Opinión

COLUMNA: Ciencia y Futuro

Epigénetica, alimentación y salud mental

Por Minerva Ortiz Valladares

El desconocimiento de la importancia de la salud mental y la nutrición afecta la consolidación estructural y funcional del sistema nervioso. Existe un conjunto de nutrientes con actividades puramente reguladoras que resultan esenciales para su correcto funcionamiento durante toda la vida, y en etapas tempranas llevan a cambios que regulan la función neuronal para el neurodesarrollo del individuo.

Los resultados del Proyecto Genoma Humano, fueron publicados hace 20 años en las dos revistas científicas más importantes, la europea Nature (volumen del 15 de febrero de 2001) y en la revista norteamericana Science (volumen del 16 de febrero de 2001). En ellas, se presentaba una secuencia casi completa correspondiente al 90% de los tres mil millones de pares de bases que componen al genoma humano.

La esperanza con este descubrimiento era que una vez teniendo anotado el genoma (el libro de la vida), la ciencia encontraría la causa y cura para todo padecimiento: Cáncer, Alzheimer, Parkinson, Diabetes, etc. Sorpresivamente, el número de genes era relativamente pequeño, menos de 30 mil; la complejidad del ser humano en tan poco, parecía que algo más pasaba y no se habían dado cuenta. ¿Y si la herencia no depende únicamente del ADN? ¿Qué es lo que activa y desactiva los genes?

Se entiende que el ambiente juega un papel crucial para el desarrollo óptimo de los seres humanos. La epigenética es el conjunto de cambios en la función de los genes que son hereditarios y que no se atribuyen a alteraciones de la secuencia de ADN, es decir, nacemos con un número determinado de genes que pueden ser activados o silenciados dependiendo del ambiente en el que nos desarrollemos.

El concepto fue establecido en 1942 por C. H. Waddington, para referirse al estudio de las interacciones entre genes y sus productos que modifican la expresión fenotípica en diferentes organismos. En la actualidad, muchas enfermedades, conductas e indicadores de salud, ya tienen evidencia de su conexión con los mecanismos epigenéticos como cáncer, deterioro cognitivo, enfermedades autoinmunes y neuroconductuales.

Una dieta balanceada es un factor importante para el mantenimiento de la salud y consecuencia de una buena calidad de vida. Sin embargo, una alteración en la composición de la dieta puede producir una condición nutricional deficiente, alterando el funcionamiento del organismo.

La nutrición en etapas tempranas juega un papel crucial para el neurodesarrollo. Estudios epidemiológicos han asociado la condición nutricional materna y la presencia a corto plazo de retardo de crecimiento intrauterino y a largo plazo, con algunas enfermedades crónicas como padecimientos cardiovasculares, obesidad y diabetes tipo 2 o afecciones mentales como esquizofrenia, ansiedad y depresión.

Los cambios en la dieta se relacionan con diversas alteraciones metabólicas; se ha demostrado que el cerebro inmaduro cambia con el transcurso del tiempo, especialmente durante etapas que son críticas para su organización estructural y funcional, debido a que el tejido cerebral es vulnerable a factores epigenéticos que modulan su ensamblaje y funcionalidad. La vulnerabilidad depende de su concurrencia temporal con procesos citogenéticos (neurogénesis, migración, sinaptogénesis, mielinización, gliogénesis, etc.) que ocurren en diferentes partes del cerebro y etapas de la vida para garantizar su correcta funcionalidad futura.

La relación de la nutrición y las enfermedades mentales surge de la investigación epidemiológica, donde personas que habían sido gestadas o habían vivido sus primeras etapas de vida con restricción nutricional (Segunda Guerra Mundial, La Gran Hambruna China, etc.), en el futuro manifestaron alteraciones conductuales tales como depresión, ansiedad y esquizofrenia.

Aunque, todavía se desconocen los detalles de estas alteraciones epigenéticas por los cambios en la dieta, se ha observado que tienen menor nivel de metilación en un gen implicado en el metabolismo de la insulina en comparación con los que fueron alimentados adecuadamente.

A su vez, otra alteración que se ha observado es estrés oxidativo debido a una baja ingesta de frutas y verduras, disminuyendo así la ingesta de antioxidantes exógenos y su incremento con en el consumo de alimentos ricos en grasa y azúcares, alterando procesos celulares como la división, comunicación, transporte de nutrientes, metabolismo, debilitando la membrana celular y aumentando la muerte celular. De igual forma, se ha identificado que el comportamiento y el medio ambiente influyen en la neurogénesis en el hipocampo adulto a través de mecanismos epigenéticos.

Ahora, no solo la cantidad sino el tipo de alimento afectarían los cambios en la transcripción y traducción del ADN, además que cualquier efecto del medio ambiente, como lo es la alimentación, es vital para la comprensión de la conducta humana. Por lo tanto, es preciso adquirir hábitos de alimentación saludable que, complementado con la actividad física, mejoraría el estado de salud integral de la población y de las futuras generaciones. Sin lugar a duda, somos lo que comemos.

 

*Minerva Ortiz Valladares, estudiante postdoctoral adscrita al laboratorio de Neurociencias de la Facultad de Psicología de la Universidad de Colima

 

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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