COLUMNA:  Aquí comienza…

Por Nican Ompehua

Lo nuevo, lo nuevo, es la relación favorable entre dengue y Covid-19. No se trata de un conocimiento establecido sino de una hipótesis enunciada por Miguel Nicolales de la Universidad Duke, de USA.

Él observó personas de varios lugares de Brasil quienes enfermaron de Covid-19 y detectó que había relativamente pocas que antes hubieran padecido dengue, comparando tal comportamiento con la tasa de incidencia esperada para dengue. La diferencia oscila entre 30% y 40% menor contagio de SARS-CoV-2 en quienes recientemente enfermaron de dengue. Esa observación permite suponer que enfermarse de dengue produce cierta protección “cruzada” (así se dice) de inmunidad contra Covid-19.

Claro que la suposición no puede resultar categórica porque procede de un estudio de observación retrospectiva, esto quiere decir que, habiendo observado el fenómeno de interés, se busca la asociación con dengue en personas distintas (en este caso, sin Covid-19).

Investigaciones de ese tipo han sugerido, por ejemplo, que beber alcohol (en especial vino tinto) pudiera prevenir las enfermedades del corazón. Estudios posteriores han negado tal concepto concluyendo que da igual tomar licor, vino o cerveza en cuanto a la posibilidad de contraer enfermedades cardiovasculares.

Esos estudios posteriores, de mayor validez, empiezan al revés observando a individuos expuestos y analizando los desenlaces, por ejemplo: en el caso del vino se identifica un grupo de personas que acostumbran tomar vino (en algunos países de Europa se prefiere en vez de agua o refrescos) y se compara con otro grupo que incluye solo a quienes no lo toman. Se observan al paso del tiempo en espera de conocer la frecuencia del desenlace. En el caso de la asociación dengue-Covid se empezaría por seleccionar a personas que han tenido dengue (en lapso reciente) y observar en el tiempo si contraen Covid-19.

Aunque un experimento se define como la observación del comportamiento de algo desconocido, se tiene la impresión que hace falta que el investigador intervenga de alguna manera para provocar la respuesta esperada. En efecto, así ocurre en diseños conocidos como ensayos clínicos. Puesto que en este tipo de estudios se recurre a la aleatorización y al control estricto del procedimiento, resultan más confiables, solo que tienen una cierta implicación ética: la intervención. Por lo tanto, se vuelve necesario explicar detalladamente a los participantes de lo que se hará, con especial énfasis en que pudieran recibir la intervención íntegra o solo fungir como elementos de comparación; los beneficios que representaría ser incluidos y el riesgo que representa. En el caso de la vacuna contra Covid-19 se han seguido tres pasos: el primero fue el desarrollo del producto en el laboratorio incluyendo observación de animales expuestos para identificar la respuesta inmunológica. El segundo, contratar a voluntarios sanos en busca de efectos adversos del producto aplicado; si no resultan importantes ni peligrosos se da el siguiente paso, que es el que está ocurriendo ahora. Es decir que la tercera etapa de investigación de efectividad de la vacuna en personas expuestas es precisamente un ensayo clínico.

Ante la pregunta ¿Dengue protege contra Covid-19?, habría que exponer a las personas convalecientes de dengue, a recibir el virus del Covid-19, aunque continuarían con las medidas de prevención ya conocidas: no salir sin absoluta justificación; hacerlo con cubrebocas usado correctamente; evitar el contacto físico con otras personas o hacerlo guardando sana distancia; no tocarse la cara y lavarse las manos con frecuencia. Después analizar si se enferman menos de Covid-19 que otro grupo que no se haya enfermado de dengue.

Mientras tanto, es de suponer que aquellas personas que han enfermado de dengue, en esta región y en esta época, probablemente tengan menor riesgo de Covid-19, pero no es seguro por lo que será mejor que se sigan cuidando.

 

cuauhtémoc_acoltzin@ucol.mx

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