COLUMNA: Aquí comienza…

Por Nican Ompehua

El virus SARS-CoV-2 llegó con intención de acabar con los humanos en la Tierra. Se trata de un agente patógeno desconocido, por eso se le dice “nuevo”. Apareció sin que se sepa cómo, oculto en alimentos que, si bien nos parecen raros, son comunes en otras partes.

Además, se disfrazó haciéndose pasar por enfermedades temibles causadas por sus congéneres: los coronavirus causantes del Síndrome Agudo Respiratorio Severo, conocida como SARS; o como MERS (Síndrome Respiratorio del Medio Oriente).

El nuevo SARS-CoV-2 invadió a una población universal sin protección ante él, de modo que todos resultaron vulnerables a su ataque. Se supuso que era alguna de esas enfermedades que producen insuficiencia respiratoria aguda grave lo que indujo a atender a los enfermos de manera semejante sin buscar otra explicación a ello. Por lo tanto, sabiendo su potencial de contagio, se recomendó no hacer autopsias.

Como el resultado del tratamiento instituido fue benéfico, algunos investigadores hicieron “biopsias” de pulmón a las personas muertas a causa de ese mal, tomando las muestras por punción del tórax. Con sorpresa encontraron dos cosas especiales: los hallazgos diferían y el virus continuaba presente en los cadáveres lo que desconcertó y aumentó el temor hacia los restos fúnebres de esos enfermos.

No obstante, en vista de los malos resultados, se hicieron varias autopsias, escasas y con mucha precaución, encontrando daño tisular extenso en todos los órganos del cuerpo. Se concluyó que mataría a mucha gente y que dada su contagiosidad afectaría a mucha gente: entre 70% y 80% de todos los habitantes del planeta y que se requerían hospitales equipados especialmente y muchos médicos, de los cuales no parecía haber suficientes. ¿Qué pasaría si todos enfermaran gravemente al mismo tiempo?

En México -y en todos los países- se planearon estrategias de protección: Lo primero, evitar contagios. No habiendo vacuna disponible habría que recurrir a evitar la exposición mediante aislamiento en casa con la colaboración de los centros de trabajo y los de convivencia social o esparcimiento que suspendieron labores; mantener distancia de al menos metro y medio entre las personas, en especial estando frente a frente; evitar tocar superficies de dudosa higiene, lavarse las manos con frecuencia y ¡No tocarse la cara! De esta manera se ha logrado reducir los contagios permitiendo que la curva de evolución no sea tan alta, aunque se ha prologando la duración de la epidemia. Si se ha logrado.

En segundo lugar, aumentar la posibilidad de atención a los enfermos construyendo hospitales, reconstruyendo más de 300 que estaban abandonados, reconvirtiendo áreas de hospitalización que permitieran dedicar las instalaciones disponibles para los enfermos graves, sin que otros enfermos, no contagiosos, se quedaran sin la atención debida; en esto participaron hospitales privados y hasta edificios diseñados para otros usos, pero que fueron adaptados. Se adquirieron equipos para ventilación asistida constante y otros tipos de insumos necesarios y se contrataron a cerca de 43000 elementos profesionales en el área de medicina.  El programa IMSS-Bienestar dispuso de 80 hospitales rurales para acercar los servicios médicos a 4.4 millones de indígenas mexicanos. Hospitales pequeños pero dotados de filtros de admisión, ambulancias de TRIAGE, y clasificación de salas para adultos graves, servicios quirúrgicos, obstétricos y pediátricos; servicios complementados con apoyo epidemiológico para identificación de contactos cercanos a los enfermos, suficientes pruebas de diagnóstico y visitas domiciliaria periódicas por trabajadoras sociales o enfermeras para seguimiento de quienes quedarán en cuarentena.

El resultado ha sido también satisfactorio pues, aunque ya parece haber pasado la etapa más crítica apenas se han ocupado la mitad de las camas disponibles (aunque en algunos lugares hasta 80%) de modo que todavía hay lugar. No ha sido necesario hospitalizar a los enfermos en patios, estacionamientos ni en jardines y, lo más importante: no se ha despreciado a los mayores como sucedió en España en donde aplicaron código negro (negándoles los servicios).

El tercer objetivo ha sido reducir la cantidad de enfermos. En México -hasta el día 26 de junio- (cuando se empieza ya la reapertura, es decir que cuando ha pasado lo peor) han ocurrido apenas 208392 casos. Sí, son muchos, pero no demasiados para un país con 125 millones de habitantes. Personalmente, tomando en cuenta lo ocurrido en Italia y en España, calcule que habría entre 475 mil y 625 mil contagiados. Visto así, aún son muchos menos de los esperados, aunque aún falta mucho para terminar.

Hay dos pendientes: En este medio la letalidad es casi el doble de lo esperado y la movilización de personas fuera de sus casas es bastante lo que podría hacer fracasar este tercer objetivo.

Entonces, cada persona debe hacer conciencia de que el problema de la pandemia esta y seguirá estando presente, y el riesgo de enfermar y morir también. Por lo tanto, si las medidas de protección son tan fáciles, no ah que despreciarlas.

 

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