integrarse y definir sus objetivos y forma de trabajo, hasta llegar a la reunión efectuada en el mes de diciembre de 1994, donde se acordó la conformación de la Organización de Ciegos Colimenses, en donde la totalidad de los socios que la fundamos coincidimos en que era necesario que nos organizáramos como una asociación civil para poder atender las necesidades educativas, de trabajo y de vivienda de las personas con discapacidad visual.

Con respecto a mí, continuaba estudiando y enfrentándome a muchos retos que afortunadamente pude resolver; sin embargo, quiero enfatizar que la asociación en estas situaciones no me dejó sola ya que siempre estuvo apoyándome, por lo que asistía a las reuniones que al inicio se hacían cada semana y, posteriormente, se hicieron cada mes. Así fue como la Organización de Ciegos Colimenses se constituyó legalmente en mayo de 1995.

Una de las primeras tareas que se realizaron al inicio fue la implementación de un proyecto de Cría y Comercialización del Conejo y sus derivados, en el que participó un grupo de compañeros con discapacidad visual. Mientras esto sucedía, yo seguía estudiando y así fue como terminé mi carrera en el año 1995, año en el que salí también de la casa de la maestra que me apoyó durante esta etapa.

Poco después de dos años, y gracias a que la OCC empezó a recibir un subsidio, pudo rentar un inmueble en el que además de desarrollar sus actividades, se nos apoyó a varias personas con discapacidad visual con el servicio de vivienda; así las personas que éramos de lejos y no teníamos un lugar dónde vivir, nos quedamos en ese local aportando al mantenimiento de la vivienda en lo que se refiere al aseo, entre otras cosas. Ahí estuve un poco más de seis meses hasta que tomé la decisión de casarme.

De esta manera, la asociación formó parte de decisiones importantes en mi vida, como el hecho de lograr mi independencia, motivándome también a superar los retos que se me presentaron antes de conseguirlos y, sobre todo, porque con ello pude apoyar también a otras personas. Una de las primeras actividades de la asociación fue la de las asesorías que se brindaban a compañeros que estaban estudiando primaria y secundaria en la realización de sus tareas, en donde cada uno de los que integrábamos el equipo de asesores y prestadores de servicio social aportaba su tiempo y conocimientos para la realización de estas acciones.

También quiero resaltar que dado el compañerismo y la convivencia que ya había antes entre la mayoría de los compañeros, aunado a las ganas que teníamos de hacer muchas cosas para que las personas con discapacidad visual pudiéramos salir adelante, dio como resultado la unificación de esfuerzos para trabajar en conjunto.

Fue así como dividiendo mi tiempo entre mis estudios y el trabajo con la asociación, conseguí terminar la Licenciatura en Pedagogía, logrando con ello vencer el reto más difícil que fue el ser independiente, lo que me ayudó a madurar y hacerme más fuerte para poder salir adelante. Esto, sin duda alguna, influyó para darme cuenta de que yo soy una persona como todas para ser fuerte, para ser capaz de decidir por mí misma, y de tomar mis propias decisiones y, sobre todo, de crear mi propio proyecto de vida.

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