COLUMNA: Ciencia y Futuro

La Cuarta Transformación y el rumbo de la economía

Por Dr. Juan González García*

A casi un año de cambio político en México de 2018, se escuchan y leen todo tipo de notas en redes sociales, e ideas en medios masivos de comunicación como la prensa, radio y televisión,  en torno a lo que está pasando en el inicio de la llamada Cuarta Transformación. No voy a ahondar más en torno a lo que significa esta expresión y de sus diversas dimensiones para el Gobierno federal e incluso quizá para la sociedad. Sin embargo, sí voy a ahondar un poco en su significado en la economía.

Transformación y transformar son expresiones con una misma raíz y/o familia de palabras, la cual desde el punto de vista semántico no implica ningún problema comprender. En la economía, en la ciencia económica, es un término que se emplea para referirse al cambio que se busca en la economía real, principal, aunque no únicamente. Recordando que en la economía tradicionalmente existen las llamadas economía real o productiva y la economía no real, financiera y/o monetaria.

Pues bien, desde el punto de vista político, ofrecer una transformación de la economía y llevarla a cabo ya en el gobierno implica realizar las modificaciones a las sustentaciones teóricas, para propiciar el cambio en el statu quo de la economía en todos los órdenes posibles. A final de cuentas es buscar un cambio estructural de fondo en el conjunto de las decisiones que todo el tiempo están tomando los agentes económicos, aunque no únicamente el gobierno. Ese cambio estructural, y agregaría, institucional, no se va a realizar en unos cuántos meses, de darse, necesitará entre cinco y diez años para cimentarse, acorde a lo que establece la teoría del desarrollo económico.

Pues bien, el gobierno, en su vertiente económica, es el agente económico principal y en quien reside la responsabilidad de conducir e incidir en el rumbo de la economía. En su momento, en 2018, durante los discursos de las campañas políticas, la oposición hoy gobierno, veía en el cambio del modelo de desarrollo económico la solución a gran parte o todos los problemas no solo de la economía, sino incluso sociales, como la pobreza y la inseguridad.

La explicación en torno a la pobreza era del tipo de la ofrecida por teóricos como Ragnar Nurkse en la década de los 50 del siglo pasado del famoso “Círculo vicioso de la pobreza” en la que era la causa fundamental de todos los males de los países y sociedades económicamente sub o infra desarrollados. La explicación en los términos del contexto actual mexicano, era que, debido al históricamente bajo nivel de crecimiento económico, se habían generado toda una serie de efectos nocivos o tóxicos, para usar una expresión de las ciencias de la salud.

Bajo crecimiento económico, insuficiente empleo, poca inversión, nulo ahorro, bajo nivel de ingreso salarial, estancamiento del consumo de los hogares y lógicamente, pésima distribución del ingreso y, por ende, incremento de la pobreza y la inseguridad. Lo que al existir necesidades materiales humanas qué satisfacer, o para decirlo en términos keynesianos, consumo autónomo, que se requiere realizar, ubicó a un importante porcentaje de la sociedad, en la disyuntiva de esperar a que la economía formal le ofrezca la oportunidad de incorporarse a la economía formal, (o mejorar en ésta) y buscar solución a sus necesidades en la economía informal, subterránea o ilegal.

La solución, se decía, era cambiar la raíz del problema, el modelo de desarrollo, que no permite que la gente y, en general, los agentes económicos, tengan la posibilidad de contar con una existencia material, que les permita por sí mismos resolver sus necesidades económicas materiales, sin necesidad, valga la redundancia, de entrar a la economía ilegal.

Hasta ahora, la llamada Cuarta Transformación, impulsada por el gobierno y presidente actual, no logra estructurarse integralmente. En el interín, las promesas de cambio se han expresado en una serie de decisiones, que aparecen entre obvias y contradictorias. Me atrevería a decir que el gobierno actual, cuando menos en lo económico, enfrenta una realidad parecida a una de las frases célebres de Oscar Wilde en torno a las dos grandes tragedias de la vida. Ambas relacionadas con la búsqueda de un objetivo y el no lograrlo o el lograrlo.

Generalmente, uno de los grandes problemas que se presentan a escala del individuo o agente económico y del gobierno, no está relacionado con el qué sino con el cómo. Si bien el gobierno tiene bien claro (eso espero) no sucede lo mismo con el cómo. En síntesis, propiciar una transformación, desde el punto de vista económico, no solo está en el discurso, cuando se busca como objetivo el poder de dirigir un país, sino en el cómo hacerlo, cuando, como en el caso de México, ya se está en el poder.

La Cuarta Transformación, a unos cuántos meses del primer año de gobierno, aún está por decantarse, cuando menos en el rumbo económico futuro que tomará la economía nacional, no obstante las decisiones aisladas que se han tomado: Disciplina fiscal; control del nivel de precios; contención salarial; tasas de interés, ligadas a las decisiones del Sistema de la Reserva Federal de EUA también conocido como Fed.

Lo cierto es que, ante la poca claridad de lo que es la Cuarta Transformación en la economía, lo que ya se ha presentado en estos primeros ocho meses del año, previo al primer informe de gobierno, es la atonía, clásica del primer año de Gobierno federal en México, muy parecido a 1971, cuando, después de formalmente concluido el llamado desarrollo estabilizador, se entró a la etapa del desarrollo compartido, a la postre conocido como populismo, que fue el antecedente de la entrada en vigor de las llamadas políticas neoliberales en 1982.

Como conclusión, con los pocos elementos de análisis que se han vertido aquí, queda claro que la Cuarta Transformación debe pasar del discurso a los hechos al mundo real. Y ese mundo real, en lo económico, pasa por definir el nuevo modelo de desarrollo económico que tendrá México, el cual, en el corto tiempo, debe surgir de las cenizas del obsoleto, por sus resultados, modelo de desarrollo económico neoliberal, tan criticado, pero aún no abandonado. De lo contrario, la atonía económica podría extenderse más allá de 2019 e inauguraría una nueva etapa de la economía mexicana.

*Director general de Divulgación Científica de la Universidad de Colima.

Print Friendly, PDF & Email
Sin Comentarios

Deje su Comentarios