Colima: entre la impunidad y el enojo

Por Francisco Mojarro y Javier Rodríguez

A Colima se le conoce como “La ciudad de las Palmeras” y uno de sus mayores atractivos, es el comportamiento de la gente: todo aquel que llegue al estado es recibido con los brazos abiertos y lo hacen sentir como en casa. También se le conocía como uno de los estados más tranquilos para vivir, difícilmente te arrepentirías de visitarlo. O al menos eso decían los abuelos, padres y tíos hasta hace algunos años; hoy la situación actual es muy diferente.

Las calles se empezaron a llenar de cruces; el pavimento se empezó a teñir de rojo, por los aires, se percibe el miedo; los niños ya no salen a jugar a la “canchita” de la colonia, el Jardín Libertad ya no es tan concurrido como en atardeceres pasado; los periódicos se podrían llenar soló de notas rojas y el temor se percibe en todos lados.

Focos rojos en Colima

Colima pasó de ser uno de los estados más seguro para vivir a uno de los más violentos. Se ha vuelto tan común ver en las noticias a personas encontradas sin vida, con signos de violencia y con el tiro de gracia; robos a mano armada; allanamiento de morada. La situación en el estado es preocupante en todos los sentidos; tanto en rubro de seguridad, educacion, económica, salud, entre otros.

Los homicidios dolosos nos han hecho tan famosos a nivel nacional. Colima llegó a los 660 homicidios dolosos de enero a octubre de 2017, así lo establece el reporte mensual del número de víctimas de homicidio, secuestro y extorsión en averiguaciones previas y carpetas de investigación iniciadas por las agencias del Ministerio Público de cada entidad federativa.

Otro dato que no se puede ignorar es que Colima encabeza la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes, al tener 75.42, en segundo lugar, Guerrero con 53.34, en tercer lugar, se encuentra Baja California Sur con 50.50, en cuarto Baja California con 48.35 y en quinto Sinaloa con 38.09 por cada cien mil habitantes según la fuente consultada, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Los cuestionamientos hacia la administración del mandatario estatal, Ignacio Peralta Sánchez, no se hicieron esperar: Desde que tomó la batuta, no ha habido un cambio positivo en cuestión de Seguridad Pública, misma que estaba mermada desde antes de su periodo como Gobernador. ¿Qué colimense no recuerda la frase “Vas a vivir mejor, ¡seguro!”? que caracterizó la campaña electoral de Ignacio Peralta.

En enero de 2017, el periódico El Financiero en su página web publicó una nota titulada “Se triplican los homicidios en Colima con Ignacio Peralta”, de entrada, el título llama mucho la atención, pero su contenido dejó helado a más de un colimense.

Así empezó la nota: “Colima se encuentra hundido en la violencia. En lo que va de la administración de Ignacio Peralta Sánchez se triplicó el número de homicidios. En febrero de 2016, cuando asumió el cargo, Colima tenía 23.08 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes, hoy registra 72.45”.

Peralta Sánchez argumentó que “la inseguridad en el estado es, en parte, por las disputas del crimen organizado que buscan el control del Puerto de Manzanillo, una de las principales entradas marítimas al país”. Y responsabilizó a “Felipe Calderón y su estrategia contra el crimen del deterioro de la seguridad en Colima”.

Hizo una promesa que hasta la fecha no ha cumplido: “Reducir la inseguridad en un 10 por ciento anual, reducir el número de homicidios, sin explicar en qué porcentaje, y a convertir a Colima en una de las entidades más seguras del país” dice la nota. Han pasado casi 10 meses y no se ha visto mejora alguna.

La problemática se salió de control, inclusive el gobernador del estado admitió su incapacidad para combatir la delincuencia y reitera que la problemática es de carácter nacional. El diablo camina por la entidad como si fuera su casa, hace y deshace a su antojo, las víctimas en muchas ocasiones son personas inocentes que se encontraron en el momento y lugar equivocado.

