ARTÍCULO: Todas y todos, ¡incorrecto! Y, sin embargo… 

Por Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda  

Es incorrecto decir todas y todos, es redundante, cacofónico y va contra el principio de economía del lenguaje, de acuerdo con la RAE, que aprueba el “uso genérico del masculino… sin distinción de sexos”. Y, sin embargo… tal distinción es necesaria, pese a señalar que el “femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto.” Y, sin embargo… podríamos decir como Romeo: “No seré ni una cosa ni otra…, si cualquiera de las dos te molesta” (Shakespeare, Romeo y Julieta, Escena 2ª), o preguntar sin más, ¿cuándo no lo es? 

Y, sin embargo…  señoras y señores, la galantería en el discurso es deseable y conveniente,  es una “redundancia interesada”, para demostrar la presencia de mujeres y de hombres (Gabriel Zaid, Mil palabras, 2018); esta redundancia no es reciente y es innegable que clarifica el mensaje, se encuentra  en obras como el Quijote: “la sin par Dulcinea del Toboso, única señora de mis pensamientos, con paz sea dicho de cuantos y cuantas me escuchan” (Miguel de Cervantes, 2ª parte, cap. 58) y en la Ilíada, Homero narra que Zeus prohíbe a las divinidades tomar parte en la guerra de Troya, “¡Oíd, dioses y diosas, y nadie sea osado a trasgredir la orden que os da mi corazón”.

Y, sin embargo…  son vestigios de un lenguaje que se fue simplificando, eliminó redundancias y desapareció arcaísmos en favor del “principio de economía” del lenguaje; quizá vale resucitarlos, ante la necesidad de evidenciar la presencia de la mujer, pues “lo que no se nombra no existe”, dicen…  aunque no sea cierto, pues, aunque no se nombrase al viento, éste movería nuestra cabellera y si no tuviese nombre la rosa, “no dejaría de ser rosa, tampoco dejaría de esparcir su aroma”, rosa sería (Shakespeare, Romeo y Julieta, escena 2ª); y, sin embargo…  en ese empeño se ha llegado a extremos ridículos, pero sin obviar, que desde el nacimiento se registra el sexo y se nos preguntara a lo largo de la vida: hombre o mujer, femenino o masculino.

Y, sin embargo… el lenguaje evoluciona, se transforma o resucita arcaísmos, un ejemplo es Azafata, del árabe as-safát o azafate (cesto), designaba a la dama que cuidaba las joyas, costuras e hilos de la reina y se recobró a mediados del siglo XX, para referirse a la mujer que atiende la comodidad y seguridad del pasaje en aviones y en otros medios de transporte; hay también azafatos y se denomina azafate a la preparación para ejercer ese cargo. Los inventos y los cambios de situaciones dan lugar a neologismos, que oímos extraños en tanto nos acostumbramos a escucharlos. Se necesita comprender que las palabras llevan un contenido, un significado que varía según el contexto y que algunos se escuchan discriminatorios o sexistas, pero cuidemos que, al intentar de no serlo, vayamos a caer en eufemismos grotescos.

Y, sin embargo…  es preciso comprender que no es una guerra entre sexos, al menos no del movimiento social feminista, quizá de algunas personas autonombradas feministas; en el feminismo participan hombres y mujeres, en busca de reivindicar a la mujer y por qué no, al hombre también, así como de resignificar los usos y costumbres culturales, que afectan a mujeres y hombres al ser causa de desigualdades y discriminaciones de género, es decir a unas y otros. Se trata de los estereotipos de género que, incluido el lenguaje, valora la opinión según el sexo de quien la emite, sin tomar en cuenta la autoridad de quien la externa, según el tema que se trate. Aquí vale mencionar el reproche al lenguaje políticamente correcto, cuando dicen ciudadanas y ciudadanos, compañeros y compañeras… sin poner reparos al señoras y señores, dicho en otros ámbitos, como el del espectáculo; una razón de tal recriminación es que el lenguaje político contiene carga ideológica y el otro, es de elemental cortesía.

Y, sin embargo…   utilizamos el principio de la economía del lenguaje al que alude la RAE, es una ley que se impone de modo natural, ya que tendemos a hablar con el mínimo de esfuerzo, sin relevancia en la oratoria o la expresividad de la poesía.  Se han realizado estudios que prueban estadísticamente que, en los idiomas, el léxico más usado es de las palabras más cortas y que de las largas se forman apócopes, es decir se trunca el vocablo al inicio o al final, que se sobreentiende: pa’ti o pa’mi, bici, ‘tonces (Ferrer y Solé. “Least effort and the origins of scaling in human lenguaje”, 2003); tendemos a telegrafiar y más en las redes sociales, WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter, etcétera, que obligan a abreviar u omitir, dejando la ambigüedad en el aire.

Y, sin embargo…  se necesita la belleza y la claridad del lenguaje escrito u oral, y se puede lograr sin acudir a circunloquios que resulten artificiosos y hasta ininteligibles; el genérico masculino es aceptable en unos casos y en otros es erróneo, como feminizar la palabra estudiante -la estudiante- o masculinizar amante, diciendo el amanto.  Y, sin embargo… podríamos ahondar en la historia literaria para demostrar, que no ha habido problema alguno en hablar sin economía del lenguaje; según el escenario o el momento, digamos señoras y señores o damas y caballeros, la última formula no destaca un estatus social, sino el género, lo mismo que ciudadanas y ciudadanos, u hombres y mujeres, en el orden que gustéis, son modos correctos de hablar, no son redundantes o cacofónicos como todas y todos,  que al saludar a un grupo de personas es a toda la asistencia, no es preciso especificar, y, sin embargo… 

mirtea@ucol.mx

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