COLUMNA: Ciencia y Futuro

Adivina…. adivinador, ¿hay delfines en la costa de Colima?

Por Dr. Christian D. Ortega Ortiz*

Los delfines son animales muy carismáticos; todos los conocemos, todos sabemos que son muy inteligentes, todos los niños los dibujan, identifican los sonidos que hacen y también saben que son habitantes del mar.

Los delfines son animales con muchas adaptaciones al medio marino, pero sin duda la más sorprendente es su sistema ecolocalizador que les permite emitir ondas sonoras e interpretar el eco resultante para: 1) hacer un “mapa” del ambiente marino, 2) localizar a sus presas y 3) comunicarse entre ellos. También son capaces de distribuirse en casi cualquier hábitat acuático: cuerpos de agua dulce, estuarios lagunas, aguas costeras y oceánicas, y hasta en grandes piscinas de acuarios. La mayoría de los delfines habitan en aguas marinas tropicales o subtropicales; mientras que la orca o ballena asesina, que también es un delfín, habita en todas las aguas marinas incluyendo aquellas cercanas al hielo polar.

Los delfines viven en familias que varían en número según la especie y el hábitat, desde cinco individuos cerca de la costa y hasta miles de éstos en aguas oceánicas. La formación de estas agregaciones tiene dos funciones principales: 1) conseguir comida y 2) evitar ser la comida. Son organismos carnívoros que se encuentran en los niveles más altos de las cadenas tróficas. Se alimentan de una gran variedad de presas, tales como: moluscos, crustáceos, peces, tiburones, mantas y algunos mamíferos, por ejemplo, las orcas depredan lobos marinos, focas, delfines y hasta ballenas.

En relación a su reproducción, alcanzan su madurez sexual después de los cinco años de edad; la gestación es de 11-12 meses y solamente paren o dan a luz a una sola cría, que es alimentada con leche materna exclusivamente en los primeros años de vida. Su longevidad llega hasta 60 años.

Se reconocen 36 especies en el mundo, de las cuales 10 han sido registradas en costas del Pacífico Central Mexicano, donde se ubica Colima. En esta región el delfín manchado (Stenella attenuata) es el predominante, se le puede observar durante todo el año, cerca y alejado de la costa, en grupos pequeños y grandes, y alimentándose de peces como el barrilete y la palmeta. En frecuencia de registros le sigue el delfín de dientes rugosos (Steno bredanensis), una especie de hábitos oceánicos, pero que por alguna razón es frecuente observarlo cerca de la costa de Colima; creemos que es porque busca comida, usualmente se le avista alimentándose de peces, como dorado y barrilete. Incluso se ha tenido la suerte de documentar mediante video submarino una táctica de alimentación inédita: El empleo de burbujas para mimetizarse o “esconderse” y favorecer la captura de su presa.

Especies como el delfín tornillo (Stenella longirostris) y el delfín nariz de botella (Tursiops truncatus) se avistan en temporadas de invierno-primavera y alejados de la costa. Pero los registros de orcas (Orcinus orca) y orcas falsas (Pseudorca crassidens) han sido los que más han llamado nuestra atención, dado que no tienen un patrón claro en espacio y tiempo; es decir, las hemos registrado cerca y lejos de la costa, y en todos los meses del año. Eso sí, las hemos visto alimentándose, principalmente de peces, pero el menú de las orcas también abarca las tortugas marinas, delfines y hasta ballenas jorobadas. En una ocasión fuimos testigos de ver un encuentro de una orca macho con una madre con cría de ballena jorobada, a 13 km frente a la costa de Michoacán. Por más de cuatro horas la orca estuvo acechando a las ballenas para separarla y depredar a la cría; un evento tal vez triste para algunos, pero que es parte de la cadena trófica marina.

Otras especies como el delfín común de rostro corto (Delphinus delphis), el delfín listado (Stenella coureloalba) y el delfín de riso (Grampus griseus) han sido registradas como especies poco frecuentes o raras en esta región.

Existen diversas amenazas para los delfines que los pueden afectar tanto directa como indirectamente; y se dividen en naturales y antropogénicas. Entre estas últimas destacan la cacería, la pesca incidental, los conflictos con las pesquerías, la contaminación, el tránsito marítimo, entre otras. En la región de Colima y Jalisco hemos registrado casos de delfines varados en las playas o flotando muertos en altamar con marcas de enredo en redes de pesca y con heridas potencialmente hechas por las hélices de las lanchas. Sin embargo, aún falta mucho trabajo por hacer para conocer el o los principales factores de disturbio de estas especies.

Debido a su posición en la cadena trófica, los delfines pueden ser utilizados como bio-indicadores de salud de los ecosistemas a corto, mediano y largo plazo, por lo que la valoración y conservación de las poblaciones de estos importantes recursos marinos es esencial y es responsabilidad de todos nosotros. Te invitamos a contaminar lo menos posible, ¡todo llega al mar!

*Catedrático de la Facultad de Ciencias Marinas de la Universidad de Colima.

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