COLUMNA: Ciencia y futuro

Preeclampsia y su impacto durante el embarazo 

Por Dra. Mónica Ríos Silva*

La elevación de la presión arterial en pacientes embarazadas es una situación clínica que pone en riesgo tanto al feto como a la madre; los trastornos hipertensivos del embarazo representan las principales causas de morbilidad y mortalidad materno-fetal pues, según datos de la OMS, son responsables por aproximadamente 22% de la mortalidad materna en América Latina, 16% en África y 12% en Asia.

La preeclampsia es un trastorno hipertensivo del embarazo que se manifiesta después de las 20 semanas de gestación en una madre con presión arterial sistémica previamente normal y que se acompaña de proteínas en la orina de la paciente.

La eclampsia es una complicación grave de la preeclampsia con afectación a nivel del sistema nervioso -que se manifiesta como crisis convulsivas- además de manifestaciones sistémicas a nivel de hígado, riñones, entre otros órganos.

Como se mencionó previamente, la preeclampsia y sus complicaciones son un grupo de entidades clínicas que afectan a un grupo vulnerable con impacto significativo no solo en la madre que la presenta sino también en el producto de su gestación.

En la madre, además de los riesgos a corto plazo de complicaciones mortales, los riesgos a largo plazo al asociarse con enfermedades cardiovasculares están relacionados con la severidad de la enfermedad. El feto, por otro lado, también sufre las consecuencias de una mala circulación útero-placentaria por lo que, complicaciones como partos prematuros, retraso en el crecimiento intrauterino e incluso muerte intrauterina pueden presentarse, además si la madre experimenta complicaciones graves, el riesgo de complicaciones fetales también se incrementa significativamente.

Aunque se han identificado diversos factores de riesgo para desarrollar preeclampsia entre los que se encuentran la edad, el antecedente de hipertensión previa al embarazo, obesidad, algunas enfermedades autoinmunes, entre otros; no se conoce con certeza todos los mecanismos por los cuales una mujer embarazada desarrolla esta enfermedad.

En este sentido, se ha postulado que el problema consiste en una pobre adaptación de la madre a su producto caracterizada por la falta de cambios en las arterias espirales uterinas en el sitio donde se implanta el feto a través de la placenta. Este proceso de adaptación del útero a la placenta depende de un delicado equilibrio entre factores angiogénicos (factores que favorecen la proliferación de los vasos sanguíneos) y factores antiangiogénicos. Ambos, tanto factores angiogénicos como antiagiogénicos son, en su mayoría, producidos por la propia placenta y se requieren para que tanto los vasos sanguíneos del útero como los de la placenta sufran los cambios necesarios para que la circulación sanguínea sea eficiente.

Al no existir el equilibrio adecuado, los vasos sanguíneos no irrigan adecuadamente y debido a esta mala circulación, la placenta aumenta o disminuye la producción de moléculas productos, cuyos efectos no se limitan a la placenta y el útero, sino a nivel sistémico, que son los responsables de los diversos síntomas y signos además del grado de severidad y presencia de complicaciones en la madre. Por ejemplo, la presión arterial se eleva entre otros factores como consecuencia del déficit de óxido nítrico, un potente vasodilatador.

Los tratamientos disponibles actualmente se centran en corregir los síntomas o las complicaciones de la preeclampsia, por ejemplo para el control de la presión arterial, los medicamentos recomendados con este objetivo son los mismos fármacos que se usan para un paciente con presión elevada sin embarazo, salvo que se seleccionan aquellos que no afectan al feto, en la actualidad la única medida farmacológica preventiva recomendada por la OMS es la administración de aspirina, la cual estaría indicada hasta antes de la semana 36 de embarazo.

Dada la importancia que tiene la preeclampsia sobre la morbimortalidad materna y fetal, las investigaciones actuales han incrementado su interés en la búsqueda de nuevos tratamientos que permitan regular los factores angiogénicos y antigiogénicos alterados; los modelos experimentales en animales han resultado una alternativa útil para estas investigaciones y han contribuido sustantivamente al avance del conocimiento de esta patología.

Debemos agregar, además, que la medición de estos factores angiogénicos y antigiogénicos tanto en la sangre de la madre como en el líquido amniótico ha servido como una prueba de laboratorio para identificar el riesgo de desarrollar esta enfermedad así como su presencia. Aunque su uso aún no ha sido generalizado en la práctica clínica, constituyen una herramienta diagnóstica promisoria sobre todo para el diagnóstico temprano.

*Profesora de Cátedras Conacyt del Centro Universitario de Investigaciones Biomédicas de la Universidad de Colima.

 

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