Opinión

COLUMNA: Ciencia y Futuro

Cuauhmatlatl, el poder de las malezas

Por Dr. Carlos Luis Leopardi Verde*

La palabra que titula este ensayo, de acuerdo con el Gran Diccionario de Náhuatl, entre otras cosas significa maleza. Por regla general, las malezas son consideradas plantas indeseadas porque interfieren con las actividades humanas, desde el manejo de un cultivo hasta el cuidado de un jardín. Sin embargo, ¿te has detenido a pensar cuántas especies de esas plantas hay en tu entorno y lo importantes que son para ti? Quizás bastaría que te detuvieras un minuto y observaras la acera por la que usualmente caminas, el estacionamiento en el que normalmente dejas tu auto o el jardín de tu casa.

Probablemente a primera vista parece que no hay gran cosa, pero si observas con detenimiento, notarás infinidad de flores amarillas, blancas, rojas, lilas, varios tipos de zacates e incluso musgos y hepáticas (lama). Algunas de esas plantas pueden ser vistosas como el chicalote (Argemone ochroleuca) o la verdolaga (Portulaca oleracea), pero también pueden ser diminutas como la flor diamante (Oldenlandia corymbosa). Algunas de ellas pueden ser tóxicas como la sarna de perro (Rauvolfia tetraphylla) o apreciadas tanto en la cocina tradicional, como en la alta cocina, como varias especies de quelites (p. ej. Amaranthus palmeri). Algunas de estas plantas podrían ser una fuente alternativa de fibras finas, como el acapan o tronadora (Abutilon trisulcatum). En promedio, el 80% de las plantas que observarás son nativas de México y es posible que algunas incluso sean endémicas de Colima (en promedio alrededor del 10% lo son).

Las plantas son un componente funcional y estructural básico de cualquier ecosistema, eso incluye aquellos que son directamente modulados por las actividades humanas como los agroecosistemas y también los ecosistemas urbanos. En todos los casos las plantas conforman el grupo de productores primarios que brindan alimento y muchas veces refugio a otros seres vivos. Además, son ellas las que dan estructura tridimensional a esas comunidades. Al ser un elemento funcional básico, es claro que, a mayor diversidad de plantas, más amplias y robustas serán las redes de interacciones entre organismos (tanto herbívoros, como sus depredadores), lo que se traduce en comunidades más saludables y resilientes.

¿Qué significa lo anterior? A mayor diversidad de organismos contaremos con servicios ecosistémicos más robustos. Aplicando esto a agroecosistemas, se puede traducir mejores servicios de polinización, que son indispensables para muchos cultivos. También una mayor diversidad de plantas se relaciona con un suelo que será más saludable, ya que las raíces de estos organismos contribuyen a mejorar la estructura del suelo e incrementarán la diversidad de otros seres vivos (hongos, bacterias, etc.) con los que interactúan a nivel de la rizosfera. También una mayor diversidad de plantas en el contexto de un agroecosistema es positiva porque incrementa los recursos disponibles para los herbívoros, por lo tanto, disminuye la presión de herbivoría hacia el cultivo. Pero hay un beneficio extra, al incrementarse la diversidad de organismos, también aumenta la diversidad y el tamaño de las poblaciones de los depredadores y por ello las plagas tienden a controlarse. Este tipo de manejo, que aprovecha los mecanismos de modulación naturales, en muchos lugares del mundo se ha aprovechado con éxito y se le llama permacultura.

En un entorno urbano, mayor diversidad de organismos se asocia a un control de vectores de enfermedades (como los mosquitos) que potencialmente puede ser más eficiente, pero también podría estar vinculado con el incremento de la diversidad y con ello de la fauna que suele apreciarse (aves, mariposas, etc.). Como un extra, el promover el incremento de la diversidad de plantas en el área urbana y también la proporción de áreas verdes tiene beneficios extra, como limitar el efecto de isla de calor que suele estar asociada a las ciudades, y con ello se ayuda a mejorar el clima de la ciudad y a mitigar el cambio climático. Por otro lado, hay muchas “malezas” que tienen un elevado potencial hortícola y que al estar adaptadas a las condiciones de la zona requieren menos agua y cuidado, por citar tres ejemplos la pelagallina (Kallstroemia grandiflora), el olotillo (Tetramerium nervosum), ambos con flores hermosas. El tercer ejemplo es el de pastos o zacates locales (Hilaria spp.) que bien podrían estar en los jardines y suelen estar en los jardines sin que nadie los plante o los cuide.

Hay abundantes estudios para el centro de México que demuestran que las “malezas” son una fuente de recursos para las comunidades, sea como forraje para los animales, como medicinas o alimentos para las personas, o incluso como insumos que pueden venderse en los mercados locales. Para estas personas, las malezas significan oportunidades, no problemas. ¿Qué serán para ti estas plantas silvestres que crecen de forma espontánea en tu entorno?, es algo que deberás decidir. Sin embargo, te invito a que te des un tiempo para observarlas y veas cómo otros seres vivos, como las aves granívoras (p. ej. los gorriones y el pinzón mexicano) las aprovechan.

Si te interesó este tema, te invito a que leas otros textos publicados al respecto:

Malezas en cultivos comerciales en el estado de Colima: https://tinyurl.com/z9xzybyf

Malezas, malas, pero no tanto: https://tinyurl.com/2s49fmnp

Malezas ¿endémicas?: https://tinyurl.com/477wvb6e

*Profesor e Investigador de Tiempo Completo de la Facultad de Ciencias Biológicas y Agropecuarias de la Universidad de Colima

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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