Pasaron menos de 72 horas

Él era un hombre que medía 1.50 metros de estatura, pero dejó huella en sus seres querido como si hubiese medido más de 2 metros; su complexión delgada le permitía abrazar a todos los suyos. No fue de los que vendían drogas afuera de una escuela, de lo que se metían a robar a las casas o los autos, no fue de los que se drogaban en las calles, ni formó parte de ese grupo de personas que cometen ilegalidades en el estado. Fue todo lo contrario, ganaba su dinero honradamente, era sólo un comerciante que se dedicaba a vender uniformes deportivos para niños. Era el tío, el hermano, el hijo cariñoso y que siempre veía por su familia –así lo describían-, a quien sin deberla ni temerla le fue arrebatada la vida con una soga, no fueron necesarias las balas sólo una simple soga.

El 22 de mayo del presente año, era un lunes común y corriente, Arnulfo Segundo Reyes, conocido por sus amigos como Rufo, había llegado del tianguis de Comala tras realizar su jornada laboral – a eso de las 15 horas-, descansó un rato y por la tarde decidió dar su recorrido que frecuentaba hacer por la ciudad; su trayecto empezaba por las calles del centro y terminaba en la Central de los Rojos, era conocido por la mayoría de los ruteros y por lo general siempre lo trasladaban sin cobrarle ningún peso. Sus últimas palabras al salir de la casa fueron “ya me voy” sin saber que ya no iba a regresar, iba vestido de camisa de manga larga color azul, con pantalón de color negro, así lo relataba Alejandro – nombre que fue puesto al entrevistado, por cuestiones de seguridad-.

A las 2:00 de la mañana del 23 de mayo, Alejandro recibe una llamada por parte de la mamá de Rufo diciendo que él no había regresado a dormir a casa, algo muy extraño en su persona, porque no sucedía eso. Ahí se dieron cuenta que algo andaba mal: “fuimos de inmediato a la casa de ella y nos empezamos a mover; yo me fui a la Cruz Roja, a las clínicas, a la Procuraduría, a la Preventiva y a todos los lugares donde podríamos tener información de él”.

Después de buscar en todos lados – a las 4 de la mañana- Alejandro hizo esa llamada que jamás hubiera querido hacer: “Llamé al 911 para levantar la denuncia, y me dijeron que necesitaba que pasaran 72 horas para que la denuncia se llevara a cabo, y que en ese tiempo se estarían comunicando con nosotros” […] “una patrulla llegó a la casa como a las 7 de la mañana para pedir una fotografía de él y sus datos”. Ese mismo día la noticia se expandió muy rápido “Toda la familia cercana, se concentró para ir a buscarlo por los lugares que él recorría, se les avisó a los familiares de México la triste noticia”.

Al llegar a la Central de Autobuses Los Rojos descubrieron algo que les podría ayudar en su búsqueda: “Nos dijeron que efectivamente ahí había estado, como a las 8 de la noche –del lunes- lo vio una señora hablando por el celular y que ella le dijo – Rufo ya se hizo tarde- y el respondió que iba a ir con una persona que le debía un dinero”. Cabe mencionar que Arnulfo también se dedicaba a vender uniformes deportivos.

Tras pasar dos noches sin saber nada, la preocupación se apoderó de la familia, la esperanza se alejaba poco a poco y a su vez, la tristeza llegaba: “Ese día fue muy doloroso para nosotros, no sabíamos que hacer”. En un acto de desesperación optaron por hacer algo que es muy común hoy en día; “subimos fotos e información a las redes sociales, salimos a las calles a pegar posters con su fotografía, se dio a conocer la noticia en Colima, Manzanillo, Guadalajara y en todos los lugares que se pudiera compartir”.

Pero a las 9:30 de la mañana del 24 de mayo a través de internet se dio a conocer una noticia que dejaría sin aliento a toda la familia, pues lamentable un cuerpo fue encontrado sin vida, el cual coincidía con las características de Rufo. Más tarde el Diario de Colima publicó lo siguiente: “Fuentes extraoficiales revelaron que la persona encontrada sin vida en un terreno baldío a espaldas de la conocida Plaza Colimán respondía al nombre de Arnulfo Segundo Reyes de 42 años de edad, el cual desapareció desde el día lunes 22 de mayo del año en curso”.

