Opinión

COLUMNA: Ciencia y futuro

Emigrar, retornar y reemigrar en el circuito migratorio península de Yucatán-California-Oklahoma y Oregón

Por Dra. Adriana Cruz-Manjarrez*

La emigración de los pueblos indígenas mexicanos hacia Estados Unidos no es un fenómeno reciente. La migración de los mayas de Yucatán, por ejemplo, comenzó en la década de 1970 y se intensificó a lo largo de los años noventa. En sus inicios fueron hombres jóvenes solteros y recién casados, o padres de familia quienes emigraban a California. Luego, se integraron las mujeres jóvenes recién casadas quienes se iban con sus esposos a trabajar. Poco a poco, las mujeres solteras, las madres solas, las jefas de familia, las viudas, y las familias con hijos pequeños se integraron a este flujo migratorio internacional y se empezaron a asentar en los estados de California, Oregón, Oklahoma y Texas. A partir de la década del 2000, diversos estudiosos del tema documentaron el nacimiento de niñas y niños mayas en Estados Unidos, así como la formación de familias transnacionales y familias de estatus legal mixto en México y Estados Unidos. Es decir, familias integradas por ciudadanos mexicanos y estadounidenses, residentes estadounidenses; migrantes irregulares o indocumentados, y jóvenes con Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA) y Temporary Protected Status (TPS) en Estados Unidos.

Las grandes transformaciones que se dieron en el 2001 a causa del acto terrorista del 9/11, la crisis económica del 2008, la implantación de políticas anti-inmigrantes, el continuo reforzamiento y militarización de la frontera sur del vecino del norte, han tenido grandes impactos sociales en la migración mexicana hacia el país de las barras y las estrellas. Desde la administración de Barack Obama (2009-2017), Donald Trump (2017-2021) y Joe Biden (2021 a la fecha), miles de migrantes mexicanos han retornado a México, algunos de manera voluntaria individual o familiar, y otros por expulsión, repatriación y deportación. En este contexto, miles de familias mayas migrantes han sido separadas binacionalmente porque unas regresan a México sin planearlo, algunos familiares se quedan en EUA, y otros llegan a México por primera vez a causa de la deportación de algún familiar. Así mismo, cientos de familias con infantes y jóvenes nacidos o crecidos en aquel país han llegado a México inesperadamente.  

Al retornar a Yucatán, las y los mayas migrantes continúan enfrentándose a las mismas causas que los hicieron emigrar: la precariedad de los salarios, el desempleo, la falta de oportunidades laborales y educativas y la desigualdad social. Además, encuentran que el Estado mexicano no ha generado políticas públicas de desarrollo económico ni de reinserción laboral de los retornados a sus comunidades de origen. Incluso, las familias retornadas se enfrentan a la falta de políticas de integración educativa para los hijos nacidos o crecidos en EUA.  

En este complejo y complicado panorama del retorno a México, cientos de mayas retornados se emplean en trabajos informales mal pagados, otros abren negocios familiares pequeños, algunos con éxito y otros no. Esta situación ha llevado a decenas de jefes y jefas de familia a reemigrar a las zonas turísticas de Quintana Roo en busca de mejores oportunidades salariales y laborales. Otros continúan intentando reemigrar a Estados Unidos a pesar de saber de que, el costo del cruce fronterizo es cada vez más caro, y la inseguridad y la peligrosidad del mismo es un hecho latente, así como la posibilidad de ser encarcelados por las autoridades migratorias estadounidenses.

En la actualidad, el patrón de retorno a México ya no es el único. Las y los mayas nacidos en Estados Unidos durante las décadas de 1990 y el 2000, y que crecieron en Yucatán, están regresando a California y Oregón, por las mismas causas que sus padres emigraron: para trabajar. Algunos también regresan para estudiar. Para estos nuevos retornados, las redes familiares que se han mantenido en aquella nación, juegan hoy un papel fundamental en su integración laboral, educativa y comunitaria. Del mismo modo, estos nuevos retornados se han integrado a las dinámicas familiares transnacionales porque envían remesas a sus padres y los visitan en Yucatán. Por último, cabe destacar que la ciudadanía estadounidense les otorga a estos nuevos retornados, el derecho legal a viajar entre México y Estados Unidos sin ninguna restricción de su movilidad, y paradójicamente les ofrece salarios más altos que a los migrantes indocumentados en los mismos nichos laborales en los que sus padres y otros migrantes mayas han trabajado: la industria restaurantera, la construcción, y el área de servicios.

En síntesis, la migración de los mayas yucatecos a México y Estados Unidos presenta una gran complejidad en los patrones de movilidad, que incluye emigrar, retornar y reemigrar en un circuito migratorio que conecta a las y los mayas intergeneracionalmente en la Península de Yucatán (Yucatán y Quintana Roo), California, Oregón, Oklahoma y Texas, y en esta migración hay retornados a México y Estados Unidos.

Para conocer más de este tema, es posible consultar el siguiente enlace:  https://doi.org/https://doi.org/10.21670/ref.2012054.

*Profesora Investigadora del Centro Universitario de Investigaciones Sociales de la Universidad de Colima

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

Botón volver arriba