COLUMNA: Comentario Económico

AMLO: economía mexicana a dos años de su triunfo electoral

Por José Manuel Orozco Plascencia

 El miércoles 1 de julio de 2020, se consumarán dos años del triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), Presidente de México desde el 1 de diciembre de 2018, quien ha cumplido muchos de los compromisos emanados de una ideología propia y de las diversas campañas electorales en las que participó, marcando un nuevo paradigma en el estilo de gobernar, en el manejo de los recursos públicos y en la visión que aplica sobre política exterior, además de conducirse con un discurso en beneficio de los más necesitados, canalizando hacia ellos, la mayor cantidad del presupuesto, lo que deberá impactar en la pacificación y en un escenario económico más equitativo, con menores indicios de corrupción y con un economía basada en el precepto de desarrollo y de justicia social ¿Qué es lo que ha ocurrido a casi 24 meses de los comicios?

AMLO mantiene una discusión álgida sobre los efectos del modelo económico neoliberal, buscando desterrarlo de las acciones de la agenda pública, sin embargo, los propósitos de su gobierno no han lucido, debido a los embates de la economía internacional, como la caída del crecimiento económico mundial, de los golpes generados por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, surgiendo en diciembre 2019 la pandemia global del coronavirus (Covid-19), cuyo consecuencia para abril de 2020 recrudeció las expectativas de incremento de la producción a escenarios negativos, al igual que los precios del barril del petróleo, del comportamiento de las bolsas de valores y de la reducción de los intercambios comerciales. Los grandes problemas económicos de México están asociados a las fragilidades del mercado global, por lo que urge redefinir los niveles de respuesta hacia una situación destinada a empeorar en el corto plazo.

El Gobierno de México tiene operando los programas y proyectos estratégicos que definió desde un inicio, la distribución de los recursos está llegando a los grupos vulnerables, estudiantes y obras públicas, dejando aún pendientes las estrategias para promover la ciencia, la educación superior y el aumento de la oferta de mano de obra calificada, factores indispensables para elevar la producción y la competitividad. En el país se habla poco del sector industrial, de cómo se afrontará la economía informal, el desempleo que está creando el Covid-19 por el cierre de empresas, el bajo nivel de consumo de la población y una táctica concreta para fortalecer el mercado interno y las microempresas. El debate permea en el tema fiscal, en la alta capacidad recaudatoria del estado, en la necesidad de evaluar los resultados de la inversión pública en programas sociales e infraestructura, de alcanzar un mayor federalismo hacendario para que las entidades federativas cuenten con más presupuesto y capacidad de maniobra.

La economía mexicana continúa vigorizando su desempeño, a través del cobro de impuestos, la producción petrolera, de electricidad, el turismo y las remesas unilaterales. Aunque son importantes dichas actividades, el comercio al por menor también juega un rol relevante para dinamizar la economía local y nacional, por lo que es fundamental su permanencia y sustento. Es decir, los motores del desarrollo no han cambiado, incluyendo un sector exportador dependiente de Estados Unidos, nación de la que México, se ha convertido en su primer socio comercial y con la que pondrá en marcha un renovado acuerdo de intercambio el 1 de julio. En conclusión, hay más dinero, pero no suficiente para los hogares y microempresas, sin tener aún cifras significativas de la reducción de la pobreza y de la inseguridad, teniendo una loza pesada por los pronósticos negativos de crecimiento económico, sin ser contundentes aún los esfuerzos del ejecutivo por transformar al país.

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