COLUMNA: Aquí comienza…

Por Nican Ompehua

La palabra laico no es sinónimo de ateo, no, significa que no sé es parte de ninguna jerarquía eclesiástica. Así, un laico puede ser la persona común, religiosa o no, que tiene libertad para pensar y para actuar. Los sacerdotes católicos se refieren a sí a los integrantes de la feligresía.

Pero el interés de este tema se refiere al llamado Estado Laico en oposición al Estado Confesional: El primero es aquel que mantiene autonomía ante las religiones; el segundo, por el contrario, adopta oficialmente una religión en su Constitución Política.

Recuérdese cómo algunos reyes son coronados por el obispo, o su equivalente. Recuérdese también el lema de los Estados Unidos de Norteamérica que reza: “En Dios confiamos”.

La Constitución Mexicana establece un Estado Laico, pero no lo define con claridad pues en el Artículo 130 dice -a la letra-: El principio histórico de la separación del estado y las iglesias orienta las normas contenidas en el presente artículo. Las iglesias y demás agrupaciones religiosas se sujetarán a la ley.

Es claro en cuanto a que la Ley está por encima de las creencias religiosas; no así en cuanto a las conductas de los integrantes del Gobierno en relación a las religiones, salvo en el inciso b): Las autoridades no intervendrán en la vida interna de las asociaciones religiosas. Dice intervendrán, no dice participarán. Aunque los funcionarios públicos cuentan con la libertad individual de profesar la creencia religiosa que más les agrade y participar en las ceremonias, según el Artículo 24 de la misma Constitución, que limita al decir: siempre que no constituyan delito o falta penada por la ley.

El Artículo 130 no es claro en lo correspondiente a la intervención de las agrupaciones religiosas en los asuntos del Estado, salvo en lo referente a la participación de los ministros en elecciones, partidos políticos o propaganda proselitista de índole política. Aunque las Leyes de Reforma -emitidas por Benito Juárez, Melchor Ocampo, Manuel Ruiz y Miguel Lerdo de Tejada- buscaban claramente la independencia del Estado Mexicano respecto al clero y al ejército (Según Patricia Galeana).

Pero la laicidad del Estado Mexicano se tambalea pues en los últimos años ha habido un movimiento nacional tendiente a modificar los artículos constitucionales, teniendo –al parecer- como primer objetivo fundamental la exigencia de instrucción religiosa en las escuelas, y aunque movimientos como la Iglesia Luz del Mundo (hoy en entredicho) y el Foro Cívico México Laico han opuesto resistencia, paso a paso los congresos estatales han permitido avanzar, mejor dicho retroceder, pues se empieza a minimizar la importancia del trato laico entre iglesia y estado. Cabe mencionar que en este país hay muchas asociaciones religiosas, pero solo una cuya tendencia es mayoritaria a todas luces. (Ver: Barranco Bernardo. Las Batallas del Estado Laico. La reforma a la libertad religiosa. Penguin Random House S. A. de C. V. 2016)

El colmo es la actitud tomada por el actual Presidente de la República quien -traicionando el pensamiento juarista y de los auténticos liberales- se ha postrado ante ministros religiosos portando la banda tricolor. Ha participado en ceremonias religiosas, investido como presidente. Cita en sus conferencias los mandamientos de la ley mosaica, que no tienen nada que ver con la legislación que nos constituye mexicanos.

cuauhtemoc_acoltzin@ucol.mx

¡Ah! No se mueran de repente. Si se sienten mal acudan a un servicio de urgencias y exijan que les hagan electrocardiograma.

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