El Comentario - Universidad de Colima

COLUMNA: Aquí comienza…

Por Nican Ompehua

A pesar de que se lleva gran camino avanzado en el desarrollo de la pandemia por coronavirus Sars-Cov-2, prevalecen varias dudas:

¿Sirve la prueba de reacción en cadena de polimerasa (PCR)? Bien: todos los recursos médicos para diagnóstico cuentan con indicadores de confiabilidad; los más importantes son los llamados Sensibilidad y Especificidad: la sensibilidad es la capacidad del procedimiento para identificar la enfermedad comparada con aquello que demuestra de manera indudable la existencia del mal. En caso de PCR su sensibilidad es variable: si la muestra se toma de la flema resulta de 89%, lo que significa que 9 de cada 10 personas con resultado positivo tienen la enfermedad y uno no, es un resultado falsamente positivo. Si se muestrea la nariz la sensibilidad baja a 73% (siente de cada 10 positivos tendrán la enfermedad), y si se toma de la garganta la sensibilidad baja a 60%. La especificidad es la capacidad de la prueba de negar la existencia de la enfermedad (la prueba es específica para ese mal de modo que si sale negativa no la tiene); en el caso de PCR para diagnóstico de Covid-19 es casi 100%: es decir que si niega que tengan Covid es seguro que no la tengan.

¿Se tiene que hacer prueba PCR a todos? No, porque lo más probable es que salga negativa y si sale positiva dejará duda. Además, la vigencia del resultado es de siete días porque en ese lapso la enfermedad se habrá manifestado en pleno y si hubiese salido negativa nada impide que en esa semana el enfermo se contagie. Además, está el costo de la prueba que es al derredor de cuatro mil pesos por lo que hacerla por rutina en una población de 126 millones de personas implicaría una erogación de 504 mil millones de pesos semanales. ¿Quién aguantaría ese gasto? Mejor invertirlo en hospitales, personal médico y elementos terapéuticos.

¿Qué tan confiables son las pruebas serológicas? Estas miden la presencia de anticuerpos en la fase tardía de la enfermedad y también la inmunidad residual. Son buenas también y más fáciles de hacer. Tienen sensibilidad entre 85% y 91% es decir con facilidad detectan los anticuerpos; y su especificidad entre 84% y 95%: si salen negativas niegan que haya anticuerpos. Lamentablemente no son patognomónicas (esto es exclusivas de la enfermedad que se busca). No son caras: el costo de la prueba puede variar entre 200 y 1100 pesos. En mi opinión, se deberían hacer una vez al personal que se reintegra a su sitio de trabajo cuando tiene que convivir con muchas otras personas.

¿Las mascarillas protegen? Al principio de la pandemia de Covid-19, en México, el Instituto de Salud Pública ordenó hacer una revisión sistemática de lo informado. Se encontraron seis artículos de los cuales cinco dijeron que no habría diferencia estadísticamente significativa entre usarlas o no ante el riesgo de contagio. Pero el 27 de junio de 2020, la revista The Lancet publicó un meta-análisis de 172 estudios de observación no controlados (quiere decir sin rigor científico) concluyendo que la “sana distancia”, los cubre bocas y la protección de los ojos pueden brindar buena protección. Especialmente si los usa quien esté enfermo, aunque se recomendó que todos recurrieran estos sistemas de protección cuando están en lugares públicos en donde no se puede guardar la distancia (como en las banquetas de las metrópolis, o como en los tianguis de los pueblos). Además, hay acuerdos gubernamentales que obligan a usarlos. Hay que hacerlo.

Las mascarillas impiden respirar bien: ¡Falso! Un médico del medio oriente se puso seis encimadas y trabajó así todo su turno. Antes, después y en lapsos intermedios midió la oxigenación de su sangre y no cambió.

Que si el confinamiento es aceptable. El problema con esta medida fue que se deterioraron la productividad de las empresas, se redujo el ingreso familiar y se despidieron a grandes cantidades de trabajadores. El INEGI informó que el 62% de las empresas han cerrado – al menos temporalmente-, que 92% de los trabajadores han sido afectados y que la violencia intrafamiliar aumentó en 81%. Esto sin contar la crispación que ha inducido a turbas destructivas reclamando por cosas que ni siquiera les incumben. Pudiera aceptarse que aquello de “#Quédate en casa” resultó equivocado. No obstante, la finalidad ha sido procurar que la atención hospitalaria y ventilatoria que ofrecen los gobiernos sea suficiente y evitar que los servicios se rebasen. No obstante, ha sido necesario reconvertir hospitales para dar cabida a todos los enfermos. No hay que olvidar que se intentó iniciar una fase de nueva normalidad y resultó en reactivación de la pandemia lo que significa que aislarse, en la medida de lo posible, sí evita contraer esta enfermedad tan contagiosa.

De los medicamentos y las vacunas, será motivo de otra publicación.

 

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