Opinión

ARTÍCULO: Universo doméstico

Por Marcial Aviña Iglesias

Se nos va abril, mañana será 30, la chamacada bien feliz con los juguetes que les regalarán sus progenitores, gracias al confinamiento se libraron del aburrido festival de la escuela con los juegos tipo En Familia con Chabelo, los payasos que hacen guasa en doble sentido dejando de lado el humorismo blanco de los infantes con tal de sacarles la risa a los profes que se atascan de pozole y agua fresca de Jamaica. ¡Híjole, creo que es tiempo de desconectar con nuestro niño interior! Hay que rodar, dar vueltas y maromas de nueva cuenta en la vida adulta, deshacer nuestros castillos de arena, mientras a través del WhatsApp, llegan un titipuchal de profecías de las pitonisas cibernéticas, presagiando climas tan calientes que se podría cocer un huevo en la banqueta.

Espero que mayo con sus calorones, alacranes y festividades a la jefecita, a los teachers, así como el Día del trabajo sin trabajar, sea más benevolente con los colimotes, chance y hasta Tláloc se moche con unas lluviecitas, de esas que refrescan chingón que hasta ganas dan de echarse un chocolate en agua bien humeante. No hay nada tan bonito que ver llover y no mojarse, más aún, cuando por la ventana se logra observar humedecerse a las macetas de casa, ahora comprendo a mi cabecita de algodón, pues al llegar a cierta edad uno se siente más relajado con las plantas, tal cual, como nuestra realidad, bellas flores florecen, pero eventualmente se marchitan.

Frivolizando un poco, les comento que soy super fan de bañarme, sí, dejar de lado la prisa, meterte a la regadera tranquilo, sentir las gotas surfear los pliegues de la piel – ¡que los míos son un chingo! -, en la extensa geografía del cuerpo dejar pasar lo viscoso del jabón Casa Blanca con el que mi madre me acostumbró a duchar, es la pura gozadera, prueba de ello es que atrás quedaron los frijoles poéticos y los garbanzos matemáticos que tanto inspiraron a Rockdrigo González y que gracias a las pinches etiquetas negras de los alimentos mandé a la porra. Ya los dejo de aburrir con este mi universo doméstico, que sirvió de pretexto para redactar algo, mientras las musas andan de días sabáticos en mi desamueblada cabeza, mejor hagamos como los budistas, vivir una vida desapegada, con tal de sentirse dueño de nada en medio de la abundancia.

 

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

 

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