Cinco poemas para el Día de la Mujer

Hoy, 8 de marzo, celebramos el Día Internacional de la Mujer, y aquí te compartimos una selección de 5 poemas como un homenaje a las mujeres del mundo a través de la literatura.

Mujer, de Rosalía de Castro

Ángel, tu voz me da alegrías
llega a mi agitado seno
como raudal puro y lleno
de secretas armonías.

Murmurios siento de amor
inefable, y me parece
que ancho río en torno crece
con suavísimo rumor.

Sus aguas son como el cielo,
azules, cada onda leve,
pureza de blanca nieve,
muestra con casto recelo.

Y salpicando mi frente
de nubes oscuras llena,
cada gota una azucena
hace brotar de repente.

¡Ésta es la paz!… La comprendo
ahora, por vez primera.
¡Quién, ángel, contigo fuera
las esferas recorriendo!

Mas yo en el mundo… y tú allá…
vives, ángel, junto a Dios,
somos distintos los dos:
tú eres luz, yo oscuridad.

Eres de un mundo mejor
que éste en donde yo nací;
gloria es amar, para ti;
para mí, sólo dolor.

“La tierra y la mujer”, de Gabriela Mistral

Mientras tiene luz el mundo
y despierto está mi niño,
por encima de su cara,
todo es un hacerse guiños.

Guiños le hace la alameda
con sus dedos amarillos,
y tras de ella vienen nubes
en piruetas de cabritos…

La cigarra, al mediodía,
con el frote le hace guiño,
y la maña de la brisa
guiña con su pañalito.

Al venir la noche hace
guiño socarrón el grillo,
y en saliendo las estrellas,
me le harán sus santos guiños…

Yo le digo a la otra Madre,
a la llena de caminos:
«¡Haz que duerma tu pequeño
para que se duerma el mío!».

Y la muy consentidora,
la rayada de caminos,
me contesta: «¡Duerme al tuyo
para que se duerma el mío!»

Hijas del viento, de Alejandra Pizarnik

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencia,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo de tu llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.

Él era débil y yo era fuerte, de Emily Dickinson

Él era débil y yo era fuerte,
después él dejó que yo le hiciera pasar
y entonces yo era débil y él era fuerte,
y dejé que él me guiara a casa.

No era lejos, la puerta estaba cerca,
tampoco estaba oscuro, él avanzaba a mi lado,
no había ruido, él no dijo nada,
y eso era lo que yo más deseaba saber.

El día irrumpió, tuvimos que separarnos,
ahora ninguno de los dos era más fuerte,
él luchó, yo también luché,
¡pero no lo hicimos a pesar de todo!

Si muriera esta noche, de Idea Vilariño

Si muriera esta noche
si pudiera morir
si me muriera
si este coito feroz
interminable
peleado y sin clemencia
abrazo sin piedad
beso sin tregua
alcanzara su colmo y se aflojara
si ahora mismo
si ahora
entornando los ojos me muriera
sintiera que ya está
que ya el afán cesó
y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de espadas
y el dolor de los otros y el amor y vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas
y acabara conmigo
para mí
para siempre
y que ya no doliera
y que ya no doliera

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