COLUMNA: Aquí comienza…

Por Nican Ompehua

Los murciégalos (del latín: mur, muris = ratón; caeculus, caecus = ciego. DRAE) o murciélagos (su metátesis) son de primordial importancia en la producción de epidemias pues son portadores naturales de múltiples tipos de virus y, en consecuencia, han sido transmisores de enfermedades virales desde tiempo inmemorial.

Aun no siendo hospederos definitivos, los vampiros (Desmodus Rotundus), que muerden a los animales para hacerlos sangrar y alimentarse de su sangre, se han considerado como transmisores de la rabia. No solo afectan a los animales sino también a los humanos que duermen en áreas abiertas y sin cobijarse debidamente pues les muerden los pies con la misma finalidad. También se sabe que han sido transmisores de enfermedades epidémicas como Ebola, Marburgo, Hendra SARS, MERS y, ahora, Covid-19, pues son hospederos definitivos de los coronavirus. También de una nueva amenaza llamada Nipah (por el sitio en que se ha encontrado) que se pudiera volver epidémica.

Se dice que son hospederos definitivos pues portan en su organismo a los coronavirus y pueden transmitirlo por un mecanismo muy simple: Ya se sabe que son mamíferos voladores, y que se alimentan de insectos, a los cuales detectan emitiendo ondas ultrasónicas –como el radar- y los pueden atrapar al vuelo. Bueno también los hay frugívoros que vuelan entre los árboles para buscar su alimento. También se sabe que reposan en las ramas de árboles, colgados de cabeza pues se sostienen con las garras de las patas posteriores ya que en las anteriores no tienen uñas: Permanecen apilados en grupos hasta de seis en un racimo. Pero tienen un hábito peculiar consistente en excretar las heces y orina contenidas en la cloaca justo al emprender el vuelo obteniendo un efecto como el de bombardeo que hace sospechar que empezará a llover cuando les cae a las personas y mancha con antiestético goteo las paredes de las casas cercanas a los árboles.

Los desechos excretados de ese modo pueden contaminar alimentos de animales y personas propiciando el contagio de los virus que contienen. Así han infectado a cerdos, camellos, civetas, pangolines, armiños, leones y gorilas; y, por supuesto, a personas poniendo en jaque a la economía mundial y haciendo trabajar tiempo completo a personal médico y a fármaco-biólogos investigadores.

Murciégalos hay en todas partes. Son más de 1300 especies y ocupan el segundo lugar de más frecuentes en el reino animal, solo después de los insectos. Los hay de diferentes tipos y tamaños, desde el pequeño Pipistrelo, que se mete a las casas y asusta a las familias, hasta el Diadema (Acerodon Jubatus), mejor conocido como Zorro Volador, tan grande que la envergadura de sus alas llega a medir 1.70 metros y ha sido indiciado como el origen de Covid-19.

Todos son portadores de coronavirus, aunque no todos estos virus son patógenos; algunos se han usado como vectores para reparar genes; otros son causantes del resfriado común y, el más temible: SARS-CoV-2.

Por eso han surgido diferentes variedades ya que coronavirus muta siempre que infecta a algún huésped intermedio, como el hombre, y lo hace con rapidez.

 

Así se han descubierto más “nuevos” coronavirus en Ghana, Sudáfrica, Inglaterra, Brasil, USA y, según se acaba de informar, en Italia, en donde se dio el caso de Covid-19 de un niño de cuatro años de edad, que parecía tener Sarampión, pero sus estudios confirmaron SARS-CoV-2. Lo más interesante de este caso es que ocurrió el 21 de noviembre de 2019; es decir que antes del 8 de diciembre de 2019, fecha en que fue hospitalizado el supuesto caso Cero en un hospital de Wuhan (China) y aproximadamente tres meses antes de los primeros confirmados con alarma (en ese país). Doblemente interesante porque el niño no viajó previamente a su enfermedad.

Los virólogos encargados de estudiar las enfermedades transmitidas por los murciégalos han alertado a la OMS en el sentido de que hay que evitar que se propaguen, solo que no se ha aceptado el combate directo contra dichos animales pues, por el contrario, al panorama ahora expuesto, son considerados como los principales agentes en la reproducción vegetal y porque, en vista de sus hábitos de alimentación, ayudan al control de plagas de modo que extinguirlos dañaría demasiado los ecosistemas.

Bueno. Hay quienes los han llegado a respetar como deidades o demonios y hasta se dio el caso del excéntrico escritor bostoniano Edward Gorey quien dejó [en su testamento] todo su dinero a grupos protectores de animales, uno de ellos dedicado a la conservación de los murciélagos.

 

cuauhtemoc_acoltzin@ucol.mx

 

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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