COLUMNA: Alma Máter

Maestros felices

Por Mario Cárdenas Delgado

Al participar en el 36 Congreso Internacional de Educación Preescolar y Primaria “Educación para la Felicidad”, que la Universidad de Colima organizó hace cuatro años, la señora Alicia López de Hernández, directora del Centro de Desarrollo de la Familia Universitaria y coordinadora del Voluntariado de la Universidad de Colima, afirmó:

“Si un docente es feliz física, emocional y psicológicamente, lo va a transmitir a sus alumnos y ellos lo van a captar, y verán entonces en su maestro un modelo que necesitan y que les ayudará a ser mejores. En las aulas no bastan el papel, el pizarrón o los lápices, la educación que promueve la felicidad va más allá; es conocer cómo funciona el cerebro de los estudiantes, cómo trabajan sus emociones, y promover en ellos el arte, la cultura, el movimiento, el lenguaje oral y escrito, la ciencia, las matemáticas y, sobre todo, la creatividad”.

Tiene razón la señora Alicia porque, efectivamente, si los profesores nos sentimos alegres, optimistas y realizados con el trabajo que hacemos, esta actitud permeará en los estudiantes y abrirá su corazón y su mente al conocimiento. En sentido opuesto ubico a los docentes que consideran su quehacer como una chamba e incluso una carga laboral, que ve en cada uno de los muchachos un adversario al que hay que vencer con la fuerza del reglamento y de la autoridad que supuestamente tiene por ser profesor. Afortunadamente son los menos, pero de que los hay, los hay.

Son fácilmente identificables porque aprovechan cualquier pretexto para perder el valioso tiempo de clase, cuestionan las iniciativas institucionales tendientes a mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje y, en general, el accionar de la institución, a la menor transgresión de su arbitrario código disciplinario expulsan a los estudiantes y son terribles al dictar su veredicto sobre ellos. Eso sí, soberbios como son, jamás se preocupan por evitar o remediar esta situación y menos porque los alumnos se sientan optimistas y felices de tomar su clase. Son prepotentes, acomplejados e infelices, por lo que no deberían ejercer este hermoso oficio.

“Felicidad es estar bien contigo mismo, con quienes están a tu lado y con el medio ambiente. Si estamos bien con nosotros en salud, cuidándonos, haciendo ejercicio y manteniendo una alimentación sana, cuidando y atendiendo al compañero de al lado, y en armonía con el medio ambiente, entonces podremos buscar una felicidad en conjunto, una felicidad colaborativa”, postuló la señora Alicia, para luego afirmar que en la U de C la felicidad se complementa con la búsqueda del bienestar en la comunidad universitaria contenida en el programa de Calidad de Vida Ser. Debemos ser positivos, puntualizó, “hay que levantarnos dando gracias porque amaneció y salió el sol, y si no salió el sol, también la lluvia hay que agradecer. Esa es parte de la felicidad”. Se trata, aunque no lo dijo así, pero lo interpreto, de que en nuestra Casa de Estudios haya solo maestros y alumnos felices.

Con este ánimo y a manera de colofón, hago un llamado a las compañeras y compañeros maestros para que, parafraseando a la dama universitaria, vean con alegría el sol radiante de sus alumnos, aun cuando esté nublado o llueva. Porque aún en las peores tormentas hay siempre un faro que guía a las naves al refugio.

¿Por qué no ser ese faro que conduzca a los alumnos con problemas de aprendizaje o de conducta hacia el puerto seguro del conocimiento, de las actitudes adecuadas y de la felicidad? Tratemos pues de ser profesoras y profesores felices y, lo más importante: reflejemos esta actitud en el trato diario con nuestros alumnos.

Nombramientos. El viernes anterior cuatro compañeros universitarios recibieron del Rector la encomienda de realizar nuevas funciones directivas dentro de la institución. Seguramente harán eco de lo que les dijo luego de entregar el nombramiento, en el sentido de hacer lo que esté de su parte para “garantizar la gobernabilidad de la institución y fortalecer los estándares de calidad desde una perspectiva ética y socialmente responsable”. Bien por ellos. En particular felicito a mi excompañera Gabriela Lizet Álvarez Ríos, nueva directora del bachillerato 33, una maestra sensible, proactiva, leal, institucional, entregada a su profesión y muy feliz. Me consta. Buena decisión.

Para reflexionar. “Hemos tenido avances en todas las tareas de la Universidad, pero éstos no deben llevarnos a la complacencia o al triunfalismo; no es momento de bajar el ritmo de trabajo sino de seguir adelante con más decisión, con más fuerza y, sobre todo, con mayor compromiso. Juntos, fieles a la institución, es que podremos llevar a cabo un proyecto universitario de largo aliento y ejercer los principios que nos rigen, condensados en nuestro lema Estudia-Lucha-Trabaja”. José Eduardo Hernández Nava, Rector.

apuntesmario@hotmail.com

 

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