A pesar de que se reconoció el cuerpo, tuvieron que pasar dos días más para que les fuera entregado, pues se hicieron los trámites correspondientes. Esos, lo que nadie quiere hacer, lo que te rompen el alma y te dejan sin aliento; “a las 7 de la tarde del viernes nos lo entregaron; para ese entonces toda la familia ya estaba aquí en Colima, esperándolo. Desgraciadamente ya no lo pudimos ver por el grado de descomposición en el que se encontraba”. Su cuerpo fue encontrado con un severo golpe en la cabeza y una soga en el cuello, signos de que fue asfixiado, datos que fueron corroborados por la autopsia que le fue aplicada.

En ese momento Alejandro inhaló profundamente y su voz se empezaba a quebrar; no era para menos, pues los sentimientos se encontraban a flor de piel al recordar un acontecimiento tan trágico. Paramos por un momento.

Era tanto el afecto que produjo Rufo en las personas que inclusive la Funeraria La Guadalupana, tuvo un acto de solidaridad con su familia; “fue algo increíble, la funeraria cubrió todos los gastos; desde el cajón hasta la velación”. Las personas que lo conocían o que simplemente lo saludaban al pasar por la calle se presentaron al funeral “fueron aproximadamente como 800 o mil personas las que estuvieron presentes para despedirse de él, fue algo que no nos sorprendió, porque sabíamos que mucha gente lo quería y todos ellos al igual que nosotros – su familia- se preguntaban ¿Por qué lo mataron? ¿Quién fue?”.

Esa noche fue una de las más difíciles para la familia, porque un día se fue Rufo y nunca regresó. Ese dolor no se comparaba con lo que sentirían al día siguiente; “lo más feo fue cuando nos lo llevamos de su casa a la iglesia, para darle su último adiós con una misa y ahí nos fuimos al panteón; nos dolió mucho verlo en el cajón pero teníamos que dejarlo ir”. En ese momento el rostro de Alejandro era invadido por una tristeza que a los ahí presente se les trasmitió, su voz se volvió a cortar, las lágrimas se empezaron a asomar por sus ojos.

La muerte de Rufo “nos dolió y nos sigue doliendo, porque él era alguien amoroso, se dejaba querer por todo mundo. Recuerdo muy bien que su manera de decirnos que nos quería era con abrazos”, y Alejandro terminó diciendo con el sentimiento a flor de piel lo siguiente: “¿Por qué nos lo arrebataron? ¿Por qué tuvo que terminar de esa manera tan cruel? Nunca imaginamos que le fuera a suceder eso, él era una persona que no le hacía daño a nadie”.

¿Dónde quedó la justicia?

¿De verdad se necesitan que pasen tres días para que las autoridades se empiecen a mover para resolver el caso? “72 horas para que pudieran mover un pinche dedo y que hasta la fecha no nos han dado una respuesta”. La conclusión de las autoridades es absurda, indignante e inhumana para la familia; “hay muchos casos que averiguar, no es el único homicidio”.  “Es con ese tipo de situaciones que uno se pregunta ¿en verdad están para apoyar al pueblo? Lo digo porque cuando el afectado es alguien de la alta élite, montan todo un operativo para dar con el responsable, ahí no necesitan 72 horas para movilizarse”.

Alejandro agregó: “pedimos ayuda para revisar las cámaras de C4 para ver si se alcanzaba a ver algo, porque su punto de su desaparición fue entre el tramo de la Central de los rojos y mercado Soriana, pues ahí fue donde lo encontraron, atrás de Coppel”. Sin embargo, contrario a lo que ellos hubiesen esperado, la respuesta fue poco alentadora “Dijeron que se necesitaba de una autorización, pero si nos vamos entre autorizaciones nunca se va a hacer nada, y así ha sido hasta la fecha”. 

Impunidad

Según datos del Índice Global de Impunidad en México (IGI-MEX) 2017, elaborado por la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) y el Consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia, el 67 por ciento de los delitos cometidos en Colima, no son resueltos por las autoridades y quedan impunes.

