ARTÍCULO: XG

Por Marcial Aviña Iglesias

Después de cada fin de semana experimento cierto fenómeno, resulta que la ropa de vestir para presentarme a laborar encoje centímetros, ese extraño suceso se pone pior cuando hay vacaciones o puentes laborales, dice mi mujer que no es ningún fenómeno ni que ocho cuartos, que es debido a ese gusto que tengo por la comida, la verdad no es mi culpa de que los bocadillos, entremeses y glotonerías estén tan sabrosas, además, soy de la generación que creció bajo la influencia de Chabelo, Capulina y Cepillín, expertos en promover la comida chatarra a la infancia.

Otro factor de influencia es que de niño, lo que no querían comerse mis hermanos, la jefa con tal de que no se desperdiciara, pos me lo ofrecía, igual sucede con los sobrinos, ellos concluyen que por estar obeso siempre terminaré refinándome los dogos, nachos y tortas que ya no les entran. Uno nunca se considera gordo hasta que el espejo y las fotos del Facebook demuestren lo contrario. Además, quienes rebasamos ese tabulador de tallas y peso somos víctimas de las campañas de terror psicológico del sector salud, donde se nos infunde pánico de que estamos propensos a padecer diabetes e hipertensión – ¡eso aplica como bullying! –, la verdad a veces de tan normales que nos sentimos ni las tomamos en cuenta, igual, déjenos contribuir a disminuir la explosión demográfica en el país. ¡A poco no es orgullo nacional que en nuestro México lindo y querido la gente muera de gorda y no de hambre como en otros países.

Luego viene ese martirio de las pinches sugerencias de que le bajemos a las pastas y las harinas, o.k., comprendo su “preocupación” por la salud nuestra, pero… ¿no consideran que uno ya está lo bastante peludote para decidir lo que come? También esa tiznada exageración por compartirte sus dietas, no solo de lechuga y agua vive el hombre, sino de todo platillo que se prepara en la cocina. Me he dado cuenta de que a ciertos conocidos les agüita acompañarme a un buffet y que las meseras nos vean como si me fuera acabar la comida, ¡hello! Ser gordo no es sinónimo de comedor compulsivo. Ridículo es que mis conocidos festejen casi tipo desfile de luces de Disney World cuando bajo un kilo, ¡tranquis, es tan solo uno! Bueno, hay flacos abdomen plano que hacen un pancho por 200 gramos de incremento, ya ni la amuelan.

Para concluir esta apología, les aclaro que a uno no se le hacen pequeños los asientos del transporte colectivo, únicamente a los que van como Horacio al lado nuestro; si no encuentro talla XG en las tiendas de ropa es porque no soy el único con este cuerpecito, es más, significa que somos humano promedio. Claro que podemos hacer ejercicio, nada más que nos cansamos un poquito de más, pero de que muevo mis curvas con estilo, las muevo. Olvídense de que nuestra autoestima esta baja, a mí me agrada lo que veo en el espejo y si creen que me hacen sentir de menos cuando dicen que soy talla cuarentaioso, no les hago caso, pues todo se limita al cuerpo, sus medidas y a como los demás piensan que debo de lucir, además conozco mis limitaciones y aciertos, mientras otros no.

 

 

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