COLUMNA: Aquí comienza…

Por Nican Ompehua

Por ignorancia, desinformación o negligencia, pero aproximadamente 30% de los adultos mayores mexicanos decidieron no vacunarse contra Covid-19.

Primero habría que dudar del padrón pues el censo de 2020 fue interrumpido antes de terminar; aunque sus resultados son válidos porque el tamaño de la muestra es suficientemente grande: puede resultar representativo. De cualquier modo cabría preguntarse si en efecto había tantos mayores. La pérdida de personas mayores que han muerto por Covid-19 representa el 1% de toda la población mexicana, pues los mayores de 65% representan al 7.2% de los mexicanos.

Por ignorancia en el caso de no saber la importancia de afectación ni la letalidad de la pandemia en el lugar en donde viven, en su propio país ni en el mundo entero; ni comprender el tipo de protección que ofrecen las vacunas, en el sentido de que, históricamente hablando, hay enfermedades como la viruela negra, que han sido eliminadas de la  faz de la Tierra no obstante que jamás se contó con tratamiento efectivo al respecto; o de la poliomielitis, que está a punto de ser considerada también como eliminada. Y a pesar de que, muy probablemente, durante su infancia fueron vacunados en los programas universales de vacunación, porque en ellos se incluye a muchos niños y niñas, si no es que a todos.

Por desinformación ocasionada por todas las ideas que circulan en las llamadas redes sociales de Internet; información que algunas veces resulta cierta y bien intencionada pero en otras está llena de falsedades e incluso de mala intención, muchas veces tratando de desprestigiar a los sistemas de gobierno. Así ha ocurrido que, hoy en día, las personas –aun alejadas del ámbito de la medicina- creen tener idea clara de lo que son los procesos de investigación farmacológica y de los resultados, al grado de que quisieran elegir el tipo y marca de vacuna que les parece más conveniente; ¿cuándo se había hecho algo semejante ante alguna vacuna? En aquellos tiempos solo se informaba: ¡Hay que vacunarse! Y entonces las personas llevaban a los niños, o acudían si la aplicación fuera para adultos como Influenza, tétanos o neumonía, por ejemplos. En otros casos se comentó que la vacuna era un engaño y solo aplicaban agua; que podría ser más peligrosa que la enfermedad; que podría tener repercusión en futuras generaciones o, incluso, que al inyectarla aplicarían microchips capaces de espiar y hasta manipular a la gente.

Por negligencia cuando la persona se niega a aplicársela sin razón ni explicación; algunas veces amparados en creencias o en esperanza de que un ser todopoderoso, o su representación material, los protegerán de todo mal.

Lo ideal, para el control de la pandemia y la reactivación de la economía es vacunar a todos, lo que no se podrá hacer en corto plazo porque hay, en México, 126 millones 014 mil 024 habitantes (según el censo 2020), pero en la medida en que se proteja a quienes tienen mayor riesgo de enfermedad, gravedad y muerte, la enfermedad (Covid-19) se tornará manejable.

Cualquiera se sea el motivo de rehusar la protección de la vacuna trastornará los programas de prevención y retrasará la reactivación económica pues muchas personas -especialmente vulnerables- tendrán que permanecer en confinamiento, con movilización estrictamente por motivos esenciales, quedando expuestas a enfermar gravemente, sobrecargar de nuevo los servicios de atención en hospitales y desviar recursos que bien pudieran tener mejor aplicación, si se descuidan.

En este mes empieza la vacunación de otro grupo de personas que también tienen gran riesgo de muerte: Si el 49.49% de los fallecidos por Covid-19 han sido mayores, otro 41.25% de los decesos han ocurrido en personas entre 45 y 64 años de edad. Por eso, quienes se encuentren en ese grupo, deben acudir, con entereza y sin temor, a los centros de vacunación cuando así se les convoque.

cuauhtemoc_acoltzin@ucol.mx

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