Opinión

COLUMNA: Aquí comienza…

Por Nican Ompehua

Seguro recuerdan que el día 18 de marzo de 2020 se informó que una persona procedente de Alemania, quien viajó a la CDMX y de ahí a Guadalajara, llegó a Colima enfermo y se le diagnosticó Covid-19. Fue el primer caso. No estuvo grave, se recuperó aislado en casa de sus amigos.

Tres días después, se informó el segundo caso que fue de una señora que viajó a USA. El tres de mayo dos sacerdotes quienes viajaron a Turquía; uno estuvo grave, pero se recuperaron todos. Era casos “importados”, por lo tanto se entendió que con no acercarse se evitaría el peligro.

El día cinco de abril las cosas cambiaron pues se detectaron dos casos más, en Manzanillo, cuyos contactos no eran detectables con lo que se alertó de contagio comunitario. ¡Cuidado!

No obstante, el aumento no ha sido exponencial (tanto porque el aumento no ha sido muy rápido, cuanto porque no obedece a ninguna potencia) porque, pasados 30 días, la curva es lenta.  Bueno tuvo una aceleración a fines de abril pero después se lentificó:

En cambio, la curva de fallecimientos por Covid-19 si ha sido acelerada: el primer deceso fue el 16 de abril, pero al día siguiente hubo otro, y al día 8 de mayo ya había siete indicando letalidad de 17.8% (a esa fecha) cuando la global esperada es de 7.1 y la nacional (misma fecha) de 10%. Demasiado elevada. Eso se explica porque la contribución de Manzanillo ha sido demasiado alta: Llegaron a 30.4% el 7 de mayo.

Aunque al haber más enfermos recuperados en esa localidad el porcentaje disminuirá, es necesario revisar el protocolo de atención pues el Covid-19 ha sido confundida con dos enfermedades parecidas, causadas también por coronavirus: SARS y MERS, en las cuales el problema principal fue insuficiencia respiratoria. Por lo tanto, el menos en principio, el tratamiento se ha basado en mejorar la respiración. No obstante, la experiencia ha mostrado que el órgano más dañado es el corazón (hay dilatación, inflamación y derrame pericárdico); la mayoría de las alteraciones tisulares del pulmón son congestivas por falla cardiaca (edema pulmonar); los electrocardiogramas se alteran mucho sugiriendo infartos muy graves aunque las arterias coronarias estén sanas; hay también alteraciones del ritmo cardiaco y cuando ocurre paro es por detención absoluta del corazón y se califica de irrecuperable. Los enfermos  no tienen obstrucción bronquial y muchos resisten la falta de oxigenación sin ventilador, con oxigenoterapia “de alto flujo” y posiciones especiales en la cama.

Se ha hablado mucho de la posibilidad de coagulación sanguínea pero eso constituye una complicación conocida, llamada Coagulación Intravascular Diseminada (CID), que es de esperar en enfermos muy graves y chocados. A veces también hay acidosis sanguínea, aunque no es común.

Pero tampoco es exclusivamente una enfermedad cardiaca. Consiste en cambios inflamatorios generalizados que afectan también al riñón, al hígado, al cerebro y al intestino.

El tratamiento, en general, deja que desear, aunque ya se sabe que un grupo de antihipertensivos, llamados IECAS mejoran la sobrevida; y se cuenta con un antiviral efectivo y, supuestamente, con un anticuerpo monoclonal que dan esperanza y próximamente serán útiles.

Mientras tanto, enfocar el tratamiento hacia la participación cardiaca: Hacer ecocardiograma a todos, calcular gasto cardiaco y manejar esos parámetros adecuadamente, sin descuidar, por supuesto, toda la vigilancia del enfermo grave.

Y los no enfermos a quedarse en sus casas porque –en Colima- falta mucho para que pase el peligro.

cuauhtemoc_acoltzin@ucol.mx

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