Opinión

COLUMNA: Aquí comienza…

Por Nican Ompehua

Mucha gente se pregunta ¿Por qué no se vacunará contra Covid-19 a los niños? La respuesta es simple: ¡Por ignorancia!

¿Cómo? Se preguntarán.

Lo que pasa es que a la fecha hay poca información respecto al comportamiento de la enfermedad en ellos, en cuanto a la frecuencia en que los ataca, la importancia de la infección y su capacidad para contagiar a los demás.

Se ha descrito que les produce síntomas similares a los de la gripe: fiebre, tos seca, disnea, dolor muscular y fatiga, pero generalmente más leves que como son en los adultos. También hay casos graves, pero son, aproximadamente una tercera parte que lo que les ocurre a adultos y especialmente menores de un año de edad.

Se han conocido algunos casos graves en los cuales lo importante es la falta de oxigenación; aunque también se han observado datos de afectación en las arterias coronarias del corazón, que se dilatan de manera irregular remedando a otra enfermedad de origen tuberculoso llamada Síndrome de Kawasaki.

En realidad, la afectación de Covid-19 es “multistémica” lo que significa que afecta a muchos órganos y tejidos del cuerpo. Probablemente lo más afectado sea el endotelio vascular (es decir la capa celular del interior de los vasos sanguíneos) produciendo coagulación intravascular con obstrucción al flujo sanguíneo en el lugar de origen del coágulo en sitios remotos en forma de embolias. En especial también se daña el corazón induciendo alteraciones del ritmo cardiaco, falla grave y paro cardiaco.

¡Ah! Ya se dijo que todo esto es raro. Que por lo general la afección ni siquiera es identificada en los niños, por no presentar síntomas o ser muy leves.

Hay casos de infección innata, aunque no se tiene concepto claro de porque ocurre dado que se entiende se trasmite por contacto con enfermos y no siempre se puede detectar. Llama la atención que también se han enfermado prematuros y en ellos se manifiesta como falta de control de temperatura, respiración agitada, quejidos, aleteo nasal, tos, detención de la respiración, frecuencia cardiaca exageradamente acelerada, dificultad para la alimentación, letargo, vómito, diarrea y distensión abdominal.

Al empezar esta lectura se aclaró que hay ignorancia respecto al comportamiento de la enfermedad en los menores. Así es. La explicación que se ha dado se refiere a lo que se ha encontrado pero la experiencia aún es tan poca que no se puede generalizar.

El concepto actual es que la enfermedad es rara en los niños y que por lo general es leve.

En realidad, lo que más se ignora es lo que les ocurriría si reciben la vacuna pues los estudios realizados, que tanto entusiasmo han producido y que despiertan la esperanza de pronta distribución y aplicación, excluyendo a los menores de 16 años.

¿Qué por qué no se incluyeron en los estudios? Bueno se consideran una población peculiar. Dicen los pediatras que no son adultos pequeños, y tienen razón.

Desde el punto de vista de la epidemiología la población se separa en tres grupos: Los menores, los adultos en edad productiva (así se dice) y las personas en edad post productiva (mayores de 65 años). Esto es resultado de que la afectación y el comportamiento de las enfermedades difieren entre ellos.

Será necesario que, una vez aplicada la vacuna anti COVID-19 en el mundo real, cuando se conozca mejor el grado de protección, la duración de la inmunidad y los efectos secundarios entre millones de personas, se diseñen nuevos estudios de investigación en menores de edad con la finalidad de ofrecerles protección a pesar de la idea de que pueden defenderse bien porque tienen mejor sistema inmunológico ya que reacciona pronto, en aspectos de inmunidad natural llamada innata.

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