COLUMNA: A propósito

Por Fernando Moreno Peña

La sucesión (parte 1)

El destapador, la corcholata y las fichas

El presidente AMLO decidió adelantar la sucesión presidencial como consecuencia del resultado electoral del pasado 6 de junio, elección que tuvo costo político para Morena en la zona conurbada en la CDMX con el Estado de México, donde perdió 9 de las 16 alcaldías, la mayoría en el Congreso del Estado de México, la capital Toluca y la mayoría de las presidencias municipales, 77 de ellas ganadas por la coalición “Va por México”; en la Ciudad de México impactó la caída de la Línea 12 del Metro, la reacción en contra de la clase media, la mala atención a la pandemia, el cierre de negocios y la pérdida de empleo.

El presidente atribuyó la derrota a un complot de los grupos conservadores que manipularon mediáticamente a la clase media, a la que estigmatizó y descalificó por no haber votado por Morena.

El pasado 14 de junio, al referirse al reportaje de The New York Times sobre las causas del colapso en la Línea 12 del Metro, López Obrador descartó que la información del diario se debiera a filtraciones como parte de fuego amigo al interior de la 4T, aunque días después reconoció que hubo fuego amigo en la CDMX y sin mencionarlo, dio a entender que lo encabezaba Ricardo Monreal y expresó: “Quieren poner a pelear a Marcelo con Claudia, ellos quisieran eso, quisieran que se peleara Marcelo, Claudia, Tatiana, Juan Ramón de la Fuente, Esteban Moctezuma, etcétera, porque están los conservadores muy menguados, no hay dirigentes del conservadurismo… pero en el flanco izquierdo hay hasta para tirar para arriba, hasta para prestar”.

El presidente hizo así su primer destape y presumió que Morena tiene muchos cuadros para competir en el 2024 y sus adversarios están pobres en candidatos.

El 5 de julio, el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que en su Gobierno no hay tapados y rechazó que vaya a intervenir en el proceso electoral presidencial de 2024; sin embargo, se dio el lujo de destapar a seis morenistas. O sea, no interviene, pero destapa al interior de Morena.

Enumeró a varios de sus colaboradores como posibles aspirantes en 2024: a la jefa de Gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum; al canciller Marcelo Ebrard, a la secretaria de Economía, Tatiana Clouthier; a la titular de Energía, Rocío Nahle; al embajador de México en Estados Unidos, Esteban Moctezuma, y al representante ante la ONU, Juan Ramón de la Fuente. No mencionó al senador Ricardo Monreal. El pasado 30 de junio el legislador reveló que en “alguna ocasión” platicó con el presidente, quien le ofreció que “habrá piso parejo y quien esté mejor posicionado será quien me suceda”.

AMLO desde Palacio Nacional, manifestó: “Primero hay que tomar en cuenta que va a ser el pueblo el que va a decidir: ya hay relevo generacional”.

Es cuestionable lo del relevo generacional pues dos de los destapados, De la Fuente y Moctezuma, rebasarían los 70 años a finales de 2023 cuando se produzca el destape oficial de Morena. De la Fuente tiene 69 años y tendría 72 si llega a la presidencia, Esteban Moctezuma tiene 66 años y tendría 69 años.

El mandatario reiteró que concluirá su mandato en septiembre de 2024 y se retirará incluso de toda actividad política: “Yo soy el presidente de más edad en la historia de México, soy partidario del sufragio efectivo, no reelección, y voy a terminar, si el pueblo lo decide así y si la naturaleza también, hasta finales de septiembre de 2024”.

Al presidente AMLO se le olvida, o no le dijeron, que él no es el presidente que ha llegado a ese cargo en México con mayor edad. El de más años fue Don Adolfo Ruiz Cortines, que llegó de 66 años a la Presidencia de la República.

El presidente AMLO, con el destape anticipado al interior de Morena, pretende hacer una carambola de varias bandas: primero, erigirse como el gran conductor del proceso sucesorio en lo general, poniendo el tema y, segundo, hacer valer al interior de Morena su fuerza para decir quiénes sí y quiénes no en este momento que aún conserva su poder; tercero darle vida a sus principales candidatos: Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard y destacar que la caída de la Línea 12 del Metro y la perdida de la Ciudad de México en la elección, no los “mató políticamente”, que siguen vivos y que cuentan con su respaldo; cuarto, descalificar con anticipación al senador Ricardo Monreal y quinto, obligar a la oposición a que den a conocer también sus aspirantes.

El destape anticipado que hace AMLO no es un distractor, sino una clara estrategia de controlar la narrativa sobre el tema sucesorio, aun a costa de su desgaste personal y de la desatención a los grandes problemas del país para los que no ha tenido respuesta y brinca la problemática y se pasa a la parte final de su sexenio, que es la búsqueda y postulación de su sucesor.

Además, el presidente AMLO, al abrir la sucesión, quiere mandar el mensaje de que no se va a reelegir. Habrá que esperar a ver quién se lo cree, aunque son Claudia, Marcelo y Monreal los que menos quisieran que se reeligiera y menos ahora, cuando ya dio el banderazo de arranque.

Un proceso de sucesión muy largo de dos años y medio para 2024. Esto puede afectar al Gobierno de Andrés Manuel López Obrador por los pleitos, conflictos y divisiones que va a generar en el interior de la administración esta competencia anticipada.

El presidente AMLO no se meterá en el proceso de selección del candidato en Morena únicamente, como él lo dice, sólo será el “destapador de la corcholata”, nada más que su corcholata favorita va a ser la que el pueblo quiera.

Habrá una corcholata seleccionada y postulada, el resto serán simplemente fichas o fichitas, según el caso.

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