Dicho estudio arroja que Colima es “uno de los estados con alto nivel de impunidad, junto con Guanajuato, Tlaxcala, Zacatecas, Jalisco, Hidalgo, Aguascalientes, Tabasco, Puebla, Sinaloa y Morelos”.  Por cada 100 mil habitantes a nivel nacional, mil,444 habitantes cometieron delitos, mientras que la cifra en Colima fue de mil 655.

De acuerdo con el Índice Global de Impunidad 2017, realizado por la Universidad de las Américas de Puebla, de los 69 países de la ONU México se ubica en el cuarto lugar a nivel internacional y primero a nivel nacional. Para los mexicanos ese dato es deshonroso y preocupante.

“El problema de la impunidad en México es funcional y estructural, no nació con el actual gobierno, sin embargo, se observa un aumento crítico en las estadísticas delictivas. Esto podría deteriorar futuras mediciones de impunidad”, señala el estudio sobre la situación en el país.

Urge que las estrategias de seguridad se reestructuren y se efectúen de la manera correcta, las cuales permitirán una mejora en la vida del mexicano.  El grado de ineficiencia logrado las dependencias encargadas de la seguridad Pública en el país ha sido tanta, que la sociedad ha perdido la confianza en ellas.

Se podría cuestionar sobre la muerte de Rufo “si hubiera sido un borracho, pero no tomaba” o si lo mataron porque se equivocaron de persona, pero “con ese coraje con lo que lo mataron a él, significa que fue algo personal. ¡Quiero Justicia!”. Arnulfo Segundo forma parte de las víctimas en Colima que cada año van en aumento en donde las causas hasta la fecha no se saben, y las autoridades están lejos de encontrarlas.

La frase “Vas a vivir feliz, ¡seguro!” queda obsoleta, ahora es “Vas a vivir feliz, ¡lo dudo!”, en las primeras horas del primero de diciembre, dos jóvenes resultaron heridas de graves, tras recibir impactos de balas en la colonia Linda Vista en Villa de Álvarez, la mayor tiene 21 años de edad y la segunda tiene 19 años; la noche del 30 de noviembre, sujetos desconocidos rompieron el cristal de una camioneta Honda color plata que se encontraba estacionada sobre la calle Venustiano Carranza, en la colonia Las Palmas, al Norte de la ciudad de Colima.

Otro caso que no se puede dejar pasar y que aquí se hablará brevemente, porque es un caso que merece y debe tener una investigación profunda, al igual que Rufo, es el de José Alexis García Hernández, un comerciante que se ganaba su dinero humildemente, él era vendedor de flores y tenía 17 años. Quedó en medio del fuego cruzado afuera del Mercado «Obregón» en el centro de Colima, las balas lo alcanzaron, los hechos ocurrieron el 9 de mayo de este año, ¡vaya regalo anticipado recibiría su mamá!, y el culpable – en ambos casos- en el peor de los casos ha de estar paseando por las calles de la ciudad sin ningún remordimiento, quizá usted o el autor de éste texto lo haya saludado y le haya dicho “Buenos días” o “Buenas tardes”, sin saber el daño que él ha causado a muchas familias.

Hoy en día se ha hecho tan común escuchar de muertes; para los colimenses ya se ha hecho normal que a diario se hable sobre algún asesinado en el estado, hasta raro se hace cuando no lo hay. Difícilmente la juventud se ha de acordar de aquel Colima en donde todo era paz. ¿Y ahora quién podrá defendernos? Si ya no está el Chapulín Colorado, ¿algún superhéroe de Marvel vendrá a poner orden a Colima?

Alguien debería de decirles a los presidentes municipales, a los diputados y al gobernador del estado que Colima se está cayendo en pedazos; que su credibilidad esta por los suelos; que los problemas también son de ellos y su obligación es resolverlos; que el dinero que ellos cobran por hacer nada, viene de los impuestos todos esos colimenses, que día con día trabajan para obtenerlos. Bien lo dijo Benito Juárez; “malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo y con sus hechos los traicionan”, y que define a todos esos rufianes que nos han gobernado estos años hasta llevarnos al desastre actual. Al que le quede el saco que se le ponga.

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